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Boicot independentista a la visita de Felipe VI a Barcelona y al Mobile World Congress

Grupos secesionistas radicales planean cortar las vías desde el aeropuerto al Palau el próximo domingo para evitar la presencia de Su Majestad y dañar la imagen del congreso más importante del año en Barcelona

Felipe VI, durante la manifestación contra los atentados de Barcelona el pasado mes de agosto.
Felipe VI, durante la manifestación contra los atentados de Barcelona el pasado mes de agosto.larazon

Grupos secesionistas radicales planean cortar las vías desde el aeropuerto al Palau el próximo domingo para evitar la presencia de Su Majestad y dañar la imagen del congreso más importante del año en Barcelona.

Grupos independentistas catalanes de carácter radical, como los Comités de Defensa de la República (CDR), planean promover actos de boicot a la visita de Su Majestad el Rey a Barcelona el próximo día 25, con motivo de la inauguración del Mobile World Congress (MWC), según han informado a la RAZÓN fuentes competentes.

Aunque de momento se han limitado a proponer que se rodee el Palau de la Música con lazos y cintas de color amarillo (para pedir la libertad de los presos independentistas), se sabe que tienen en mente actos de más envergadura.

Será en el Palau, a partir de las 19:00 horas, cuando tenga lugar el acto inaugural del Congreso, con una cena oficial, a la que asistirá el Jefe del Estado. Los independentistas han hecho circular por la red un mensaje en el animan a mostrar el rechazo al Jefe del Estado y a «exigir la libertad de los presos políticos. Entre dichos planes, según las citadas fuentes consultadas por este periódico, figuran los de cortar todas las vías que conducen desde el aeropuerto al Palau (los extremistas dan por hecho que el Rey realizará el viaje desde Madrid en avión).

Ante estas movilizaciones, siempre cabe la posibilidad de que el Jefe del Estado se traslade en helicóptero hasta un punto concreto y, desde allí, a la sede inaugural.

Además, durante la presencia del Monarca en la Ciudad Condal, se reforzarán, como es habitual, todas las medidas para preservar el orden público, en las que participarán integrantes de las tres Fuerzas de Seguridad que operan en Cataluña: los Mossos d’Esquadra, el Cuerpo Nacional de Policía y la Guardia Civil.

Los radicales independentistas saben que sus planes están llamados al fracaso pero se guían por el lema de «cuanto peor, mejor», aún a sabiendas de que la continuidad de la celebración del referido congreso en Barcelona está pendiente de un hilo.

Cualquier conjunto de algaradas que afecten a las miles de personas que van a asistir a este evento supondrá su traslado a otra ciudad europea, con lo que ello supondrá de daño económico para la Ciudad Condal.

Los CDR,de cuya reconversión en «defensores de la república» informó este periódico en primicia, se están haciendo (a la sombra de la CUP, pero superándola también) con el control del independetismo radical, muy por delante de la labor que puedan realizar ANC y Omnium, cuyos dirigentes están la cárcel.

Los CDR, con un trabajo diario casi portal a portal, en los barrios que les son más favorables para continuar con los más hostiles, utilizan la máxima de que «si no estás conmigo, estás contra mí» y «marcan» en cada bloque a los que considera elementos «fascistas y españolistas». No han inventado nada que no haya utilizado el comunismo y el estalinismo en otras naciones, pero dentro de una estrategia de colocar a Cataluña en una mala situación económica y social, en la que ellos puedan pescar «en río revuelto», no dudan en seguir esta tácticas para amedrentar al contrario y hacerle la vida imposible.

El viaje del Jefe del Estado a Barcelona, para apoyar un evento que beneficia a todos los catalanes y a su economía, se presenta para estos individuos como una ocasión única para hacer valer sus fuerzas y tratar de transmitir a los visitantes extranjeros que se encuentran en una parte de España privada de libertades y en la que se ha producido un «golpe de Estado». Una actitud muy diferente a la que han mantenido las plataformas Tabarnia y Sociedad Civil Catalana, que han optado por cambiar al 4 de marzo el día de la manifestación organizada para el mismo día en que llegaba el Jefe del Estado a Barcelona, para no perjudicar al congreso tecnológico más importante de España, y que aspira a generar 471 millones de euros. Una concentración masiva a favor de la unidad hubiera proyectado una imagen de coyuntura y inestabilidad nada conveniente para proyectar en el exterior. Precisamente, lo que los soberanistas se encargarán de transmitir. Recientemente, durante la presentación oficial del evento, el GSMA –patronal organizadora del Congreso– advirtió de que seguirá manteniendo la sede en Barcelona a cambio deque se den las condiciones necesarias, lo que resumieron en «un clima político estable y seguro». De no ser así, la ciudad condal dejaría de ser el escenario que aporta, entre otras cosas, 13.000 empleos temporales, y romperse el acuerdo sellado, en un principio, hasta 2023.

Un daño irreparable

Felipe VI es muy consciente de la importancia de que el Congreso transcurra con normalidad, ya que fue testigo partícipe de cómo Barcelona perdió la oportunidad de ser la sede del Banco del Medicamento debido a, entre otros motivos, la imagen de inestabilidad generada por la ofensiva independentista. Unas pérdidas que la ciudad no puede permitirse, si además se valora que 3.208 compañías han «huido» de la comunidad.

La última vez que el jefe del Estado estuvo en Barcelona fue el pasado mes de agosto, con motivo de los atentados yihadistas acaecidos en la capital catalana y en Cambrils. Don Felipe también ya sabe lo que es ser «rechazado» por la sociedad independentista, ya que fue abucheado y pitado en la manifestación a la que se sumó en repulsa a los atentados. Aquel gesto no fue el único, ya que días antes acudió con Doña Letizia a visitar a los niños en los hospitales y desde el Gobierno se les acusó de publicar imágenes de los menores sin consentimiento de las familias, lo que no era cierto, ya que, tal y como reaccionaron desde la Casa del Rey, sí habían contado con él. Un regreso cargado de contenido, ya que el último mensaje de Don Felipe grabado en el cerebro de los secesionistas fue el del 3 de octubre, en el que apeló al orden constitucional tras la «inadmisible deslealtad» de la Generalitat.