Albert Rivera, en El Hormiguero: “Malú y yo somos una roca, estamos felices”

El ex líder de Ciudadanos aseguró que “uno no elige de quién se enamora: ella ha sido la que se ha equivocado y yo he elegido bien”

Era la entrevista más esperada y probablemente bata récords de audiencia. No es para menos. Albert Rivera reaparecía por fin en público el pasado 22 de septiembre para presentar su libro, “Un ciudadano libre”.

Dimitió hace casi un año y, desde entonces, se enclaustró. Tenía mucho que digerir: más de una década en política (13 años), un batacazo electoral (que, aunque previsible, resultó más humillante de lo esperado) y una nueva relación amorosa (con una artista, Malú, lo que ya de por sí era difícil de llevar preservando cierta intimidad). Así que desapareció de la vida pública y se dedicó a lo que en ese momento quería. Estar con la mujer de la que estaba enamorado, formar una familia con ella, escribir un libro y regresar al sector privado como jurista. Y todo lo ha hecho en estos diez meses en silencio, a pesar de recibir muchas llamadas mostrando interés por lo que hacía.

Hasta que tuvo el libro escrito y llegó la hora de presentarlo. Entonces reapareció rejuvenecido, alegre y un poquito nervioso, pero dominando la situación porque tiene callo. Y lo hizo en el programa de El Hormiguero. Los primeros 8 minutos los dedicó a hablar de esa etapa política que había dejado atrás hasta que Pablo Motos le hizo la gran pregunta: “¿A qué nivel os han acosado a Malú y a ti después de que se diera a conocer vuestra relación?”. Y entonces ya se arrancó. “En primer lugar, uno no elige de quién se enamora y yo… ella ha sido la que se ha equivocado y yo he elegido bien. Entiendo que un político en un ‘meeting’, en un acto de campaña o en un plató tenga todo el interés del mundo, y entiendo que una artista despierte interés. ¿Pero alguien me puede decir por qué no podemos ir a la playa con nuestra familia? ¿Por qué a mi suegra o a mi madre les persigue la prensa? ¿Por qué tengo que ir a la revisión médica con mi hija y tenga que darme la vuelta y no pueda ir?”.

Había indignación e incomprensión en sus palabras. Tanto, que incluso se aventuró a decir que creía que lo conveniente era legislar sobre el asunto del presunto acoso de la prensa: “Creo sinceramente que hay que cambiar la ley. Hay que alzar la voz sin aspavientos. Creo que la intimidad es un derecho de todos los españoles… Esa situación es muy incómoda”. Como incómoda es también la legislación al respecto. Pero en el fragor del momento, siguió explicando lo angustioso de su situación: “¿Por qué no podemos salir a hacer la compra? A mi suegra le persigue la prensa; a mi madre, que va a trabajar a su tienda, que por cierto ha cerrado por la crisis… Yo nunca he vendido mi vida. Yo no he cobrado un duro nunca en la prensa del corazón. Pido que respeten mi intimidad, la de mi hija, la de mi madre con toda tranquilidad y con toda franqueza”.

Y entonces contó que lo más surrealista que le había pasado es que en una ocasión, mientras comía en casa con su suegra, su madre y Malú, de repente comenzaron a la artista y él a recibir mensajes de ánimo. Y no entendieron nada hasta que entraron en Google y leyeron que alguien se había aventurado a asegurar en un medio de comunicación que habían roto. “Nos queremos y estamos muy a gusto. Pero imagínate que hay una situación de pareja complicada y estas cosas pueden complicar realmente la situación aún más…”.

En cualquier caso, también se encargó Rivera de dejar claro que era inmensamente feliz con Malú, que la presión mediática no había podido con ellos y que su niña, Lucía, era una santa: “Hemos sido una roca y hemos sido un equipo para pasar esto. Hemos querido estar juntos y aquí estamos. Hoy somos una familia. Tenemos a Lucía y estamos felices. Ha habido momentos duros, pero me considero un afortunado y un privilegiado porque trabajo en lo que quiero y tengo una familia maravillosa”. Y una hija muy buena que duerme una media de ocho horas al día con tan solo tres meses, según contó. Eso sí que es un lujo.