Familia política y navidad...¿Placer o pesadilla?

Llegan las navidades y ¿cómo nos repartimos? Para muchas personas la sola idea de pensar que tienen que pasar unas horas o unos días en casa de su familia política supone un gran estrés por muchísimos motivos: porque hay roces, porque siempre mete la pata el cuñado que bebe de más con un comentario inoportuno, la suegra que aprovecha que están todos para hacer una crítica velada de su nuera, hermanos que no congenian con sus respectivos cónyuges...discusiones políticas porque cada familia piensa de una manera totalmente diferente a la otra. ¿Es necesario cenar con mis padres o con los tuyos? ¿Podemos hacerlo solos en nuestra casa con nuestros hijos? Todas estas preguntas y más se las hacen muchos matrimonios, especialmente al principio, cuando llegan estas fechas.

Muchas veces, supone una fuente de conflicto inagotable, especialmente cuando una de las dos familias ejerce más presión y más influencia que la otra y los cónyuges no son capaces de tener claro que la familia que ellos mismos han creado prevalece sobre la familia de la que vienen. Familias políticas, fuente inagotable de conflictos entre parejas si no se sabe gestionar bien. Sara Pérez-Tomé es mediadora familiar en Gabinete Sophya y cree que “no debiera haber reglas fijas ni en la sociedad ni en las familias ya que cada familia es un mundo en continua evolución por las edades de los hijos, las circunstancias laborales y muchas razones de peso que en muchos casos son incontrolables y si nos volvemos inflexibles con las celebraciones convertimos en algo rígido, obligatorio y desagradable lo que debería ser motivo de celebración y felicidad para todos”.

Este año no quiero ir a casa de tus padres

Este año no quiero ir a casa de tus padres, puede que un buen día diga la esposa o el esposo. Y que eso suponga un drama y un gran problema. Sin embargo no debería serlo si “desarrollamos la empatía y la asertividad para comunicarnos entre nosotros para al final no tener que hacer uso de la resiliencia como última medida para arreglar unas Navidades averiadas o mal organizadas que se convierten al final en una lucha contra la adversidad” Es decir, explica Pérez-Tomé (madre 9 hijos) “Si todos procuramos comunicarnos diciendo lo que tenemos que decir a los otros de manera positiva y sin intentar hacer daño a nadie y metiéndonos en el “zapato del otro”, veremos que la famosa frase de “Yo soy muy sincero y digo las cosas muy claritas...” es justo la frase que está abocada a la desarmonía familiar en Navidades y hay que estar alerta si alguien la pronuncia porque casi nunca trae nada nuevo.

La mediadora tiene muy claro por su experiencia profesional que “hay familias políticas que es verdad que contaminan mucho a los matrimonios”. Sin embargo, como todo en esta vida, no es cuestión de querer si no de poder. Frente a una suegra entrometida tiene que haber un matrimonio sólido. Si eso sucede así, esa suegra (porque generalmente son las suegras y casi nunca los suegros y generalmente con la nuera en una lucha de poder absurda), no tendrá nada qué hacer: “cuando un matrimonio es sólido y está unido, es difícil que puedan sus suegros hacerles todo el daño que intenten conseguir. Porque no hace daño “quien quiere sino el que puede y si un matrimonio esta blindado entre sí ante cualquier interferencia sabrá navegar en las tormentas... sin que le entre agua en su barco”, sostiene.

Pero hay matrimonios que no están del todo consolidados, bien porque acaban de empezar o bien porque la relación de él o de ella con su familia de origen sigue prevaleciendo sobre la nuclear, sobre la que se ha creado al casarse o emparejarse. En estos casos “la fragilidad con su entorno más cercano es extrema y también hay matrimonios que por circunstancias les viene muy bien la intromisión de las familias políticas en temas económicos o de comodidad en la crianza de los hijos pero luego critican que se entrometan. Unos y otros deben saber mantener el equilibrio entre ayudar/regalar y mandar/respetar”

Familia nuclear y familia de la que vengo

Todos los expertos en terapias matrimoniales coinciden en señalar que hay que tener muy claro que cuando te casas con alguien, ese alguien pasa a ser tu nueva familia, la nuclear y que esa familia que se crea (con o sin hijos) es la más importante. “Juntos pero no revueltos”, les digo siempre a mis pacientes- explica la mediadora- Esto hay que tenerlo claro desde el principio, como hay que tener claro que cuando uno se casa no puede o no debe vivir como cuando era soltero incluso aunque todavía no tenga hijos. Casado ya eres familia, con o sin hijos y eso comparta la responsabilidad de haber formado una “familia nuclear” autónoma e independiente de “tu familia de origen” y de” tu familia extensa” Es tu prioridad tu “familia nuclear” pero no por ello es incompatible poder querer y tratar al resto de tu familia.

Dentro de” tu familia nuclear” hay que tener claro que es primero y mucho más importante el amor de la pareja que el amor a los hijos”. De padres felices, hijos felices y esto es nuestra responsabilidad; y cuando la pareja no es feliz no hay ninguna garantía de que los niños vayan a ser felices... Por eso hay que tener la escala bien estructurada desde dentro de la “familia nuclear” y luego proyectarse como familia hacia los demás.

Las relaciones con la suegra

Las relaciones entre suegra y nuera son famosas porque muchas veces no son buenas. La experta cree que “mujeres solemos ser complicadas siempre y cuando hay un interés común entre media y en este caso el interés común es un hijo/marido. En una mala relación de suegra y nuera el hijo/marido es una rivalidad que acaba convirtiéndose en un amor de posesión enfermizo y es que hay madres que siguen enamoradas de su hijo de 40 años, en vez de estar enamoradas del padre de su hijo en común... por diversos motivos y al final la víctima es el hijo. Y hay mujeres que ven en su marido un territorio a controlar y a poseer de manera en exclusiva entendiendo así como una forma de amar. Así que “al final las dos son como las dos madres que se pelean ante el Rey Salomón defendiendo que las dos son las madres del hijo, y Salomón determina partir al hijo por la mitad... como” una solución Salomónica” pero no una solución racional”, determina Pérez-Tomé.

Querer a tu marido es una relación de pares que el mundo de la afectiva resuelve basada en la confianza y en el mutuo apoyo de manera unívoca con alguien al que libremente has elegido, sin embargo “a un hijo no lo has elegido como es, lo amas más cuanto más autónomo, libre y menos dependiente y vulnerable sea en relación con su madre; por lo tanto el orgullo de madre es verlo hacerse independiente, irse de casa, crear otra familia sin que te necesite aunque te quiera”.

Sara Pérez-Tomé, que es suegra seis veces, explica que disfruto mucho de mi posición de suegra porque he estado muchísimo tiempo dándolo todo como madre de nueve hijos, así que me encanta no tener que organizar ni opinar para que las cosas salgan bien a mi manera...

Tengo 5 reglas:

-El matrimonio de mis hijos es sagrado y nunca intentaré buscar mi protagonismo dentro de ellos.

-No doy mi opinión de nada, si no me preguntan... vea lo que vea, y oiga lo que oiga. Y no opinar también incluye la expresión “en mi opinión...” como si eso significara que no me meto.

-Me preocupo de si descansan, si sonríen, y hablan entre ellos, porque sus cosas materiales me importan relativamente.

-Nunca pregunto si van a tener un hijo, o un hijo más, es un tema muy delicado en el que no debo entrar sino solo acompañar.

-Adoro a mis nietos, y agradezco a cada matrimonio de mis hijos que me hayan hecho abuela.

Si la relación suegra-nuera es mala, el marido de la última tiene mucho qué decir

¿Si una suegra y una nuera se llevan mal puede darse la situación de que en el medio haya un marido (de la nuera) que no se pronuncia? La experta cree que “no siempre tienen que ser así, a lo mejor la causa puede no ser el marido pero sin embargo la solución sí puede estar en él, por lo tanto la llave de la resolución del conflicto inevitablemente sí que va a pasar por el hijo en relación con su madre. Solo el hijo puede limar asperezas, liberar malentendidos, limpiar prejuicios y sobre todo demostrar a su madre que su felicidad pasa porque su madre acepte que su mujer es lo más importante para él sí o sí de manera incondicional. Y si esto no lo entendiera tiene que quedarle claro al marido que “ a lo mejor su madre va a tener que ser un poquito menos feliz.., pero que su mujer es una prioridad que sí lo sea, y hay casos en donde el mejor trato es no tener trato o tener menos trato si no se dan las circunstancia para una buena reconciliación, un matrimonio no se puede permitir el lujo de que se ponga en peligro su estabilidad por una suegra mal posicionada”.

Consejos:

-Cada vez que unos padres tienen la suerte de que un hijo suyo se case y empiece a formar una nueva familia independiente a su familia de origen, tiene que cambiar de forma de pensar y asumir que a partir de ese momento si de verdad quieres ganarte a un nuevo/a hijo/a tú ya no ocupas el primer plano en la nueva familia sino al menos el tercer lugar si además tienen hijos que además son tus nietos.

-El primer año de un matrimonio, hay que dejarles construir su NOSOTROS con el mínimo número posible de interferencias sobreprotectoras por parte de sus familias de origen. Porque la sobreprotección en esos primeros momentos puede debilitar su relación o llegar a ser un “cariño envenenado” por parte de los suegros.

-Desde el principio la nueva pareja tiene que establecer un protocolo de actuación que los suegros deben respetar y es que cualquier aclaración o mejora en la convivencia deben hacerla los hijos de cada uno a sus padres, esto es NUNCA cruzar apellidos. Las cosas se entienden y se interpretan de manera diferente si lo dice un hijo o si lo dice la nuera o el yerno.

-Otra cosas es hacer planes constructivos y organizativos donde deberán entenderse los que mejor se comuniquen entre sí, donde ahí no importara que se crucen los apellidos.

-En cualquiera de los dos casos al comunicarse con los suegros o cualquiera de los miembros de la “otra familia” se debe hablar SIEMPRE en primera persona del plural para comunicar cualquier noticia o información: “hemos decidido...” “nos gustaría...” hemos estado hablando de...” como cuando se comunica un embarazo que siempre se debe decir “estamos esperando un hijo...” pues con las decisiones de familia, ocurre lo mismo son siempre de común acuerdo por parte de los dos.

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