Álvarez de Toledo rompe el PP catalán con sus «excesos de divismo»

Las pésimas perspectivas electorales en Cataluña preocupan en el partido

Las pésimas perspectivas electorales en Cataluña preocupan en el partido.

Pablo Casado prima la «aznarización» de la campaña por la influencia de los afines al ex presidente. El marianismo sin Rajoy no era una opción. Las pésimas perspectivas electorales del PP en Cataluña preocupan notablemente dentro del partido en esta campaña de generales. La situación tampoco es buena en el País Vasco ni en Navarra, donde se presentan en coalición con UPN y Ciudadanos. En Andalucía el PP también teme la movilización de la izquierda y la fuerte implantación de Vox que se consolida en las encuestas. Cataluña y Andalucía son dos feudos claves por los escaños que aportan al Congreso de los Diputados.

Pablo Casado se concentra en una campaña muy personalista, con mucho acto sectorial en vez de grandes mítines que han quedado relegados a un segundo plano, como ocurrió también en las últimas campañas de Mariano Rajoy. Pero la sombra de la «mano» de José María Aznar en la estrategia crece a medida que avanza el calendario. Si sale bien, los resultados silenciarán las críticas y el distanciamiento con Madrid. Pero si el 28 de abril el PP no recibe buenas noticias en las urnas, Casado tendrá que gestionar una campaña autonómica y municipal con el rechazo de buena parte de su poder territorial a la «aznarización» de la estrategia electoral del partido. Su ventaja es la misma que la de Pedro Sánchez, que están tan cerca unos comicios de los otros que los dirigentes territoriales no tienen apenas margen de reacción.

Singularmente llamativo es el caso de Cataluña, donde el partido es una olla a presión desde el aterrizaje de Cayetana Álvarez de Toledo como «cabeza de lista» por Barcelona. El PP viene de un estado de depresión heredado de las últimas autonómicas, en las que se quedaron sin grupo parlamentario en la Cámara catalana. No había referencia ni en las personas ni en los mensajes. A nivel nacional presumen de su «tirón» y de que tenga presencia en medios. «No teníamos nada, y, por tanto, todo es ganar terreno. Todo está tan mal que es difícil empeorarlo y al menos Cayetana propone algo diferente. Si saca tres o cuatro escaños será un rotundo éxito, pero no lo tiene fácil», se escucha en Génova.

La visión de la organización catalana, y la que llega de otras sedes regionales, es bastante distinta. En el PP catalán se quejan de que «la colaboradora de Aznar en FAES» haya llegado como «un elefante», con «excesos de divismo» y asumiendo un protagonismo que desmerece el trabajo del resto de cargos autóctonos. «Álvarez de Toledo y Aznar son una misma cosa, y Cayetana es ofrecer algo muy parecido a Arrimadas, pero sin ser de aquí». El perfil que está dando a la campaña, «con vida propia» al margen del partido catalán, molesta dentro del PP de allí y sorprende fuera de Cataluña. Casado participará con ella en un acto de campaña.

Precisamente, Casado ofrece una conferencia en Madrid presentada por el economista Manuel Pizarro. El líder popular se está rodeando de perfiles próximos también a Aznar, al PP «más puro», de donde come Vox, o dicho de otra manera, al que menos tiene que ver con la etapa de Rajoy. Por más que verbalicen oficialmente lo contrario en la dirección nacional, los hechos desmienten que haya un equilibrio y la misma suma del «aznarismo» y del «marianismo». Y aunque en Génova apostaban a favor de que Casado marcase un perfil propio sin tutelas de nadie, han sido los estudios demoscópicos y el seguimiento del avance de Vox los que han acabado imponiendo el guion de la estrategia. Y la propia elección de Casado y la influencia de su «mano derecha», su jefe de Gabinete.

Con el «marianismo» fuera de la estrategia y sin representación en la campaña, Aznar ha encontrado en la reubicacion de algunos de sus colaboradores en la «fontanería» de Génova la oportunidad para influir en mensajes y decisiones internas después del largo destierro desde el Congreso del PP de 2008, en el que Rajoy consiguió levantarse de su segunda derrota en unas generales desvinculándose de toda huella del «aznarismo». La lectura puede ser ésta o también a la inversa. Que Casado sabe que dentro de su partido hay ganas de salir del agujero, y muchas prisas. La intención de voto estaba bajo mínimos cuando la moción de censura, con una caída constante e ilimitada durante los 18 meses anteriores, y no es fácil separarte de lo anterior sin tomar otra referencia. El «marianismo» sin Rajoy no era un opción, sentencian en la dirección nacional del PP.