El circo del histriónico Beiras

MADRID– Se ha creado su propio personaje en la función que protagoniza desde el escaño del parlamento gallego. Hace política a golpe de impacto, busca la foto; aunque el portavoz parlamentario de Alternativa Galega de Esquerda (AGE), Xose Manuel Beiras, prefiere decir que es su manera de «acercarse a la calle». Con su intrépida y basta dialéctica trata de ser el ariete de la oposición. Modula, actúa y sorprende. Declama y gesticula aun cuando no tiene el turno de palabra. Sus insultos le han servido para ser expulsado del plenario en más de una ocasión; hasta llegó a ser sancionado sin derechos parlamentarios por ellos. «No me voy, salgo a fumar», dice cuando advierte de que le van a expulsar del pleno.

Adopta un discurso antisistema evitando admitir que lleva casi 40 años en política, cobrando del sistema. Mientras alardeaba de que sus principales ingresos procedían de su sueldo como catedrático, sus ex alumnos llenaban las webs quejándose de un Beiras ausente que no pisaba las aulas.

El pasado miércoles, al levantarse de su asiento se dirigió desafiante al presidente de la Xunta y golpeó la mesa de su escaño. El telón de fondo lo puso el bronco debate que enfrentó a Feijóo con la oposición por las fotos con el narcotraficante Marcial Dorado. Ayer mismo Beiras se refirió a Feijóo «enarca-narco presidente».

Pero el puñetazo de Beiras no es nuevo, hay parodias que ya tiene ensayadas. Al urbano estudiante de la Sorbona de París no le quedó otra que hacerse entender a golpes el 10 de marzo de 1993. Entonces, se quitó el zapato y le sacó lustre al escaño al estilo Khruschev para ser oído ante su desacuerdo por la iniciativa del PP de modificar la legislación del Parlamento.

En 1992, durante el debate del estado autonómico, el entonces líder del BNG se encaró a un Manuel Fraga, al que insultó y amenazó delante de su escaño. El Beiras que irónizó durante años y descalificó al líder gallego por estar en política a determinada edad y por llorar en público es el mismo que ahora se emociona en la tribuna a la vez que increpa a Feijóo a sus 77 años. Calificó a Fraga de «energúmeno», «majadero», «terminator y exterminador». «Le quemaría», llegó a decir. El libro de «Fraga y Galicia», de Pilar Falcón, en 2001, cuenta cómo, en vísperas de unos comicios gallegos, difundió desde Argentina el rumor de que Fraga tenía cáncer. El médico que había operado al entonces presidente gallego de una hernia le censuró: «Es una bellaquería que no voy a permitir ni tolerar».

Con camisa y pantalón de lino, trata de ser el referente del nacionalismo y la izquierda en Galicia. Ha recibido en sus dependencias del Parlamento, en la actual legislatura, a personas relacionadas con grupos radicales violentos, como Resistencia Galega, y se ha negado a condenar sus acciones. Además, abrazó efusivamente a las personas que en un reciente Pleno amenazaron al presidente de la Xunta mientras una diputada de su formación aplaudía efusivamente.

No era ni candidato cuando ya buscaba a Feijóo: «No existe en gallego ese apellido a no ser que sea abichuela en castellano».

Cuando la presidenta de la cámara le llamó al orden en un pleno Beiras respondió: «Bastante favor hago aguantando que digan estas cosas que se dicen aquí». Si algo no le gusta abandona el pleno, hace aspavientos, zarandea papeles a pie de pista o se cubre la cabeza con un pañuelo. Llegó a montar bronca porque no le gustaba la sonrisa de un diputado del PP. El dramaturgo Beiras hace del Parlamento gallego su espectáculo. Eso si decide ir...

LOS OTROS «BEIRAZOS»

Vive en Galicia, en un pazo restaurado donde acumula obras de arte y toca el piano. Licenciado en Derecho por la Universidad de Santiago de Compostela, cursó estudios de Economía en la Sorbona de París. Sin embargo dice que está al lado de los pobres y justifica los escraches a los políticos. Cuando se le preguntan si esos acosos se volvieran contra él entonces serían «actitudes fascistas».

Una de sus palabras fetiches es «nazinecios» y «franquismo», y la saca a colación siempre que puede. De su trayectoria como parlamentario sólo se le conocen excentricidades. Durante la última campaña autonómica, desde su formación incidieron en la necesidad de limitar las prestaciones de los diputados, pero nada más llegar al Parlamento enfureció porque quería más y mejores despachos. Se mostró contrario a reducir los sueldos de los diputados, era reacio a presentar su declaración de bienes y se tomó recientemente dos semanas de vacaciones.