Política

El correo del Zar

Pedro Sánchez
Pedro Sánchez

Escribía Stendhal que «el mejor modelo de estilo literario es un artículo del Código Penal francés que reza: al condenado a muerte se le seccionará la cabeza». Eso se entiende, y quienes relataron la revolución francesa de 1789 no necesitaron explicar el mecanismo del doctor Guillotin, era un cirujano que prefirió morir de carbunco antes que de su propia medicina. En España están instalados corresponsales que ni usando el estilo de nuestras leyes penales logran explicar a sus audiencias la pirotecnia política que se prende en Moncloa. Es el sufrimiento del corresponsal ante idiosincrasias ajenas a su cultura, como el de aquel periodista estadounidense empeñado en equiparar el peronismo al Partido Demócrata de su país. Y es que hay sucesos que no entienden ni sus protagonistas, aunque cabe la malicia de que Puigdemont se esté manejando muy bien con la desinformación en tiempos de posverdad. Pedro Sánchez puede utilizar a quien le plazca como Miguel Strogoff, el correo del Zar, pero es complejo explicar por qué se sirve de Pablo Iglesias para transmitirle nada al lehendakari. Quizá Iglesias opere por su cuenta, y le ampara su derecho. Sánchez no puede aparejar una merienda con los políticos presos en Cataluña o con los prófugos reclamados por la Justicia, pero si les envía un correveidile será para saber qué quieren. Ya conocemos el peaje exigido: que el Gobierno dicte al Fiscal General del Estado el sobreseimiento de todas sus causas en el supuesto de que no se rompa la cadena de mando de la Fiscalía. Y después, referéndum de autodeterminación. Si Sánchez no matiza, Iglesias y Podemos están ejerciendo de monje negro de la Presidencia. Pobres corresponsales.