Joaquín Torres, el arquitecto de las estrellas: del espionaje de Villarejo al nuevo ático de Tamara Falcó

El arquitecto recuerda como una pesadilla su desencuentro judicial con Susana García Cereceda y habla de sus nuevos clientes

Joaquín Torres, arquitecto. Fotografiado en su local del Barrio de Malasaña.
Joaquín Torres, arquitecto. Fotografiado en su local del Barrio de Malasaña. FOTO: Cipriano Pastrano Delgado

A Joaquín Torres se le ha conocido como el arquitecto de las estrellas, y es verdad. Es el autor de la casa de Ronaldo CR7 y de Penélope Cruz y Javier Bardem en Madrid o la de Felipe González en Tánger, pero la fama también es perversa porque no siempre ayuda y más cuando te espía el comisario Villarejo por encargo de una millonaria, Susana García Cereceda, que le hace la vida imposible. Fue la culpable en gran medida de la crisis que vivió su empresa, A-cero, en la que tuvo que despedir a la mitad de la plantilla. Torres se reinventa abriendo su negocio a la construcción modular «que la gente confunde con casetas o barracones y es la construcción más eficaz, económica y sostenible. A Carlos Sainz le he hecho tres casas modulares en Menorca y en tres meses las tenía listas». Entre sus 50 proyectos en marcha, cuenta con el encargo de un jeque de Emiratos, que le aporta ingresos para pagar las 50 nóminas mensuales del estudio y a su vez, el ático de Tamara Falcó, le reconcilia con las «estrellas».

–¿Cómo es el balance de un cambio tan radical como es divorciarse de la madre de sus hijos y comenzar a vivir con un hombre?

–Hace más de cinco años que asumí mi homosexualidad. El camino ha sido un verdadero tormento y he tardado demasiado pero ha valido la pena. Soy libre, completamente libre. Ya no tiemblo al oír la palabra marica, «maricón», nena... etc. Ya no me niego, ya no me avergüenzo, ya no busco un imposible...Decírselo a mis hijos fue lo más difícil, pero me lo pusieron tan fácil... Desde el minuto cero que me acepté, decidí hacerlo con toda la normalidad del mundo e introduje a mi pareja en mi vida privada sin ningún límite.

–¿Sigue abierto el culebrón de la fortuna de los Cereceda?

–Yo sabía que cuando Luis muriese iba a ver problemas porque no dejó las cosas arregladas. Las dejó como él quiso. Susana García Cereceda no ha respetado la voluntad del padre. Ella me ha hecho muchísimo daño, personal y económico y no ha respetado la relación contractual que tenían conmigo, ha querido destruirme. Incluso contrató a Villarejo para espiarme.

Joaquín Torres, arquitecto. Fotografiado en su local del Barrio de Malasaña.
Joaquín Torres, arquitecto. Fotografiado en su local del Barrio de Malasaña. FOTO: Cipriano Pastrano Delgado La Raz—n

–Quien no ha sido espiado por Villarejo no es nadie en este país.

–Pues ahí estoy yo, en el caso Land contra la madrastra, Silvia Gómez-Cuétara, Yolanda García Cereceda y contra mí. La fecha del juicio es el 15 de diciembre aunque dudo de que se celebre. Susana no irá a la cárcel, ya ha hecho un primer pacto con la fiscalía y no creo que esa señora vaya a ir a prisión. Los tres fuimos espiados por Villarejo con el encargo de que me destruyese personal y mediáticamente. Ella piensa que tengo mucha información de cómo funcionaban las empresas de su padre y quiso quitarme la legitimidad y todo porque no me posicioné con ella. En gran medida contribuyó a limitar mi estudio porque me vetó en todas partes.

–¿Ser el arquitecto de los famosos ayuda o es lo contrario?

–Me ha hecho mucho daño porque hubo gente que dijo que me aprovechaba. Cuando les hice la casa a Penélope Cruz y a Bardem fue complicadísimo porque estaban en lo más alto de la fama, fue el momento en el que se juntaban como pareja y ella estaba embarazada. Si quieren que les haga la casa me tienen que contar cómo viven y cómo son y con ellos era todo muy complicado porque no les pedía si era niño o niña, obviamente querían preservar su intimidad, pero tenía que saber cómo vivían. ¿Alguien ha visto el proyecto de casa de Amancio Ortega? No, ¿verdad? es posible mantener la privacidad pero no negarle información al que tiene que diseñarla.

–Cristiano sí le dio permiso

–Él fue el primero que lo dijo. Me pidió que le hiciera un cuarto para niño con acceso a su dormitorio, también un garaje para meter una cantidad enorme de coches fantásticos y que en las manillas de las puertas estuvieran grabadas sus iniciales.

–¿Ha trabajado para algún jeque?

–Sí, ahora estamos con un proyecto para un jeque de Emiratos. Le estamos haciendo seis casas para invitados con puerto particular. Les llaman pabellones de invitados y tienen 1600 m2 cada una y con una vegetación que cuenta con su propia desaladora para regar toda esa escandalosa vegetación. El exterior está climatizado para no morir en ese desierto. El oro es algo que utilizan con una normalidad pasmosa porque el dinero para ellos tiene otra dimensión. Eso sí, nadie regala maletines de dinero, son multimillonarios pero no idiotas y tremendamente negociantes.

Joaquín Torres, arquitecto. Fotografiado en su local del Barrio de Malasaña
Joaquín Torres, arquitecto. Fotografiado en su local del Barrio de Malasaña FOTO: Cipriano Pastrano Delgado La Raz—n

–¿El ático de Tamara Falcó lo firma usted?

–Tamara ha hecho muy buena compra, es muy buena inversión. Cuando la llamé me dijo que no quería cambiar nada. Lo mejor es la orientación y discreción de la enorme terraza y los espacios donde puede vivir perfectamente con un par de niños, si decide formar familia. Es un edificio de gente con alto poder adquisitivo.

–¿Tamara es buena cliente?

–Cuando la he conocido, me ha parecido tan impecable en su educación que estoy seducido. Me he convertido en un fan de esa niña tan glamurosa. Consigue de la nada crear algo, ahora soy Tamarista.

–La casa en Tánger de Felipe González, ¿también tuvo su complejidad?

–Pues sí porque era esa especie de trato entre Luis García Cereceda y Felipe en la que no se podía decir nada, ni podíamos hablar con él, ni con su mujer Carmen porque se suponía que no era para ellos, pero sí. Hasta el punto que tuve que hacer una casa para Felipe y otra para Luis. Ahí sigue, en la playa de Tánger sin terminar.