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¿Por qué engordamos?

La resistencia a la insulina es parte de la explicación

Hay personas que llevan los genes que predisponen a la delgadez o a una menor acumulación de grasas y que, evolutivamente, han conseguido adaptarse a tiempos de abundancia sin aportarles más kilos. Y, por el contrario, muchas otras llevan los denominados “genes de la grasa” que son los que predisponen al aumento de peso excesivo.

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Todos conocemos personas que, aunque sean delgadas, no se privan a la hora de comer. Lo contrario también nos resulta conocido, personas que parecen no comer gran cosa y que, sin embargo, tienen excesivo peso. ¿A qué patrón obedecen esas aparentes incongruencias metabólicas? Belén Castro, farmacéutica y experta en nutrición así como CEO de el empresa de cosmética Olivolea, aporta las claves para entender por qué engordamos.

Hay personas que llevan los genes que predisponen a la delgadez o a una menor acumulación de grasas y que, evolutivamente, han conseguido adaptarse a tiempos de abundancia sin aportarles más kilos. Y, por el contrario, muchas otras llevan los denominados “genes de la grasa” que son los que predisponen al aumento de peso excesivo y que no se han desarrollado evolutivamente para combatir el consumo excesivo de alimentos altamente calóricos.

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Cuando la adquisición de energía o ingesta supera al gasto, el organismo gana masa y por tanto aumenta de peso. Si el gasto energético es mayor que la asimilación de energía ocurre lo contrario, es decir, adelgaza. Esto es la base por la que se puede aumentar o disminuir de peso.

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Teniendo en cuenta cuáles son los determinantes de los elementos de ingesta y gasto energético, no nos sorprende que el sobrepeso y la obesidad hayan alcanzado una gran prevalencia en la sociedad actual. Disponemos de mucha más comida y hay una predisposición a elegir aquellos alimentos de alto contenido energético y de fácil absorción. Si, además, sumamos que hay una notable tendencia al sedentarismo y la inactividad física, nos encontramos que no hay condiciones que obliguen al organismo a gastar mucha energía.

Así podemos decir que la genética, la alimentación, la actividad física o el deporte y los hábitos de vida, van a condicionar que nuestro cuerpo engorde, se mantenga en el peso o adelgace. Pero nos damos cuenta que las personas no responden igual a la dieta y que el aumento de peso no solo se debe al almacenamiento de las grasas ingeridas, sino que también es debido a la sensibilidad a la insulina. Esta participa en la regulación del gasto energético y en el uso de la glucosa como fuente de energía. Después de comer algún alimento, el organismo se encarga de romper los carbohidratos y convertirlos en glucosa, que está presente en la sangre. Cuando esto ocurre, la insulina es liberada en el torrente sanguíneo, permitiendo que las células puedan absorber este azúcar para utilizarla como energía. Los músculos y el hígado también almacenan la glucosa si se han quedado sin dicho combustible. No obstante, si hay un exceso de azúcar, esta energía irá a parar a las células de grasa.

¿De qué depende la sensibilidad a la insulina? Hay una serie de factores influyen con casi total seguridad.

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Por un lado, la genética de padres o familiares directos; la obesidad, especialmente la abdominal; el sedentarismo; la dieta, el azúcar y en general la comida de alto índice glucémico y las grasas trans, son las razones de una mayor resistencia a la insulina.

De igual modo sucede con otros factores como la edad, a medida que envejecemos la resistencia a la insulina es mayor. Por ejemplo, el mismo plato de pasta engorda cuando tienes 40 y apenas lo notas cuando tienes 20.

La falta de sueño o no dormir las horas suficientes y estados emocionales como el estrés son también causas de resistencia a la insulina.

Pero hay que decir algo muy importante, y es que todo esto tan negativo puede modificarse mediante comportamientos contrarios a los que hemos descrito antes. Cambia tu ingesta dietética, elimina de tu dieta el azúcar y los almidones refinados, y aumenta la concentración de nutrientes importantes y necesarios. Tanto los azúcares como el almidón y la falta de magnesio incrementan la resistencia a la insulina.

Pierde grasa corporal mediante la dieta y el deporte y disminuirá tu resistencia a la insulina. Hacer ejercicio de tipo aeróbico durante 30 minutos cuatro veces por semana mejora la sensibilidad a la insulina, incluso aunque no cambie la grasa corporal y los ejercicios anaeróbicos y de resistencia muscular, mejoran la sensibilidad a la insulina, más cuanto más intensos sean. Nunca es tarde para hacer deporte y las mejoras se producen independientemente de la edad.

Así es tu sensibilidad, así de efectiva es tu dieta.

Las personas sensibles a la insulina adelgazaran más con dieta baja en grasa ya que el cuerpo sabe procesar los carbohidratos. Las resistentes a la insulina adelgazaran más con dieta baja en carbohidratos, ya que el cuerpo ha perdido la capacidad de procesar azúcares igual de bien, pero lo puedes forzar a que obtenga energía de la grasa. Por ello las personas con sobrepeso deben reducir sus hidratos de carbono en la ingesta dietética.

Es una evidencia que, ahora que consumimos más alimentos calóricos y el nivel de esfuerzo físico ha disminuido enormemente respecto a épocas pasadas, debemos estar más atentos a la hora de comer sano y hacer ejercicio de forma regular, al mismo tiempo que debemos enseñar estos hábitos a nuestros hijos. Ellos son el futuro, dejémosles la mejor herencia, los hábitos para una vida sana.

Si estamos rodeados de gente que hace deporte, se alimenta bien y se cuida, tenderemos más a mantener nuestro peso y un buen nivel de vida saludable.

Belén Castro es Licenciada en Farmacia. Especialista en Dermofarmacia; Executive MBA IE Business School; Luxury Brand Management IE Business School; Experta en Nutrición Clínica; Máster en Dieta Mediterránea y Máster en Atención Farmacéutica; autora y co-autora de varios libros sobre nutrición y salud.