Debate en el PP: «Pactar con Vox es dar a Sánchez otra foto de Colón»

Génova blinda el «no» a la coalición por ser una decisión histórica. Dirigentes nacionales avisan de que el votante no lo entenderá

Génova no quiere oficialmente la coalición con Vox. Coinciden en esto con otros barones, partidarios también de que Alfonso Fernández Mañueco sostenga el pulso al partido de Santiago Abascal hasta el punto de presentarse a la investidura sin tener un acuerdo cerrado, lo que obligaría a Vox a retratarse en esa votación. Hoy hay reunión del Comité Ejecutivo para valorar los resultados electorales del 13-F.

Ayer no celebraron ni siquiera el Comité de Dirección, por lo que no hay ninguna puesta en común de la estrategia. No obstante, el «mando» en Génova ha empezado a hacer circular el argumentario que justifica su posición y rebate a los que la cuestionan. «El pacto sería volver a darle a Sánchez otra foto de Colón. Ésta es una decisión histórica, en la que nos jugamos nuestra supervivencia».

Posibles pactos
Posibles pactos FOTO: Antonio Cruz

Este criterio, sin embargo, no coincide con el de otros dirigentes de primer nivel del partido, alguno de ellos, incluso, con responsabilidades directas en el equipo de Pablo Casado. Consideran que esta estrategia es un error que envía un mensaje al electorado del centroderecha que puede salirles caro.

La primera razón que esgrimen es que el granero popular no entiende que se estigmatice a Vox y a sus votantes: al contrario, «en líneas generales ven con buenos ojos el acuerdo y hasta la coalición». «Estamos asumiendo los prejuicios de la izquierda sobre un partido con votantes que siguen criterios más emocionales que racionales, y que, hagamos lo que hagamos, no van a cambiar de posición ni nos van a dar su apoyo».

La segunda razón se sostiene en la convicción de que Santiago Abascal «ha cambiado de pantalla» con respecto al proceso electoral de 2019, y, sin Ciudadanos (Cs) en la ecuación, ya no tiene pretexto para no asumir ante sus votantes responsabilidades de gobierno. «Llega un punto en el que no puedes hacer dejación de funciones. Vox sabe que le votan para que entre en las instituciones, y hacer malabarismos en base a cálculos para las generales puede perjudicarles. Irán antes a elecciones en Castilla y León que ceder porque tienen menos que perder que nosotros».

En Castilla y León está en juego la definición de la estrategia de pactos para todo el nuevo ciclo electoral. Tiene mucha trascendencia, por tanto, cómo quede el marco de relaciones entre PP y Vox porque llegará hasta las elecciones generales y puede condicionar el resultado de las mismas, al menos en el equilibrio de fuerzas entre estos dos partidos.

Por ello, en el PP hay voces que consideran que este domingo acertaron destacando la victoria del partido en las autonómicas, pero que también deberían haber dicho que leían el mandato de los votantes y que buscarían un acuerdo de estabilidad. «Nuestros votantes y los votantes de Vox no entienden que no seamos capaces de llegar a un acuerdo. Y nos los harán pagar», reflexiona un alto cargo del PP.

Por otra parte, la hipotésis de buscar alternativas a la suma con Vox está llena de riesgos, y la opción de la colaboración del PSOE la descartan. Además de que creen que esta última opción también podría perjudicarles en su competición con Vox. La supuesta investidura de Mañueco por la vía del pacto con varias siglas localistas tumbaría el relato de que se provocó el anticipo de las elecciones con el propósito de buscar un Gobierno con clara vocación de estabilidad: «La estabilidad no está en depender de un abanico de siglas localistas que funcionan como los nacionalistas, pero a nivel provincial».

Génova ha fijado posición con claridad, y se opone a la coalición con Vox en Castilla y León porque considera que es una decisión que, a la larga, perjudicaría al PP en la carrera hacia La Moncloa. Creen que a Pablo Casado le interesa llegar a esas elecciones sin la hipoteca de acuerdos de gobierno con Santiago Abascal que «blanqueen» a este partido y hagan que el electorado del centro derecha interiorice que da igual votar a cualquiera de las dos siglas.

En otro orden de cosas, el 13-F ha reabierto la pugna sobre el congreso del PP de Madrid. Aquí Génova también cree que el resultado electoral no debe pesar en su decisión de mantener el pulso a Isabel Díaz Ayuso por el control de la organización regional. Por eso el mensaje de que «se acabaron los críticos», en lo que se interpreta como una velada alusión a la presidenta. Desde el Gobierno regional ayer dieron otro paso al frente y volvieron a pedir que se celebre cuanto antes el cónclave en el que se debe elegir al presidente del partido y a la nueva dirección.

Ésta es una batalla orgánica en la que Génova tiene perdida la batalla de la comunicación, pero esto no les importa. «Las decisiones orgánicas no pueden estar sometidas al criterio de la popularidad en la calle».

En el partido también hay serias dudas sobre la conveniencia de agitar de nuevo esta guerra interna justo en un momento en el que el resultado del 13-F refuerza más a aAyuso que a Casado.