División de opiniones

Los afectados por las preferentes tuvieron ayer competencia: la de los jóvenes de Nuevas Generaciones

Jóvenes de Nuevas Generaciones de Castilla-La Mancha acudieron a Madrid a mostrar su respaldo a Cospedal, a quien jalearon a su llegada a la Audiencia Nacional
Jóvenes de Nuevas Generaciones de Castilla-La Mancha acudieron a Madrid a mostrar su respaldo a Cospedal, a quien jalearon a su llegada a la Audiencia Nacional

MADRID- Como cualquier ciudadano que acude a un tribunal citado por un juez, María Dolores de Cospedal comprobó ayer nada más poner un pie en la Audiencia Nacional que los tiempos de la Justicia se rigen por otros parámetros. Media hora antes, la número dos del PP entró en el tribunal entre una confusión de abucheos y aplausos. Esta vez, los afectados por las preferentes tuvieron que competir, para hacerse oír, con un grupo de jóvenes de Nuevas Generaciones del PP que llegaron en tren desde Castilla-La Mancha para jalear a su presidenta. Cospedal debió notar ese apoyo, porque se volvió y regaló una media sonrisa a los fotógrafos del tendido (más de sol que nunca), salpicado de sombrillas y carteles pidiendo su dimisión.

El imprevisto, esta vez, era una comparecencia de un detenido sobre el que pesaba una orden de entrega. Cospedal, como antes Cascos y Arenas, esperó en un despacho. Tres cuartos de hora después de la hora fijada para el comienzo de su declaración, la secretaria general del PP entró en la sala de vistas. Durante su comparecencia, se mostró firme y serena. No trajo ninguna documentación, pero vino preparada por si tenía que revisar alguna. «Durante todo el rato no dejó de ponerse y quitarse unas gafas para ver de cerca», aseguraron fuentes presentes en la declaración. Según esas mismas fuentes, la Fiscalía apenas hizo «tres o cuatro preguntas» a la testigo. Más incisivo se mostró el nuevo abogado del ex tesorero Álvaro Lapuerta, Cristóbal Martell, quien tras escuchar a Cospedal y a sus dos antecesores contar al juez que era el responsable de Tesorería del partido, y no ellos, quien controlaba las donaciones, decidió dar un paso al frente. El letrado –en quien Messi ha confiado sus problemas con Hacienda– preguntó a la número dos del partido si, al margen de quien tuviera esa responsabilidad, el partido no realizaba auditorías internas para supervisar, entre otras cosas, la legalidad de las donaciones.

Mientras, fuera los ánimos se caldeaban entre partidarios y detractores de Cospedal, separados por varias generaciones, hasta el punto de que el cruce de reproches entre unos y otros derivó en algún que otro forcejeo. Los turistas despistados que, ocasionalmente pasaban por la zona, no entendían nada. La presencia policial era notoria. Ocho furgones se repartían a uno y otro lado de la calle Prim y para acceder a esta vía había que sortear al menos dos controles (el primero, en la calle Conde de Xiquena, con una decena de agentes de la unidad de antidisturbios).

La salida de Cospedal de la Audiencia alborotó de nuevo a la concurrencia. Ella, inmutable a los insultos de los «yayoflautas», sonrió y musitó un «muy bien» cuando los periodistas le preguntaron por el trance judicial.