Toni Bolaño

El sueño húmedo de la unilateralidad

Puigdemont se jacta de una fuerza que no tiene. Tiene los votos pero no la fuerza

Carles Puigdemont y Pedro Sánchez
Carles Puigdemont y Pedro SánchezGtres

A nadie se le escapa que el discurso del Rey en el 142 aniversario de La Vanguardia estuvo a años luz del que realizó el 3 de octubre de 2017. Lo pronunció en la capital plurinacional de España, Barcelona, ante un selecto auditorio que incluyó a quienes lo han querido utilizar en su particular cruzada contra Pedro Sánchez pero también contra Núñez Feijóo. Faltaban los de siempre, azuzados por el regate corto como el presidente Aragonés que deja mucho que desear como presidente de la Generalitat.

Isabel Díaz Ayuso y José María Aznar vieron cómo el Jefe del Estado les dejaba en la estacada y evidenciaron que su líder, Feijóo, no sabe decirles que no. De hecho, el sector más duro y tozudo de la derecha ha dejado claro que la próxima semana su líder fracasará. Aznar convocando manifestaciones, Ayuso instando a una repetición electoral. La amnistía sigue siendo el eje del debate con Puigdemont omnipresente. Dicen que no es justa y tienen razón, la amnistía no es justa es una decisión política utilizada en Alemania, Portugal, Italia o Gran Bretaña. Incluso a condenados con delitos de sangre. Delitos que no se produjeron en Cataluña.

«Ningún régimen, ningún gobierno puede decir que no ha utilizado estas figuras con intencionalidad policía, de política general o de política general... El Derecho nunca ha dejado de ser un instrumento al servicio del poder». Así acaba el catedrático de Historia Manuel Torres Aguilar su libro «Historia del indulto y la amnistía: de los Borbones a Franco». Tiene razón por lo que ruboriza los ataques de ciertos sectores y confirman lo antes apuntado: la amnistía es una decisión política.

Sin embargo, sectores de la derecha quieren convertirla en su ariete contra Sánchez con la complicidad vergonzosa de dirigentes socialistas de otrora que ahora nadan mejor en aguas de la derecha. Si alguien piensa que sus palabras pueden debilitar el liderazgo de Pedro Sánchez se equivocan. Argumentan que el PSOE es una dictadura por echar a Nicolás Redondo Terreros, pero el bueno de Nicolás ha confundido la libertad de expresión con la deslealtad. ¿Más dictadura que eliminar de un plumazo a un líder?, me pregunto recordando a Pablo Casado. Estos pretenden poner en cuestión el liderazgo de Sánchez pero harían bien leer a un miembro del Clan de la Tortilla, Luis Yáñez, en un artículo titulado «Conmigo que no cuenten» en el que recuerda al primer ministro británico, Benjamín Disraeli, que aclamado por la oposición dijo en voz alta «viejo Disraeli, qué has hecho mal para que todos tus adversarios hablen mal de ti». En román paladino, la derecha quiere acabar con Sánchez elogiando a Felipe y a Guerra «dándoles golpecitos en la espalda», recuerda Yáñez, un socialista de Suresnes.

Ayer en Barcelona, 600 invitados. Todos han pactado con los nacionalistas, porque incluso los pactos de Estado que propone Feijóo serán pactos de Estado si los incluyen. Si no serán algo como papel mojado en defensa de una España que no existe. Si queremos que España siga siendo España tendrá que evolucionar porque no se puede construir la España del siglo XXI en contra de España, contra los que componen España so pena que la derecha apueste de facto por su independencia.

Puigdemont, atenazado por seis años de declaraciones altisonantes, que podríamos resumir en «lo volveremos a hacer» y en vísperas del 1 de octubre, se jacta de una fuerza que no tiene. Tiene los votos pero no la fuerza. Una repetición electoral puede ser letal para sus aspiraciones porque los sueños húmedos de la unilateralidad son eso, sueños, no realidades. La reincidencia que cacarean, con astracanadas mediocres como las de Xavier Trias, es una boutade que no existe. Boutade al nivel de España se rompe, porque como tantas veces no se ha roto. La amnistía es política que no puede realizar un gobierno en funciones y Puigdemont sabe que cierra la puerta a la unilateralidad y seguramente dejará al independentismo arrinconado ante la benevolencia de un proyecto que juega a mantener a España unida rompiendo moldes del siglo XIX y XX.