Sánchez resetea el Gobierno: giro a la izquierda para resurgir

El presidente anuncia una subida de impuestos a los bancos y a las grandes eléctricas para repartir las cargas derivadas de la inflación

Más que un debate sobre el estado de la nación, Pedro Sánchez pronunció ayer un discurso de investidura. En un momento de máxima debilidad, el presidente del Gobierno ha dado un volantazo, un giro a la izquierda para resurgir, para espolear un espacio progresista aletargado y para dotar de un «horizonte de futuro a la legislatura». «Queda mucho por hacer», resumen en Moncloa. Ante el relato construido por la oposición de que el mandato ha colapsado, Sánchez buscó insuflar oxígeno a los suyos y a sus socios –asumiendo algunas de las iniciativas por las que Podemos llevaba tiempo pujando– para recoser la coalición. «Son medidas muy ambiciosas, medidas que van a cohesionar al Gobierno», señalan fuentes gubernamentales.

Entre ellas, las más significativas y que buscan ese rearme ideológico, están las orientadas a un reparto justo de las cargas económicas, derivadas de la alta inflación. Esto se traduce en un impuesto sobre los beneficios de las empresas energéticas (eléctricas, gasistas y petroleras), que ya se había anticipado cuando se presentó el segundo paquete anticrisis y con el que prevén recaudar al menos 2.000 millones de euros al año.

Y otro adicional, este sí es una novedad y supone –además– superar las resistencias que había mantenido hasta ahora la parte socialista del Ejecutivo, un impuesto excepcional a las grandes entidades financieras, los bancos que se están empezando a beneficiar de la subida de tipos. Estará en vigor durante dos años y calcula el Gobierno que permitirá recuperar 1.500 millones de euros anualmente. «Los ‘sobrebeneficios’ no caen del cielo, salen del bolsillo de los consumidores que pagan los recibos», señaló.

También, el Ejecutivo bonificará el 100% de los abonos de varios viajes para los trenes de servicio público de cercanías, rodalies y media distancia operados por Renfe. Serán gratuitos durante cuatro meses, desde septiembre hasta el 31 de diciembre. Asimismo, se pondrá en marcha una beca de 100 euros mensuales para todos los estudiantes mayores de 16 años que ya disfrutan de una beca. Estiman que la recibirán cerca de un millón de alumnos, entre septiembre y diciembre.

En Moncloa dan máxima trascendencia a un debate que conciben como un punto de inflexión. «Vamos a por todas», dijo Sánchez. En su entorno anticipan que, en lo que resta hasta las elecciones, se priorizará la política nacional –después de una agenda más orientada en lo internacional– con un trasfondo «muy ideológico», en el que se proyecte un «Gobierno comprometido» ante la sociedad. En este contexto, se entienden unas «medidas que van a amortiguar el impacto de la crisis» y también el tono que Sánchez exhibió durante su intervención.

Sin triunfalismos; sin presumir de la agenda legislativa desplegada, salvo para contraponer sus recetas a las del PP en la gestión de la crisis, y hablando directamente a los ciudadanos. «Es un discurso muy trabajado, con empatía, en primera persona y dirigido a la mayoría social», resaltan desde el Ejecutivo. «Los españoles no quieren oírnos hablar de lo que hemos hecho bien, quieren que nos centremos en lo que está mal y les expliquemos lo que estamos haciendo para solucionarlo», dijo Sánchez durante su intervención.

Esta es la gran asignatura pendiente y el principal reto al que se enfrenta el Gobierno, además de la inflación, darle la vuelta a la opinión pública en un contexto de pesimismo y crisis económica. Después de las sucesivas derrotas electorales, en Moncloa son plenamente conscientes de que sus mensajes no llegan a la calle y que Sánchez tiene una importante crisis reputacional. El presidente trató de paliar esta sensación, asegurando comprender «la angustia, la frustración y el enfado de todos, porque también es el mío, me hago cargo del estado de ánimo de la gente», aseguró. Sánchez no puso paños calientes y desde el inicio de su intervención puso el foco sobre el gran problema y la gran preocupación: la inflación. Una lacra que está suponiendo una dificultad añadida para la vida cotidiana de los españoles.

Frente a esta realidad, el presidente encuadró la situación en el contexto internacional y confrontó, a modo de metáfora, los diagnósticos de los «curanderos» que buscan aplicar «soluciones falsas, engañosas e injustas» con la de los médicos especialistas. «Nadie puede acabar con la inflación de la noche a la mañana (…) No crean a quienes afirman que puede solventarse de un plumazo», advirtió. En este punto, Sánchez, confrontó su modelo de respuesta a la crisis con el del PP que «cargó todos los sacrificios sobre los más débiles y los más indefensos» y se lamentó de que los populares no quisieran desvelar si apoyarán o no el paquete de medidas avanzado en su discurso.

En Moncloa señalan que el PP ha intentado desvirtuar el debate desde el inicio, intentando rebajar el perfil institucional, focalizándolo en la ausencia de Alberto Núñez Feijóo como orador o centrando los mensajes en ETA y el terrorismo. Fuentes gubernamentales creen que al PP le sorprendieron los anuncios de Sánchez y que no fueron capaces de reaccionar. La satisfacción en el Ejecutivo por la primera jornada del debate sobre el estado de la nación es total.