El 1-O deja patente la división del separatismo: Puigdemont solo congrega a 11.000 personas

El expresident congrega a muy poca gente y se arroga la representación del separatismo y exige a Aragonès la desobediencia

Miembros del CDR Girona portan una pancarta que dice "cinco años de una gran estafa. Políticos de mierda" durante una manifestación con motivo del quinto aniversario del referéndum del 1-O.
Miembros del CDR Girona portan una pancarta que dice "cinco años de una gran estafa. Políticos de mierda" durante una manifestación con motivo del quinto aniversario del referéndum del 1-O. FOTO: Glòria Sánchez Europa Press

Carles Puigdemont se presentó en el quinto aniversario del 1 de octubre como el presidente “legítimo”. El público entregado al grito de “presidente, presidente”. Menos de los que el de Waterloo esperaba. Apenas 11.000 personas según la Guardia Urbana. Los convocantes 60.000. No se atrevieron a más. Las diferencias en el independentismo se vieron desde el primer momento. La expresidenta del Parlament, Carme Forcadell, inauguró el acto entre abucheos e insultos. Le sucedió lo mismo al presidente de Òmnium o al presidente de la Asociación de Municipios por la Independencia. El segundo de ERC y el primero mantiene una línea que no comulga con la de la Asamblea Nacional Catalana y cuando pidió unidad y abandonar las tensiones del pasado fue increpado.

Las aguas las empezó a agitar la presidenta de la ANC, Dolors Feliu, pidiendo elecciones y anunciando que la ANC impulsará una “lista cívica” al margen de los partidos. Puigdemont cogió el guante y se erigió en líder del movimiento independentista afirmando que “si no se avanza en la línea del 1-O, el Consell tiene la obligación de ponerse delante”. El Consell de la República es un organismo que preside el propio Puigdemont y al que ERC, y Aragonés, no le reconocen autoridad porque consideran que esa autoridad es la del presidente de la Generalitat. Puigdemont se lo dejó claro a su sucesor “mientras se gobierna la autonomía se prepara la independencia”. O sea, que Aragonés se dedique a la rutina de gobernar que Puigdemont se encargará de la épica.

Fue el último aviso a Pere Aragonés. Antes, el líder de líderes, le lanzó varias puyas “a la única mesa a la que hay que atarse es a la Mesa de Diálogo entre nosotros, a esa deberíamos encadenarnos”, apuntando directamente a la línea discursiva de ERC; “el referéndum ya es válido y no hace falta volver a hacerlo. ya hemos votado”, afeando a Aragonés su pretensión de hacer una nueva consulta; “los votos que hoy permiten gobernar Catalunya vienen del desbordamiento democrático, por lo tanto toca que los que están en las instituciones se pongan al servicio de las personas que les han elegido, que ya toca”, clara alusión a que Aragonés abandone toda estrategia que no pase por forzar al Estado porque “no descolocaremos al Estado con buen gobierno y con buenas leyes”.

Puigdemont dio una receta etérea para reafirmar su estrategia de confrontación, nacida, según él, del referéndum de hace cinco años que además era legal, que se sustenta en el “desbordamiento democrático permanente”, sin apuntar más que este desbordamiento lo debe dirigir el Consell de la República.

La división independentista estuvo presente durante todo el acto. La que fuera presidenta del Parlament, Carme Forcadell, fue la primera en intervenir entre abucheos, insultos mezclados con tímidos aplausos. Forcadell afirmó que el 1-0 fue “la derrota del Estado” y Puigdemont le contestó de forma indirecta “que las victorias sepan ganar”. La expresidenta del Parlament pasó un mal rato en el atril del escenario. Casi no consiguió aplausos cuando reivindicó las leyes del 6 y 7 de septiembre que para ella “no conculcaron los derechos” de la oposición, y cosechó una sonora pitada cuando deseó la vuelta de Puigdemont “trabajemos para hacerlo posible” y cuando defendió una estrategia común y “dejemos ya de pelarnos”.

Minutos antes en la Plaza Sant Jaume los gritos de “Aragonés dimisión” y carteles de botifler indicaban que la manifestación era contra ERC y contra el presidente. En el Arco del Triunfo la misma tónica. El gobierno está dividido y casi a punto de romperse. Ayer se vio que el independentismo también. Y no parece estar a mano una solución. Para evitar males mayores, Aragonés no estuvo presente en ninguno de los dos actos y lanzó un mensaje institucional para sustituir al acto previsto que fue desconvocado por la situación del ejecutivo.