«Sale a la luz el pacto Ayuso-Cayetana para desestabilizar a Casado»

Los chats de la cúpula de Génova airean una maniobra contra el líder del PP que cuenta «con ayuda externa»

Los presidentes de Murcia, Fernando López Miras, de Andalucia, Juan Manuel Moreno Bonilla, de la comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, de Galicia, Alberto Núñez Feijoo y de Castilla y León, Alfonso Fernández Mañueco, durante el 16 Congreso Autonómico del PP andaluz
Los presidentes de Murcia, Fernando López Miras, de Andalucia, Juan Manuel Moreno Bonilla, de la comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, de Galicia, Alberto Núñez Feijoo y de Castilla y León, Alfonso Fernández Mañueco, durante el 16 Congreso Autonómico del PP andaluz FOTO: miguel angel molina EFE

Los chats internos dentro del equipo de Pablo Casado echaban fuego ayer. Por WhatsApp, entre dirigentes nacionales empezó a circular el mensaje «A la luz el pacto Ayuso-Cayetana para desestabilizar a Pablo». Una manera de extender, desde la cúpula, la idea de que hay una operación de desestabilización del liderazgo del partido, que, supuestamente, cuenta con «ayuda externa». Es también una manera de intentar poner un dique a las críticas dentro de la organización por la gestión de la crisis.

La rebelión de la diputada del PP Cayetana Álvarez de Toledo estalla de nuevo justo en el momento en el que ella necesita hacer campaña para dar publicidad a un libro en el que arremete contra Génova y contra todo aquel que no le haya seguido la corriente. La única voz que ayer apoyó a la diputada fue la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso.

Pero que no haya más voces, con mando, detrás de la diputada no resta relevancia al alcance del problema que para Casado supone esta aparente alianza de Ayuso y Álvarez de Toledo. El ruido tapa, además, su trabajo de oposición, y favorece a Vox porque tanto la presidenta como la diputada tienen el apoyo externo de voces con mucho predicamento entre el segmento de voto más a la derecha.

Casado sí puede respirar tranquilo en el plano orgánico. Por más que Álvarez de Toledo condene como «oficialistas» a quienes hablan del rechazo que provoca en el PP, la crítica es unánime, y se ha ido asentado desde la etapa de Rajoy. No tiene apoyo entre los dirigentes autonómicos y municipales ni tampoco en las bases porque no es un figura de partido. Y ahora, además, tiene a todo el grupo parlamentario en contra. Ayer puso voz a ese malestar Ana Beltrán, vicesecretaria de Organización, pero Casado sabe que el resto de la bancada se posicionará frente a Álvarez de Toledo en público si se les pregunta. Es una manera de meter presión para que abandone un escaño que creen que está utilizando en su beneficio personal y para dar alas a Vox y cortárselas a Casado. Génova no le pedirá formalmente el acta, pero la presión irá a más.

Cayetana Álvarez de Toledo no divide al PP ni abre corrientes de adhesión, pero sí divide la gestión del problema que ella representa. A nivel territorial dudan de que sea un acierto entrar en el «cuerpo a cuerpo» que ella busca para seguir alimentando su proyección. Sin el enfrentamiento con Génova, no existe porque no tienen ningún papel orgánico ni desempeña ninguna actividad en el grupo. «Cobra un sueldo y nada más».

Fuera de Madrid creen que en Génova se equivocan en su manera de gestionar el conflicto tanto con Ayuso como con Álvarez de Toledo. Sobre este segundo caso, plantean que crear víctimas en política nunca ha sido rentable. «Se aplica luz de gas, se ignora, se aguanta, se aburre y que se vaya». El problema es que el ataque apunta directamente contra la línea de flotación del liderazgo de Casado, y, aunque el presidente del PP ha ido asentándose en su cargo, todavía tiene puntos débiles que le exigen sobreactuar ante determinadas situaciones. «El que nace lechón, muere cochino», sentenciaba ayer un barón del PP para referirse a Álvarez de Toledo, «ahijada» política del ex presidente José María Aznar.

La rebelión de la diputada coincide con el Congreso del PP andaluz, terreno de batalla de otro de los frentes que se le han abierto a la dirección nacional. En este caso, por la fecha de las elecciones andaluzas y la presunta maniobra del ex de Cs Fran Hervías, a las órdenes hoy del secretario general del PP, Teodoro García Egea, en la operación para desestabilizar la coalición de gobierno en Andalucía entre populares y naranjas.

Los congresos regionales, planificados para exhibir unidad, se han convertido en plataforma desde la que el partido visualiza el enfrentamiento entre Génova y Sol. En el caso andaluz, también el pulso de Madrid con la dirección regional por el debate sobre la fecha electoral. Ayuso no coincidió en el cónclave ni con García Egea ni con Casado, y volvió a insistir en el mensaje de que lo lógico es que ella encabece el PP de Madrid y se responsabilice de la papeleta que ella misma representa. Tal y como está el patio, en el entorno de Ayuso apuntan al «fuego amigo» en la campaña contra su hermano por los contratos a su empresa. Y en Génova insisten también cada vez con más fuerza en la idea de que el pulso ha llegado a tal extremo que no hay más salida que se imponga la fuerza de la autoridad orgánica. «En esta pelea tiene que morir. O muere ella o Casado tiene que matar a García Egea».