Higiénica Terelu Campos: restregones, no; amores, sí

«Yo estoy mucho más cerrada al restregón que al amor», dice Terelu Campos. Qué higiénica ella, le grito al televisor. Premio a la conducta anti Covid del mes, porque los amores pueden ser cibernéticos, virtuales, puro plasma, pero ahora los restregones son cosa prohibida, que ahí está el doctor Simón para recordarnos que el restregón no tiene perdón en tiempos de rebrotes salvajes y que Madrid es la culpable de los siete pecados capitales de la pandemia. Él y Sánchez ven en Díaz Ayuso una síntesis de Cruella de Vil y Maléfica que se restriega impúdicamente con Vox. Quizá Isabel debería pedir amparo a #MeToo.

En política están permitidos, eso sí, los amores de conveniencia, como los de Sánchez con Iglesias: solo para gobernar, pero sin pasión, o sea, sin besos en la boca. Me imagino que el filósofo Illa le habrá recordado al presi aquello de Sócrates: «Cásate. Si tienes una buena esposa, serás feliz; si tienes una mala, te convertirás en filósofo». Pero cuando Él empieza a filosofar, Pablo le cita a Marx: «La filosofía es al mundo real lo que la masturbación al sexo». Y así van: se la cascan, pero sin romper nada.

Iglesias dice cositas que no le gustan mucho a su socio, como que no le place verle arrimándose a Arrimadas. Son mohines de enfado, pellizquitos de monja, fruslerías, porque al final Pablo siempre acaba matizando y diciendo que lo dicho entra en la muy natural y necesaria disparidad de criterios dentro de la sacrosanta unión gubernamental, firme en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza, hasta que la muerte nos separe. O sea, que apoyaremos los Presupuestos y todo lo que haga falta, que para eso estamos, no faltaba más, vida mía.

El de estos Picapiedra (Pedro y Pablo) es un amor envenenado sin intervención de Putin. Kant veía el matrimonio como un contrato: era cosa buena si la unión ampliaba la fortuna de las dos partes. En este caso, con la coalición ganan ambos, al menos hasta que a Pedro los okupas se le instalen en la Moncloa. Es una amistad con derecho a roces, pero sin restregones inapropiados que, como bien sabe Terelu, solo producen calenturas. Y eso no, que te toman la temperatura y acabas en La Paz con el respirador a tope.