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Colau aprovecha la llegada de refugiados para pedir más dinero

El director de Proactiva Open Arms denuncia la política de la UE tras el desembarco en Barcelona de los inmigrantes rescatados

  • El Open Arms navegó 4 días para dejar a los migrantes en tierra firma en vez de uno por la política italiana y maltesa / Efe
    El Open Arms navegó 4 días para dejar a los migrantes en tierra firma en vez de uno por la política italiana y maltesa / Efe

Tiempo de lectura 4 min.

05 de julio de 2018. 12:12h

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Montse Espanyol.  5/7/2018

La alegría es ruido, música y decibelios. Y cantando y bailando entró ayer en el puerto de Barcelona la tripulación del Open Arms con las 60 personas que rescataron frente a las costas de Libia hace cuatro días, 50 hombres, cinco mujeres y cinco menores, tres no acompañados. Pese al cansancio. Pese a las terribles historias que ha vivido cada una hasta llegar a un puerto seguro. Porque «podrían estar muertos, pero están vivos», recordó Òscar Camps, «alma mater» de la ONG Proactiva Open Arms al llegar a tierra. Para compartir la emoción que se vivía en la cubierta, el capitán del barco, dio dos «bocinazos». Y algunas embarcaciones que se habían acercado a recibirlos, como se hacía con reyes y príncipes cuando existían los piratas, respondieron.

El jaleo que había dentro del Open Arms a las 11.00 horas de la mañana, hora de llegada al puerto de Barcelona, contrastaba con el silencio en el muelle de Ponent, donde decenas de medios de comunicación esperaban el desembarco. En este muelle, cerca del rompeolas, cuando el mar está calmado, reina el silencio. La llegada del Open Arms ilustra y recuerda que la vida está hecha de contrastes: el ruido y el silencio, el barco del Open Arms atracando a pocos metros de un despampanante crucero, la alegría de sentirse vivos de los 60 inmigrantes rescatados y la tristeza de no haber podido salvar más vidas de Camps y su equipo, la vida y la muerte.

En los cuatro días que el Open Arms ha tardado en llegar a Barcelona desde las aguas donde rescataron a este grupo de náufragos, a 33 millas de la costa Libia, 340 personas han fallecido en su intento de cruzar el Mediterráneo, denunció Camps. El raudal de emociones que sintió ayer el director de Proactiva Open Arms resume este universo de contrastes. «¡Qué sensación tan agradable volver a casa!», exclamó cuando el barco de la organización con los 60 inmigrantes a bordo enfiló la bocana del puerto de Barcelona. Pero una vez en tierra firme no pudo evitar pensar en las personas que no ha logrado rescatar porque Italia y Malta no les dejan atracar en sus puertos. «¡Qué tristeza tan grande saber que ayer murieron 63 personas más. Llevamos sólo 60 personas y podríamos haber salvado a 270 más», recordó.

Camps esperó a denunciar la política migratoria de Mateo Salvini y de la Unión Europea, en una comparecencia a media tarde junto a la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau; el secretario de Inmigración de la Generalitat, Oriol Amoròs y los cuatro eurodiputados que iban en el Open Arms. En el puerto, los protagonistas eran los inmigrantes rescatados. Estaban vivos. Unos repetían «merci, merci», cuando el equipo médico de Sanidad Exterior subió a bordo para comprobar que no hubiera ninguna persona enferma que tuviera que ser trasladada a un hospital. El chequeo salió bien. Después de los médicos, la Policía Nacional tomó el relevo para efectuar los trámites de filiación. Entre los inmigrantes hay 14 nacionalidades: ocho palestinos, ocho de Sudán del Sur, tres de Malí, cinco sirios, uno de Burkina Fasso, otro de Costa de Marfil, cuatro eritreos, ocho egipcios, tres de República Centroafricana, dos de Camerún, dos etíopes, seis libios, ocho de Bangladesh y un guineano. Pascale Coissard, portavoz de la Comisión de Ayuda al Refugiado, contó que la mitad procede de países en conflicto con un «claro perfil» para pedir asilo.

Tras estos dos trámites, llegó el turno de la Cruz Roja, que será quien seguirá ofreciéndoles asistencia en los centros donde han sido trasladados. Los hombres que viajan solos están en la residencia Blume de Esplugues de Llobregat, un espacio donde durante el curso viven y estudian deportistas. Las mujeres con hijos y las dos familias están en equipamientos de los servicios sociales de Barcelona y Manresa, pero no se ha especificado el nombre para preservar su intimidad. De los menores no acompañados se encarga la Generalitat.

Cruz Roja repartió in situ 60 kits de ropa y 30 pares de zapatos. Aunque su principal fue rebajar su incertidumbre y su ansia tras tantos días de travesía y ofrecerles información básica sobre los primeros pasos administrativos que deben seguir, explicó el jefe de la unidad de emergencias de Cruz Roja española, Íñigo Vila. Mientras daba estas cifras, recibió una llamada en la que le informaban de que en la playa de Bolonia, en Tarifa, acababa de llegar una patera con 15 menores no acompañados. Sólo en junio han llegado 4.867 personas, ocho veces el Aquarius, en el que iban 630 inmigrantes. En 2017, llegaron a las costas españolas, 24.000 migrantes y en lo que va de año ya van 16.000. En los últimos 20 días, Barcelona ha recibido 670 personas que vienen de Andalucía tras cruzar el estrecho.

«En el mar, no hay inmigrantes, hay navegantes o náufragos. Son vidas en peligro», recordó Camps, tras denunciar la política migratoria de Salvini y la complicidad de Europa. Recordó que el Open Arms llegó a Barcelona con la nevera vacía, que la ley dice que tras un rescate hay que ir al puerto seguro más cercano, pero que Italia y Malta los rechazaron y que navegar 750 millas es insostenible. Y lamentó que en estos cuatro días de ida más los cuatro de vuelta morirán centenares de personas. «¿Nos hemos vuelto locos?», exclamó.

Ada Colau reclamó cambios: «Si Open Arms ha podido salvar miles de vidas, la UE podría evitar que nadie muriera».

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