España

¿Es VOX ultra? Lo comparamos con los partidos de Orban, Trump, Le Pen, Salvini o Gauland

Sociólogos y politólogos desvinculan la ideología de Abascal de la de Le Pen, Orban o Trump; pero, ¿qué les une?

Sociólogos y politólogos desvinculan la ideología de Abascal de la de Le Pen, Orban o Trump; pero, ¿qué les une?

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La irrupción de VOX en las elecciones andaluzas ha pulverizado la peculiaridad que nuestro país ostentaba frente a la práctica totalidad de los países de nuestro entorno: la derecha populista que gobierna en Roma y condiciona la política de buena parte de las capitales europeas era desconocida en España. Desde el 2 de diciembre esto ya no es así y la «inteligentzia» progresista aún no se ha recuperado del golpe. Ahora bien , ¿es pertinente la etiqueta «ultra» o incluso el apelativo «fascista» para definir a un fenómeno político como la formación presidida por Santiago Abascal? «No creo que VOX sea un partido fascista. Se trata de un estereotipo sin fundamento». Así de rotunda es la opinión del sociólogo Amando de Miguel. Para este experto hay una característica común a todos los movimientos de ideología fascista que han existido desde la aparición de este fenómeno el siglo pasado: la violencia. Para De Miguel, este rasgo está ausente en VOX y es más: «No solo no son violentos, sino que son objeto de ataques violentos», especifica en alusión a las concentraciones contra el partido que se produjeron después de que el líder de Podemos, Pablo Iglesias, llamara a la «resistencia antifascista» tras el resultado que arrojaron las urnas en las elecciones andaluzas. «VOX es un partido españolista. Y de derechas, eso está claro. Es una formación que considera importante respetar los símbolos de la nación, algo que solo en España es considerado de derechas, ya que en Francia hasta el partido comunista está orgulloso de la bandera tricolor», explica el sociólogo poco antes de recordar que el respeto a los símbolos nacionales es algo que «debería haber correspondido al PP o a Ciudadanos, pero es algo que no han hecho y, por ello, han creado un hueco que es el que ha llenado VOX». Preguntado por qué es así, el experto contesta sin ambages que tanto PP como Ciudadanos son víctimas de «complejos de inferioridad frente a los separatistas o a la izquierda», y prueba de ello es que nadie haya logrado que la enseñanza pública pueda recibirse en español en Cataluña.

Cruce de acusaciones

Pero no solo en lo político sino también en lo social y en lo económico es donde se han de buscar las causas del ascenso de los populismos en Europa, y ahora también en España. El jurista, ensayista y filántropo Antonio Garrigues Walker es de esta opinión y así lo deja claro cuando explica a LA RAZÓN que las causas son «muy profundas y es dificil ofrecer una situación alternativa clara y atractiva». Garrigues recuerda que, incluso, la extrema derecha ha calado en los países nórdicos, en los que la situación económica es mucho más positiva que en los países del sur de Europa. Garrigues, desde la perspectiva del liberalismo clásico, se muestra crítico ante el fenómeno del auge de la derecha populista. Y porque es crítico se permite un ejercicio de autocrítica: «Yo saco la conclusión de que si queremos encontrar culpables tenemos que empezar a aceptar nuestra propia culpabilidad en el sentido de que a los populismos no se les vence descalificándolos. Con ello lo que se consigue es acelerarlos y potenciarlos. En cambio, lo que no hay en el mundo occidental en su conjunto es una oferta alternativa sensata para resolver los problemas que tiene la sociedad», asevera. Parte del problema para este experto es que, por ejemplo, Donald Trump no ofrece soluciones reales a los problemas, pero utiliza un lenguaje que cala en determinados sectores desencantados de la sociedad. «Si queremos echar la culpa a ellos», continúa, «podemos seguir haciéndolo, pero algún tipo de responsabilidad también tenemos nosotros. Y no solamente me refiero al estamento político, sino a la sociedad civil, que debe también empezar a funcionar y a decir cosas que tengan un mínimo de sensatez». De la misma opinión es el politólogo Vladislav Inozemtsev, doctor en Economía, profesor e investigador en el Instituto Polaco de Estudios Avanzados de Varsovia, capital de un país que no necesita leer la Prensa extranjera para conocer el efecto de un gobierno de derecha populista. Sabedor de este fenómeno, Inozemtsev insiste en alertar que uno de los más eficaces vectores de crecimiento que ha tenido la derecha populista han sido precisamente las críticas que han recibido desde el bando liberal, empecinado en desestimar la corriente de desencanto con la democracia tal y como se ha entendido desde el final de la Segunda Guerra Mundial en Europa. «Los políticos», aconseja este experto, «deben aceptar que sus sociedades han de ser gobernadas según criterios realista y no por puros principios humanistas. El auge de la derecha populista en Europa no será detenido hasta que la crisis migratoria se resuelva en el sentido en el que, o bien se reduzca, o bien sus consecuencias económicas sean explicadas y entendidas por la gente».

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Sobre este particular, la crisis migratoria, también se pronuncia Amando de Miguel. Aunque siempre se señala el desafío soberanista en Cataluña y la cuestionable manera que tuvo de gestionarlo el Gobierno del PP, para este sociólogo, el auge de VOX está directamente relacionado con el fenómeno de la inmigración, y los resultados de las andaluzas confirman esta idea. «Si observamos cuáles son los municipios, concretamente de Almería, donde más extranjeros residen, coincide con los municipios donde VOX ha cosechados sus mejores resultados. Hay muchas personas humildes y de izquierdas que ven en esto una amenaza porque aumenta la inseguridad y su reacción es votar a la opción política que perciben que les van a proteger». Para De Miguel, este es un argumento más para considerar que la etiqueta «fascista» está mal aplicada a VOX: «Almería es donde menos voto clientelar del PSOE hay. Es la región más pobre y es la que más votos tiene del PP y de VOX». Es más, según este analista, nada puede beneficiar más a Santiago Abascal y al partido que preside que el que sigan arreciando los ataques por parte de la izquierda y del centro derecha urbano en el sentido de tildarles de «ultraderecha». «Esta imagen estereotipada les beneficia. Les dota de una publicidad inmensa y gratuita. Seguirán subiendo gracias a ello», alerta. Y en realidad, si algo prueba el ascenso de Trump durante las presidenciales de 2016 y el de Salvini desde que es ministro del Interior (y Bolsonaro, Le Pen, etc...) es que la derecha populista se nutre de la perplejidad y de los ataques indiscriminados de los medios de comunicación liberales. Y entonces... ¿qué hacer? ¿No será necesario que la política cambie de paradigma para que la «antipolítica» se quede sin argumentos?

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Incapacidad de diálogo

A esta conclusión parece apuntar el análisis de Antonio Garrigues: «El estamento político español tiene un problema: su incapacidad para el diálogo. En España no ha habido coaliciones electorales desde hace mucho tiempo. Aquí todo consiste en ver quién discrepa mejor que el otro. Quién lanza más pullas. Más sarcasmos. Más insultos hirientes a los demás». El descrédito de la clase política en España es un hecho incontrovertible que cada barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas viene a confirmar. Tal es así que la mayoría de los españoles lo consideran el segundo mayor problema que tiene nuestro país, solo por detrás del paro. ¿Cómo no ver en esta circunstancia la razón que se esconde tras la proliferación de fenómenos no solo como VOX, sino también de Podemos? Sin embargo, para Garrigues existen motivos para el optimismo: «Este tipo de funcionamiento tiene que ceder, y yo creo que lo está haciendo. Se empieza a detectar en el estamento político que la credibilidad está bajando a límites mínimos y que para poder mejorarlo tienen que comportarse de otra manera».

Radiografía de la UE más radical

Suecia ha sido el último país de la UE en demostrar el empuje de la extrema derecha en unas elecciones generales. El partido Demócratas de Suecia registró en septiembre el crecimiento en cinco puntos porcentuales respecto a los comicios anteriores. El año pasado, Le Pen consiguió el apoyo de más de diez millones de franceses en la segunda vuelta de las presidenciales. En Austria, el FPÖ se hizo con el 26% y su líder, Sebastian Kurz, es el actual canciller. En Polonia, Ley y Justicia rozó el 40% hace dos años y en Hungría, en 2015, Jobbik alcanzó el 19%.

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Viktor Orban. Hungría. Fidesz

El Parlamento Europeo votó en septiembre a favor de la moción para activar un procedimiento punitivo contra Hungría por incumplir las reglas democráticas, que culminaría con la pérdida del derecho de voto en el Consejo. Orban, el héroe de la extrema derecha y del euroescepticismo, lo tachó de «caza de brujas». Entre las medidas del líder húngaro están la negativa a acoger refugiados. Sin embargo, su éxito en las urnas sigue imparable y en abril su partido consiguió el 49% de los votos.

Donald Trump. Estados Unidos. Partido Republicano

Hablar de ultraderecha en el caso de Trump resulta tan fácil como equivocado. Atribuir a su mefistofélico exasesor, Steve Bannon, auténtico escriba del pensamiento «trumpitiano», los rasgos ideológicos de aquellos movimientos de los años treinta del siglo XX, provoca que los analistas desemboquen en un callejón ciego. Aún así, no hay poder, del legislativo al judicial, que no haya sufrido las deyecciones continuas de un presidente que luce el de haber amenazado a varios editores y periodistas. Muy preocupante, informa J. Valdeón

Marine Le Pen. Francia. Agrupación Nacional

Fue la iniciativa del movimiento neo-fascista Ordre Nouveau que pretendía reunir a toda la extrema derecha. En los 80 se estructuró en torno a los temas de la inmigración, la inseguridad y contra la integración europea . La derrota de Jean-Marie Le Pen en 2002 frente a Chirac, con solo 18% de votos, les llevó a emprender una operación de «desdiabolización» para atraer a otros votantes. El año pasado, Marine llegó a la segunda vuelta de las presidenciales, informa A. Serena

Santiago Abascal. España. Vox

Durante 15 años perteneció al Partido Popular y desempeñó diversos cargos tanto internos como en las instituciones. Abascal abandonó el PP por considerar que había abandonado los ideales que siempre lo habían definido. En 2006 creó la Fundación para la Defensa de la Nación Española y desde 2014 se dedica exclusivamente a VOX. Los 12 escaños logrados en las andaluzas le han convertido en uno de los actores políticos decisivos en España.

Matteo Salvini. Italia. Liga

En Italia, la irrupción de la extrema derecha la protagonizó la Liga de Matteo Salvini, hoy vicepresidente del Gobierno. Declaró su inspiración en Le Pen para abandonar el federalismo propio de la antigua Liga Norte –hoy se llama solo Liga– y convertirse en un partido nacional soberanista. De esta forma, pasó de un 4% en las elecciones de 2013 al 17% de este año, mientras que los actuales sondeos elevan su proyección de voto por encima del 30%, informa I. Monzón

Alexander Gauland. Alemania. AFD

La política de puertas abiertas instaurada por Merkel en 2015 y la consiguiente llegada de más de un millón de refugiados a Alemania fue el impulso que llevó a los ultraderechistas de Alternativa para Alemania (AfD) a entrar en todos los parlamentos regionales y a situarse como principal fuerza opositora en el Bundestag. Atrás queda ese partido que trató principalmente de aglutinar el voto euroescéptico. La AfD capitalizó el descontento de muchos alemanes, informa R. G. Del Barrio