Toni Bolaño

Un superdomingo en 2023

Ahora las relaciones entre PSOE y Podemos no pasan por su mejor momento

El presidente del Gobierno,Pedro Sánchez, ya se planteó una vez hacer el «superdomingo». Era 2019 y en el Ejecutivo trabajaron con la hipótesis de convocar elecciones generales haciéndolas coincidir con europeas, municipales y autonómicas. Al final, se dio un paso atrás por la «foto de Colón» y se adelantaron al mes de abril. Sánchez ganó contra casi todos los pronósticos, pero al final no hubo nuevo Ejecutivo. Podemos no sólo se frustró al no poder dar la puntilla al PSOE con un «sorpasso», sino que la inquina entre ambos partidos llevó a una repetición electoral. Ya entonces tantoPablo Iglesias como Pedro Sánchez sabían que estaban condenados a entenderse y alcanzaron en noviembre un pacto en 24 horas, aunque lo cierto es que Iván Redondo llevaba trabajando un borrador de coalición desde el mes de mayo. Solo así se fraguó el milagro y la izquierda formó el primer gobierno de coalición en España.

Ahora las relaciones entre PSOE y Podemos no pasan por su mejor momento. O mejor dicho, las relaciones internas en el seno de Podemos y también en Izquierda Unida, y las relaciones de ambos con Yolanda Díaz son manifiestamente mejorables. Sin embargo, el Gobierno de coalición no se rompe porque todos los protagonistas saben que sin la fórmula de la coalición no hay gobierno de izquierdas.

Por eso, las posibilidades de adelanto electoral por una ruptura, una implosión apuntaba el diputado vasco, Aitor Esteban, que nunca da puntada sin hilo, son remotas, pero esto no es la única variable. El escenario de guerra, de crisis económica profunda, la resaca de la pandemia, el ascenso de Feijóo al liderazgo del PP, la tensión con Cataluña ahora amansada pero que no ha desaparecido, los precios energéticos, una inflación desbocada al 12% como apuntaba la pasada semana y un constreñimiento del crecimiento que del 7% podría quedarse en un escuálido 4,5%.

El único que puede convocarlas es el presidente, y a Pedro Sánchez no le tiembla el pulso. Se cayeron los presupuestos y convocó elecciones cogiendo con el paso cambiado a sus adversarios. No fraguó la coalición y las volvió a convocar aunque todos los números que se barajaban en Moncloa era que alguna pluma se iba a perder. Sánchez obvió los malos augurios y por convicción las convocó porque el PSOE no podía aguantar un desprecio más por parte de Podemos. Por tanto, ahora puede hacer lo mismo.

El presidente sabe de sobra que unas elecciones generales son un revulsivo para la izquierda que se comporta de una forma más anodina en autonómicas y municipales. Los datos demoscópicos apuntan que la izquierda, sobre todo el PSOE, en generales consigue entre un 4% y un 6% más. Por tanto, se abre en este punto otra carpeta: las elecciones andaluzas. ¿Por qué no hacerlas coincidir? Las encuestas dan una amplia victoria a Moreno Bonilla pero el PSOE se mantiene en los baremos logrados por Susana Díaz, en autonómicas. Si coincidieran con las generales, el PSOE podría mejorar sus resultados autonómicos y ganaría en las generales. No sería un mal plan.

Sin embargo, tal y como está el patio, hacer predicciones es una entelequia. Otra cosa es que Aitor Esteban haya lanzado la liebre. Ayer revivió un debate que siempre está ahí y que aparece como el Guadiana. Hasta Sánchez tuvo que decir que no adelantaría elecciones por la crisis del PP. Hubiera sido un mal negocio porque el PP está herido, pero no muerto. Nadie sabe lo que pasará pero les aseguro que en Moncloa se están haciendo números y está posibilidad está encima de la mesa. La incógnita a resolver es ¿es una buena idea un superdomingo?

La demoscopia puede dar pistas pero lo endemoniado de la situación geopolítica y económica hace pensar que es preferible no adelantar acontecimientos. La ecuación no está resuelta ni se resolverá en poco tiempo, pero téngalo en cuenta, la pregunta está ahí.