Cómo motivar a mi hijo adolescente para que estudie

Si no sabemos qué es lo que impulsa a un adolescente, será imposible que podamos orientarle

Hay momentos en la vida en los que las personas debemos utilizar nuestro gran poder de adaptación. Esto les está ocurriendo a nuestros alumnos, que tienen que cambiar su modo de estudiar.
Hay momentos en la vida en los que las personas debemos utilizar nuestro gran poder de adaptación. Esto les está ocurriendo a nuestros alumnos, que tienen que cambiar su modo de estudiar.

Todos los adultos pasaron por la adolescencia, pero pocos recuerdan lo que era realmente ser adolescente. Esto, junto con el interés por su buen desarrollo académico, impide que algunos padres sean capaces de empatizar con la presión que sufren sus hijos.

Una presión a la que cada uno responde de una forma diferente. Y una de las respuestas más lógicas y más frecuentes, es que el adolescente se plantee cuál es el objetivo de dedicar tantísimos esfuerzos a estudiar.

Suele ocurrir, que en el paso de la primaria al instituto, muchos buenos estudiantes dejen de serlo. Y es que el adolescente, por naturaleza, dejará de ser obediente. Ya no actúa porque sus padres o sus profesores se lo ordenen.

Si no encuentra una razón de peso para hacer algo, no lo hará o lo hará con desgana. Por ese motivo, encontrar su pasión y acompañarle en el proceso es la mejor alternativa.

A continuación, te dejamos unos consejos para que sepas cómo guiar a tus hijos para conseguir sus objetivos:

Orientar no es imponer

Aunque en ocasiones se hace realmente complicado mantener una conversación razonable con un adolescente, es una parte fundamental para su desarrollo.

Como padres, lo más natural es sentir la necesidad de agobiar, ordenar e imponer; pero nuestro objetivo fundamental debe ser guiar y acompañar. Esto no significa, en absoluto, dejar de imponer rutinas y normas (es evidente que las necesitan), pero si ser permisivo con sus dudas, y permitir que transite y construya su propio camino.

Es importante que nuestras conversaciones no giren alrededor del tema académico. Esto no sólo agobiará mucho al adolescente, sino que puede generar una reacción brusca y contraria a lo que estábamos buscando en un primer momento.

Revelarse está en su naturaleza.

Por ese motivo, el objetivo fundamental del diálogo debe ser conocer a tus hijos. Saber que problemas tiene que afrontar, cuáles son sus intereses, cómo es su carácter y cuáles son sus ideas.

Cenar en familia

Algunos padres se enfrentan al problema de no encontrar una ocasión para mantener una conversación con sus hijos, porque cuando no están encerrados en su habitación, están pegados al teléfono móvil o al ordenador. Una buena solución es obligar a cenar en familia y sin dispositivos electrónicos en la mesa.

Es normal que cada uno tenga un horario diferente, pero debemos encontrar estos pequeños momentos para poder escucharnos y conocernos. Al fin y al cabo, el tiempo pasa volando y llegará el día en el que no podrás disfrutarlos.

Comer juntos puede ser particularmente beneficioso para los jóvenes que piensan de manera diferente. La adolescencia no es solamente un momento para la impulsividad y para las decisiones estúpidas, también es el momento de la filosofía... el momento en el que las personas desarrollan su individualidad. Por eso, esta rutina puede ser muy beneficiosa para ti porque te ayudará a conocer qué es lo que motiva a tus hijos.

Pero también será muy beneficioso para su desarrollo. Aprender a dialogar será esencial en sus relaciones sociales o laborales. Y este es el momento perfecto para ampliar su vocabulario, conocer otros puntos de vista y saber cómo debe comunicarse de forma elocuente. Lo que también le ayudará a afrontar sus problemas de una forma razonable.

Conocer qué se le pasa por la cabeza a un adolescente no es una tarea sencilla, pero si consigues saber cuál es el enredo, podrás ayudarle a desenredarlo.

Conocer qué es lo que les mueve

Si no sabemos qué es lo que impulsa a un adolescente, será imposible que podamos orientarle y motivarle. Tienes que estudiar porque lo digo yo, ya no es un argumento de peso. Podía ser útil cuando era un niño... pero no suele serlo con un adolescente.

Si alguien nos dijese que cada día tenemos que dedicar dos o tres horas para observar cierto tipo de pájaro porque sí... la gran mayoría de nosotros no le haríamos ningún caso. Y es que, la ornitología no es algo que nos motive.

Lo mismo ocurre con un adolescente. No conseguirás convencerle si los motivos que esgrimes no lo motivan. Por eso, ayudarle a encontrar su pasión es el primer paso para que se esfuerce en conseguirlo.

Algunos adolescentes tienen la suerte de saber qué es lo que les motiva, y son muy efusivos y abiertos al compartirlo. Pero no todos los adolescentes son así. Algunos no saben qué les hace vibrar o son más reservados y retraídos sobre el tema.

Por eso, lo importante es crear un entorno ideal para que puedan encontrar su pasión y trabajar en ella.

Predica con el ejemplo

Si das un consejo a tus hijos y tú haces lo contrario, probablemente harán más caso a lo que hagas, que a lo que digas.

No trates de imponer una pasión a tus hijos si tú no tienes pasión por nada y no alimentas tu propia curiosidad. Encuentra algo que te apasione y dedícale tiempo, energía y alegría. No solo será algo tremendamente beneficioso para ti, sino que servirá de ejemplo a tus hijos, que verán que no hay por qué censurar el asombro y la curiosidad.

Puedes convertirte en un modelo a seguir para el proceso de aprendizaje. Cuando sientes curiosidad por algo déjate llevar por ello, afronta el aprendizaje con humildad y permítete fallar. Es la oportunidad perfecta para que observe cómo se puede aprender de los errores sin caer en la frustración.

Ser conscientes del fracaso

Si le preguntas a un adolescente cómo se ve dentro de unos años, seguramente responderá que cobrará un sueldo elevado y que será un “líder de la industria”. Pero por nuestra experiencia, sabemos que las cosas no son tan fáciles. Que solo con imaginártelo, las cosas no salen como queremos.

A nuestro alrededor tenemos muchos ejemplos de personas nunca llegaron a la altura de su potencial. Y es importante que tus hijos los conozcan. Que aprendan a ser tolerantes con el error y con el propio fracaso.

Ahora bien, también conocemos casos de personas que han conseguido grandes logros profesionales... y también tienen que conocerlos. Pero sobre todo, tienen que saber cuál es el precio que han tenido que pagar por conseguirlos.

Es importante darles entender la disciplina que requiere cualquier logro, y es importante entender que el fracaso es una enseñanza de la cual aprender. Que la constancia es la clave del éxito.

Esto no significa romper sus sueños, sino hacer que bajen de las nubes. Que entienda que ser el mejor en algo implica mucho esfuerzo y que la vida no viene como nos gustaría... que a veces, hay que lidiar con situaciones muy complicadas para las que nunca estaremos preparados.

La vida es dura

Una parte fundamental en la educación de cualquier persona es entender hasta qué punto la vida puede maltratarnos; y que para afrontar estas situaciones, debemos tener las herramientas adecuados para defendernos.

Aunque tus hijos intuyan que lo único que necesitarán a lo largo de su carrera profesional serán las habilidades directamente relacionadas con aquello que les apasiona, debes hacerles entender que es mucho lo que pueden llegar a necesitar o que les pueda dar una ventaja.

Por ejemplo, si tu hijo quiere ser guitarrista, es probable que entienda que leer partituras y saber interpretar un tema con maestría es lo único que necesitará. Pero también debe entender que hay algunas herramientas que hoy tiene la oportunidad de aprender y que pueden ser muy útiles (aunque todavía no pueda verlo), y que es posible que, por cualquier motivo, su objetivo se vea frustrado.

Poco a poco

Marcarse un objetivo a largo plazo y ser realista sobre cuál es su situación actual, nos señalará un camino sobre el que tendrá que transitar hasta conseguirlo, y también nos permitirá marcarnos objetivos más cercanos y por lo tanto, más reales.

Por ejemplo, si tu hijo quiere ser guitarrista profesional dentro de 10 años, seguramente su voluntad flaquee en unos meses. Al fin y al cabo, todavía queda mucho tiempo. En cambio, si las metas que se marca son más próximas, como -por ejemplo- hacerlo bien en un recital dentro de un año, el objetivo será más tangible y la motivación será más fuerte.

Nuestro trabajo es acompañarle y recordarle el objetivo. Contratar a un profesor particular que le enseñe a tocar la guitarra, escuchar y dejar que nos enseñe lo que ha aprendido, imponer una disciplina y premiarlo cuando se esfuerce, será algo que nos agradecerá en un futuro.