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Ruta de fin de semana con niños: cuevas y gastronomía en Castilla y León

El complejo kárstico de Ojo Guareña es una alternativa para hablar de naturaleza con nuestros hijos

  • Imagen del interior de la cueva
    Imagen del interior de la cueva

Tiempo de lectura 4 min.

26 de julio de 2018. 15:45h

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Gema Lendoiro Madrid. 28/7/2018

Todos los fines de semana miles de familias españolas tienen las mismas dudas, sobre todo en verano cuando los niños están de vacaciones. Si es usted de los que se ha quedado en su ciudad por no poder irse este verano de vacaciones, les propongo un plan de fin de semana apto para ir en familia. Si además son ustedes una familia que quiere combinar planes de niños con aventura, gastronomía, arte y cultura.

En Castilla y León hay una red de espacios naturales muy amplia y queríamos conocer el complejo kárstico de Ojo Guareña. Ya sé que tras lo de los niños de Tailandia están los ánimos para pocas cuevas pero nos lanzamos a la aventura. A 96 kilómetros al norte de Burgos, se encuentra el hasta la fecha, mayor complejo kárstico subterráneo cartografiado de España, con 110 kilómetros de galerías, salas y conductos explorados. Se trata de hacer un pequeño recorrido por dentro de unas cuevas a nivel principiante pero que ofrece toda la belleza y aventura que el cuerpo necesita sin dejarse la vida en ello. El silencio de los niños está garantizado al poder visitar estos puntos de interés geológico y observar cómo vivían nuestros antepasados.

También tuvimos la oportunidad de visitar la Ermita de San Bernabé, que sirve de zaguán de acceso al mencionado complejo con más de 18 cuevas. Las pinturas sobre la pared de roca de los martirios que se infligían a los que se portaban mal sirven para atemperar a las fieras si empiezan a irse de madre.

En la parte más pecaminosa les planteo dos interesantes opciones para cenar y almorzar. La cena la pueden hacer en el restaurante Solana. Con una estrella Michelin y 95 euros por persona, disfrutarán de un menú largo y no necesariamente estrecho con maridaje de vinos y dos postres diferentes. Las vistas a la montaña son espectaculares. Si los niños ya no son tan niños es una magnífica oportunidad para hacer un planteamiento gastronómico cultural habida cuenta de que es una de las señas de identidad españolas reconocidas en todo el mundo. Nuestra gastronomía es tan variada como rica y los viajes, si se puede, deberíamos esforzarnos en ir introduciendo a nuestros hijos en la cultura culinaria.

El almuerzo en Torre Berrueza, sin estrella del fabricante francés de neumáticos pero sí con una mención en su guía culinaria encontraréis platos que combinan a la perfección la cuchara con las delicatessen.

En cuanto al hospedaje apostamos por un Parador Nacional, el de Limpias en Cantabria. A 40 kilómetros de Santander por si hace falta algo de la gran ciudad, pero con todo lo que ofrecen la red de paradores no se hace necesario. Enclaves únicos, habitaciones gigantescas, piscinas y gimnasios más propios de otras épocas pero que hacen un apaño y un desayuno espectacular para reponer fuerzas.

También me gusta alquilar coches para estas aventuras. En esta ocasión optamos por el Peugeot Rifter, un coche espacioso para una familia numerosa como la nuestra. Tiene hechuras de furgoneta que te permite llevar desde las botas para la cueva, hasta los trajes de baño para la piscina del Parador, más todas las cosas que se necesitan para los niños.

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