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Separar en casa para reciclar. ¡Diviértete y aprende en familia!

Es una de las mejores acciones que puedes hacer por respetar el planeta

El nuevo curso ya ha arrancado y puede ser un buen momento para plantear en casa propuestas que nos ayuden a todos a cuidar y mejorar nuestro entorno. En medio de la vorágine narcisista en la que “yo” se convierte en muchos casos en la palabra fundamental, trabajemos el “nosotros” para procurar compartir y ayudar, por ejemplo, con un tema tan importante en estos momentos como el cuidado del medioambiente.

Entramos en otoño y recuperamos el ritmo normal de nuestra vida. El nuevo curso ya ha arrancado y puede ser un buen momento para plantear en casa propuestas que nos ayuden a todos a cuidar y mejorar nuestro entorno. En medio de la vorágine narcisista en la que “yo” se convierte en muchos casos en la palabra fundamental, trabajemos el “nosotros” para procurar compartir y ayudar, por ejemplo, con un tema tan importante en estos momentos como el cuidado del medioambiente.

Para ello, desde Relevo, el proyecto impulsado en España para lanzar la primera marca certificada de bolsas de basura de plástico 100% reciclado que se vende en supermercados, nos proponen una propuesta simple pero que nos va a servir a diario y a todos los miembros de la familia. Porque, ¿quién no tiene problemas a la hora de decidir a qué cubo tirar determinados desperdicios? En casa y en la calle encontramos contenedores de diversos colores en función de su finalidad. El objetivo es común: separar para reutilizar pero, a veces, nos surgen las dudas.

De manera simple podríamos resumir qué va a cada contenedor de la siguiente manera:

Contenedor amarillo: envases de plástico, tetrabriks y latas. También, el papel de aluminio o el film transparente.

Contenedor verde: envases de vidrio.

Azul: papel y cartón.

Marrón: residuos orgánicos.

Gris: desechos; es decir, lo que no puede ser reciclado, pero no contiene residuos tóxicos, que se deben depositar en un punto limpio.

A partir de ahí debemos ser responsables en nuestro día a día y, además, inculcar buenos hábitos a los más pequeños de la casa para que todos tomemos conciencia de lo que hacemos y aprendamos a tener una gestión eficiente de residuos, es decir, a usar solo lo que necesitamos y ayudar a que lo que tiramos pueda tener una segunda vida. Vamos, si os parece, a ponerle un nombre a la propuesta para ponerla en marcha: la hora del reciclaje.

Para comenzar, solo tenéis que reservaros en vuestra apretada agenda 60 minutos, convocar en la cocina a vuestros seres más queridos y... ¡abrid vuestros cubos de basura! No os olvidéis de un papel y lápiz.

Seguro que sois conscientes de ello, pero haciéndolo juntos veréis mejor todo los que desechamos. Todos. Cada día. Los 365 días del año. Y es aquí donde empieza lo bueno, porque solo cuando tomamos conciencia de las cosas (mindfulness, que se dice ahora) estamos en condiciones de poder empezar a cambiarlas. Y para eso precisamente está el papel y el lápiz: para anotarlas.

Así, este juego tan simple se convierte por arte de magia en un ejercicio de reflexión grupal que nos empuja a hacer pequeños cambios en nuestra vida. Porque ahí está la clave: pequeños cambios, hechos por todos, todos los días constituyen una gran aportación al medioambiente.

Algunas preguntas que os podéis formular para arrancar vuestra tormenta de ideas familiar pueden ser:¿es necesario este envoltorio?, ¿cuánto pesará aproximadamente? y este cartón, ¿es reciclado y reciclable? ¿Cómo se recicla? ¿Realmente se biodegrada una bolsa biodegradable? ¿A qué temperatura lo hace y durante cuánto tiempo? ¿Esas condiciones se dan en el mar? ¿Y en una Planta de Tratamiento de Residuos? ¿Lo miramos en Google?

Si queremos ir más allá nos podemos preguntar: si no puedo eliminar este producto en mi vida... ¿hay un sustituto más respetuoso con el medioambiente, que no sea más caro y con una calidad igual?

En ese momento, podremos tomar la decisión familiar de modificar algunos hábitos en nuestra cesta de la compra. Será algo acordado por todos, bueno para el planeta y también bueno para la familia, porque seremos conscientes de que estamos actuando de manera directa frente a un problema; tomando soluciones. Tenemos más poder para cambiar las cosas de lo que nos creemos.

Según datos de Ecoembes, en 2018, cada ciudadano depositó 15,7 kg de envases de plástico, latas y briks en el contenedor amarillo. Para que os hagáis una idea, solo en bolsas de basura, una familia de media en España consume al año 4 kg de plástico. Increíble, ¿verdad? ¿Por qué no cuidamos también ese aspecto? Sería aún más increíble si entre todos cambiáramos todo ese consumo de plástico virgen y lo pasáramos a plástico 100% Reciclado. Sólo con esto podríamos ayudar a reciclar en España de manera anual 250 millones de kg de plástico.

¡Ah! Y si en vuestra reunión os surge la duda de qué va en cada contenedor, lo podéis mirar aquí.

Todos podemos ayudar y, a la vez, compartir momentos en familia útiles y divertidos.