Política

El PP apuesta por una vía de colaboración con Vox

Génova apuesta por abrir una vía de colaboración con el partido de Abascal, mientras organizaciones territoriales endurecen su discurso contra el líder de Vox

Génova apuesta por abrir una vía de colaboración con el partido de Abascal, mientras organizaciones territoriales endurecen su discurso contra el líder de Vox.

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Las elecciones dejan también cambios importantes en el reparto de fuerzas en la oposición. Ciudadanos (Cs) pasa a ser un partido no decisivo, hasta el punto de que, salvo que se hagan piruetas en la negociación sobre el reparto de fuerzas en el órgano de gobierno del Congreso, los de la formación naranja se quedarán fuera de la Mesa de la Cámara Baja, donde se deciden la agenda y todas las cuestiones sobre el funcionamiento del Parlamento y la tramitación de iniciativas. Todo un símbolo de por dónde va a pivotar la nueva oposición. PP y Vox no suman, y sus relaciones serán complicadas. El PP tendrá que gestionar las tensiones con el partido de Abascal, que se instalará en marcar la diferencia con todos, también, y especialmente, con los populares. Y, al mismo tiempo, tendrá que administrar el debate interno sobre su estrategia para responder al nuevo contexto. Todos los miércoles, por ejemplo, Santiago Abascal hará una pregunta al presidente del Gobierno ante el Pleno del Congreso junto con Pablo Casado, en la que se cuidará mucho de meter su agenda.

Una de las primeras decisiones de la nueva legislatura será, precisamente, la composición de la Mesa del Congreso ante la constitución de las nuevas Cortes Generales. La izquierda agitará el fantasma de la «extrema derecha», pero tiene muy complicado de explicar que con su porcentaje de votos y de escaños Vox se quede fuera de la misma. Ya han empezado las presiones con la idea de que debe haber un pacto que les deje fuera, a costa de forzar la introducción de Ciudadanos, 52 diputados contra 10: ésa es la realidad y sería muy difícil de justificar, aunque nunca se sabe en este contexto de fragmentación.

Simplemente aplicando los usos, tras la votación del presidente del Congreso hay otras dos votaciones, una para cuatro vicepresidentes y otra para los cuatro secretarios. Con los 52 escaños de Vox el cálculo aritmético dice que sin pactos en la sombra que quiebren la proporcionalidad, muy arriesgados con este reparto, lo lógico es que Vox tenga uno o dos representantes. En este esquema: el PSOE, 3; Podemos, 2; PP, 2; y entonces Vox, otros 2. PSOE y Podemos suman juntos 155, lo que dividido en tres partes deja 51 escaños para cada una. Vox alcanza los 52 diputados. La negociación, no obstante, aún no se ha abierto.

Génova apuesta por abrir una vía de diálogo y colaboración con Vox. «Sin sometimientos», precisan, pero dentro del respeto a un partido que tiene 52 escaños y al que deben tratar con «mano izquierda», aunque solo sea por interés electoral. Consideran que no les conviene la política de agresión porque el objetivo es extender a la formación verde la OPA que ya han aplicado sobre Ciudadanos para avanzar en la operación de reunificación del centro derecha. En la legislatura frustrada en septiembre con la disolución de las Cortes Generales el PP libró con Ciudadanos el combate dentro de su bloque ideológico, y no le fue mal porque al final consiguieron que Albert Rivera se quedara prácticamente sin un discurso diferenciado. Pero competir por igualar en discurso con Vox es una operación arriesgada y condenada al fracaso, como reconocen no solo en las estructuras territoriales sino también en la cúpula popular.

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Relación de no agresión

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No obstante, en los matices es donde muchas veces está lo importante, y a pesar de que esta última afirmación es compartida con bastante consenso dentro de la organización popular, la solución para tratar el problema no es la misma. La dirección nacional considera que con Vox deben mantener una relación de no agresión, en la que con perseverancia vayan comiendo el terreno a su mensaje sin asimilarlo, pero tampoco demonizándolo porque esto frustraría el regreso de esa parte del voto de la derecha que ha sido captado por Vox. El líder de Vox confesó ayer en esRadio que en la noche electoral había hablado con el presidente del PP, Pablo Casado, y que habían quedado en reunirse en los próximos días.

En paralelo, sin embargo, desde algunas organizaciones territoriales han roto ya con la uniformidad del argumentario de campaña para endurecer con contundencia la oposición a Vox. Como ejemplo, el PP vasco, donde Borja Sémper, portavoz popular en el Parlamento Vasco, marcó la agenda con las declaraciones realizadas ayer a Susanna Griso en «Espejo Público», en las que subrayó las distancias que debe mantener el PP con respecto al «nacional populismo» de Vox y acusó a sus dirigentes de ser vendedores de «crece pelos».

Sus críticas las comparten otros destacados «barones», quienes también creen que el PP no debe abandonar su posición moderada tras la campaña por la presión por la derecha de Abascal.

Este debate estratégico está congelado a la espera de ver cómo termina la negociación del PSOE con Unidas Podemos para formar un Gobierno de coalición, y, sobre todo, si consigue los apoyos parlamentarios necesarios, que incluyen a ERC y Bildu para que prospere en primera o en segunda votación. Pero si la legislatura echa a andas sobre esos mimbres, será una cuestión que marque la acción política del principal partido de la oposición. El PP está presionado por Vox después de que en las elecciones triunfaran los extremos, debilitando al Gobierno y a la oposición. Casado y Abascal se llevan bien en lo personal. Tienen una buena relación de la etapa en la que el hoy líder de Vox estaba en el PP. Y en Génova se fían de él, a diferencia de lo que opinan de otros dirigentes de Vox de primera línea.

En esRadio, Abascal se adelantó ayer y tomó la iniciativa de devolverle al PP el abrazo del oso que éste intentó en campaña con la coalición España Suma, que los de Vox rechazaron. Abascal explicó que su partido y el PP tienen posiciones muy diferentes, lo que impide esa unión, pero sí abrió la puerta a la unidad de acción en comunidades en las que los populares han perdido representación, como País Vasco o Cataluña. La absorción del PP vasco del que él procede, por ejemplo.