«No soy el mismo. Estoy hecho polvo y vivo con miedo»

Uno de los presos españoles indultados por Marruecos relata a LA RAZÓN su experiencia en la cárcel de Tánger

«¿Sabe usted lo que es pasar diez meses en una cárcel aquí, cómo se sufre? Uno ya no es la misma persona que cuando entró. Es como ese animal que tiene miedo a la gente... Psicológicamente estoy hecho polvo. Vivo con miedo y llevo mucha cosa en la cabeza». Es el testimonio de uno de los 48 presos españoles indultados por Mohamed VI el pasado 30 de julio, coincidiendo con la visita del Rey Don Juan Carlos a Marruecos. El ya ex recluso, que prefiere que se omita su nombre, ha narrado a LA RAZÓN cómo fue su estancia en la cárcel de Tánger, de la que salieron otros 12 indultados.

Pasó diez meses entre los muros de la prisión, tras ser condenado por ocultar 65 kilos de hachís en su coche, algo que él niega. Vive en España pero es hispano marroquí y en una visita a Marruecos tuvo un accidente de coche, que le obligó a dejarlo allí para que se lo arreglasen. Volvió a España pero, como no tenía noticias del vehículo, decidió ir al reino alauí a recuperarlo. En el barco, le informaron de que había «un problema» con su coche y le cogieron el pasaporte. «La Policía me dijo «vamos a ir a la comisaría del puerto» y yo todavía no sabía qué pasaba», añade, antes de relatar que de ahí le llevaron a una comisaría más grande, en la que le tomaron los datos y pasó 48 horas en «la cueva».

De acuerdo con el ex reo, sólo entonces le explicaron de qué le acusaban y él insistía: «No sé nada de esto, yo he venido únicamente para recuperar mi coche. Si yo supiese algo, no ponía la pierna en Marruecos». El juez tampoco creyó, o no quiso creer, su versión y lo mandó a la cárcel de Tánger.

Los primeros cinco meses entre sus muros los pasó en una de las peores zonas. Según recuerda, en las celdas convivían 20 presos de toda clase y condición: «Había todo tipo de locos, violadores...». Todos ellos pasaban 21 horas al día en un habitáculo de apenas diez metros cuadrados, en el que compartían un agujero a modo de letrina y un grifo a media altura para lavarse malamente. Para no dormir directamente sobre el duro suelo, el ex preso consiguió comprar tres mantas a un drogadicto a cambio de tabaco.

La segunda mitad de su estancia discurrió en una zona algo mejor, en la que había algunos somieres sin colchones y, para acomodarse sobre uno de ellos, logró hacerse con una manta más.

Cada día, todos los presos tenían un recreo de hora y media por la mañana y otro de la misma duración por la tarde. Entonces, los españoles de la misma zona de la prisión aprovechaban para reunirse. «Empecé a ser conocido porque hablaba árabe y defendía a los colegas que estaban ahí de los otros», asevera el indultado.

Ayuda del Consulado

Según sus estimaciones, en toda la cárcel debía de haber una treintena de españoles y, a diferencia de otros extranjeros, tenían una ayuda del Gobierno. «Gracias a Dios somos los únicos extranjeros que, en la cárcel, tenemos una ayuda de nuestro Gobierno, de 100 euros mensuales. Puedes partirlo en dos, para comprar dentro y fuera», relata.

Cuando solicitaban productos al Consulado se reunían durante algún patio en un cuarto a esperar su pedido. «Nos reunimos todos los españoles que hay en la cárcel y allí hablamos de nuestros problemas, mientras esperamos a que nos traigan la compra que hacemos», explica el ex reo.

Precisamente en ese cuarto conoció, al poco tiempo de llegar, a Antonio García Vidriel, un camionero español que permanece en la prisión pese a que está enfermo y a que muchas voces han pedido su indulto o, al menos, su traslado a España.

Todos esperaban que el rey de Marruecos acordase su indulto, después del éxito de una campaña de firmas en su favor impulsada por la plataforma Presos Marruecos que incluso despertó el interés de Don Juan Carlos, pero no fue así. El director del la prisión de Tánger citó a los trece elegidos y éstos se apresuraron a preguntarle: «¿Por qué nosotros?». De acuerdo con el indultado consultado por este periódico, éste fue franco y les dijo: «Sois la gente que nunca habéis tenido problemas aquí, que tenéis buena conducta».

Los presos que abandonaron la cárcel de Tánger eran tres hispano marroquíes y diez españoles y todos ellos habían acabado allí por problemas de distinta envergadura relacionados con el tráfico de drogas. Entre ellos sólo había una mujer, a la que habían encontrado con 40 kilos de hachís en la aduana y habían condenado a cuatro años de cárcel, de los que había cumplido seis meses.

Según destaca el ex recluso, a él y a los otros indultados con doble nacionalidad les dieron la oportunidad de irse directamente, mientras que al resto les dijeron que les llevarían en barco a España. Sin embargo, él decidió volver también. Al entrar fue requerido por la Justicia porque, al estar en Marruecos, no había ido a un juicio por un tema con su pareja. «Pasé la noche en un cinco estrellas en España, en el calabozo», bromea con sus problemas ya resueltos.

125 españoles, aún en Marruecos

A pesar de que el rey Mohamed VI indultó a 48 españoles presos en Marruecos el pasado 30 de julio, tras los muros de las cárceles del reino alauí se sigue oyendo la lengua de Cervantes. De acuerdo con datos del Ministerio de Asuntos Exteriores recogidos por LA RAZÓN, en la actualidad hay 125 españoles que permanecen cumpliendo condena en alguna prisión marroquí. No obstante, no sólo hay ciudadanos españoles encarcelados en el país vecino. Según las estadísticas oficiales, a 31 de julio –un día después de que Marruecos concediese la medida de gracia– había 2.254 ciudadanos españoles encarcelados en diversos lugares del mundo. Por ello, no es de extrañar que una televisión como La Sexta prepare un programa sobre ellos, que va a llevar por título «Encarcelados».