El Gobierno justifica su acuerdo con ERC para rechazar acercarse al PP: «Tenemos un pacto con ellos. Ya lo sabéis»

Feijóo emplaza a Sánchez a censurarse a sí mismo tras la sentencia de los ERE

El curso político se cierra con dos radiografías opuestas de la situación económica que se nos echará encima a partir de septiembre. Y con la certificación de que en este complejo contexto el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, no quiere ni oír hablar de acuerdos fuera de su mayoría de investidura. Las conversaciones discretas que han mantenido hasta ahora el Ejecutivo y el principal partido de la oposición han chocado todas con el mismo muro, el problema del pacto con ERC, según fuentes solventes.

«Tenemos un pacto con ERC. Ya lo sabéis». Verbalizado más o menos con estas palabras, pero así es como han concluido todos los intentos de diálogo que en el ámbito privado han intercambiado Gobierno y principal partido de la oposición, en distintos niveles, en estos últimos meses. Y es el mismo muro contra el que chocó también el último amago de negociación para la renovación del Poder Judicial.

Por otra parte, Gobierno y oposición despiden el curso político con dos análisis enfrentados del futuro económico, y quién tenga razón decidirá muy posiblemente el resultados de las elecciones generales, que, salvo incidente no esperado en el camino, se celebrarán cuando venza la legislatura, y no antes.

En el equipo económico de Sánchez están convencidos de que no habrá embargo de gas por parte de Rusia, y de que España aguantará el otoño y el invierno con un buen nivel de crecimiento de empleo, con Presupuestos, aprobados con la mayoría de investidura, y con la «bala» que se guardan, el impulso de los fondos europeos y el gasto derivado de las excelentes cifras de recaudación. Aquello de que el Gobierno «se está forrando» de Alberto Núñez Feijóo. Moncloa desprende optimismo sobre el futuro, no hay catástrofe económica y conseguirán la remontada que necesitan para sumar la misma mayoría que hoy sostiene a Sánchez en Moncloa.

El diagnóstico económico del PP es justo el opuesto. No ya el que sirve de eje de su discurso público, y al que la izquierda tacha de «catastrofista», sino el que manejan en los informes sobre los que trabaja la dirección, y que les llegan de distintos ámbitos dentro del grupo de asesores externos en el que se apoya Feijóo.

El PP pronostica un fin de año de carestía en las familias. Con una factura energética desbordada, sin que baje la inflación, y sin que el empleo sirva para calmar el malestar social creciente.

El presidente del PP repasó ayer, mes a mes, lo fracasos del Gobierno de Sánchez. En clave de partido, simplemente apuntó que el PP ha salido fortalecido en tiempo récord de la crisis que se llevó por delante a la anterior dirección, presidida por Pablo Casado. Feijóo no se recreó en adjetivos ni en sonantes palabras y optó por un relato descriptivo de las decisiones y polémicas en las que se ha visto envuelto el Gobierno de coalición durante este año. Para concluir invitando de nuevo a Sánchez a que vuelva a la centralidad porque «estamos ahí si decide moverse». Las dos prioridades de su Gobierno serán recuperar la economía y el prestigio de las instituciones.

El líder popular acusó a Sánchez de conceder al separatismo barra libre para actuar contra el Estado, después de los acuerdos alcanzados ayer en la mesa de diálogo entre Moncloa y Generalitat. Sin admitir preguntas de los medios, sí reconoció que a Sánchez le ha tocado lidiar con problemas graves de los que no es responsable, como la pandemia o los efectos económicos de la guerra de Ucrania. Pero también apuntó a sus responsabilidades directas en la tardía respuesta a la emergencia de la pandemia o en minimizar las consecuencias del conflicto en Ucrania o de la inflación.

Otro eje discursivo fue su denuncia de la división que percibe en el Gobierno de coalición, entre el PSOE y Unidas Podemos, y también entre la vicepresidenta, Yolanda Díaz, y Podemos. «España no puede avanzar con un Ejecutivo distraído en peleas intestinas». Frente a esto, el PP exhibe su unidad interna, nacional, y también territorial, desde el relevo en Génova. La decisión del nuevo equipo de respetar la autonomía de los territorios para tomar sus decisiones, y la autoridad que reconocen a Feijóo, ha puesto fin a una situación de desgaste de las estructuras que limitaba la capacidad de crecimiento del partido. Eso sí, la autonomía se debe ajustar a la directriz principal que impone Génova en cuanto al objetivo de mantener la unidad y primar los intereses del conjunto sobre los intereses personales. Esto se está reflejando en los congresos regionales que quedaron pendientes de la etapa de Casado, los más conflictivos, y en los que Génova trabaja previamente, antes de convocarlos, para que se celebren siempre en una situación de consenso. Así ha pasado, por ejemplo, en Extremadura. Y en ese proceso están en La Rioja, donde, en todo caso, la solución de consenso no pasa por el nombre de la secretaria general y ex alcaldesa de Logroño, Cuca Gamarra. Feijóo la mantendrá en sus responsabilidades nacionales, en Génova y en el Grupo Parlamentario.

Las candidaturas de las elecciones autonómicas y municipales serán la prioridad de los partidos en septiembre. Y en estas elecciones, previas a las generales, se medirá a nivel nacional el choque de los discursos económicos entre Gobierno y principal partido de la oposición.

El PP puede encontrarse también con un otoño en el que el Gobierno intente explotar contra ellos la baza ideológica y la división que algunas cuestiones provocan dentro de la organización popular, y que, además, incomodan en la relación entre PP y Vox. Pero la situación económica puede llevarse por delante todos los demás debates políticos.