«No es cuestión de estética, sino de seguridad»

Los comerciantes de Las Ramblas apuestan por blindar el bulevar mientras que los taxistas creen que unas barreras no impedirán otro ataque

Mientras la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, insiste en que no quiere llenar de «barreras» la ciudad, los unos y los otros se echan, sutilmente, las culpas.

La furgoneta entró desde la calle Pelayo, se subió a la acera en la parte alta de Las Ramblas, en Plaza de Cataluña, y desde ahí comenzó a acelerar «hasta los 90 kilómetros por hora», según los testigos. No encontró obstáculos a su paso. Sólo viandantes a los que el terrorista embistió sin escrúpulos. ¿Dónde estaban los Mossos en ese momento? ¿Por qué no se habían instalado elementos arquitectónicos que hubieran impedido la entrada del vehículo? Éstas son las preguntas que ahora se plantean los vecinos de Las Ramblas, que temen que esto pueda volver a ocurrir. Atentados como el de Niza o el del mercadillo de Berlín han servido para que otras grandes ciudades como Madrid revisen sus planes de seguridad. Pero Xavier Porcuna, portavoz de los Mossos, optó por no hacer caso de una circular de Interior que recomendaba instalar bolardos en lugares sensibles ya que no existía una «amenaza concreta».

Ahora, mientras la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, insiste en que no quiere llenar de «barreras» la ciudad, los unos y los otros se echan, sutilmente, las culpas. «No es cuestión de barreras, sino de seguridad. Tampoco de estética, lo que queremos es sentirnos seguros, y si para ello hay que blindar Las Ramblas, que lo hagan. Hasta que no ocurren desgracias como éstas, los políticos no hacen nada», afirma enfadada Jennifer a LA RAZÓN. Esta dependienta de 25 años, que lleva trabajando en el mismo local de bebidas de frutas desde hace tres años, explica que normalmente hay «dos ‘‘lecheras’’ apostadas siempre en la entrada a Las Ramblas por la calle Pelayo y otra en la punta opuesta», pero que aquel día no estaban. «Ahora han puesto otro furgón de los Mossos en la acera, pero esto es algo temporal, hay que pensar a largo plazo y creo que deben tomárselo en serio», añade.

No es de la misma opinión Juan, que lleva al volante de un taxi desde hace 28 años. «Si los malos quieren hacer de las suyas lo harán de cualquier modo. Los bolardos en la entrada de Las Ramblas no harían nada porque un coche podría colarse por cualquier otro hueco. Lo que se debe hacer es reforzar la vigilancia, poner a más Mossos. Ésa es la clave, no instalar jardineras y cosas de ésas». Más preciso es José, que trabaja en unos de los puestos del bulevar y que vio en primera persona todo lo que ocurrió. «Lo que hay que hacer es cortar el tráfico en esta zona. Sellarla y que sólo entren peatones», afirma todavía en estado de «shock» por todo lo que vio el jueves pasado. «Aun así, si quieren matar a gente lo harán con cuchillos y metralletas», replica un tocayo que regenta uno de los kioscos de de la calle. «Bueno, pues para eso habrá que buscar otra solución, pero para que no lo hagan con los coches, lo mejor sería no dejar circular a nadie», responde.

Prohibir el acceso de vehículos sería un golpe para los taxistas y por eso, Antonia, que conoce bien esta zona, dice que habría quejas por parte de los hoteles, ya que los clientes no podrían acceder a las puertas principales. «Ahora se hacen cortes parciales en días puntuales, o bien de subida o de bajada. Yo creo que es suficiente. La clave es reforzar con patrullas la zona», apunta. «Habría que realizar una reforma completa de los accesos, para no perjudicar a nadie. Redirigir el tráfico y bloquear determinados puntos», añade Manuel, que aunque lleva con el taxi menos de un año conoce bien el barrio. «Yo lo que no me explico es cómo la gente puede seguir caminando por esta calle con lo reciente que está todo. Vi en directo cómo ocurrió todo. La cuestión es que un bolardo más o menos no habría evitado nada. Fíjese en los laterales de Las Ramblas, si alguien quiere atentar, con montarse en una de las aceras laterales es suficiente. Yo no estoy aquí para pensar cómo solucionar los problemas, son los políticos y los expertos los que deben hacerlo. Eso sí, unas macetas no harán nada», asevera Jennifer, que trabaja en una tienda de gafas y que confiesa que tras el ataque, incluso el día después del atentado, ha hecho más caja que cualquier otro día. «Vienen muchos curiosos, eso no me gusta, pero bueno, para el negocio es bueno», apunta.

En medio de esta polémica, el próximo miércoles se reunirá la junta local de seguridad para analizar las necesidades, evaluar los posibles errores y dar una solución a unos ciudadanos que exigen más protección.