Ay, Ainhoa Arteta, piensa que la justicia feminista no concede indultos

La soprano Ainhoa Arteta y Plácido Domingo
La soprano Ainhoa Arteta y Plácido Domingo (Adiprope) /José Luis R. Cortés (Adiprope) /José Luis R. Cortés

Una vez más, la soprano Ainhoa Arteta ha salido en defensa de Plácido Domingo por los ataques que el tenor recibió en su retorno a Madrid: que el concierto fue una maravilla y la reacción del público estupenda, y que ella ha respetado a Plácido desde el principio y sigue respetándolo. Y añadió: «Está muy lejos de lo que se le acusa». Ay, Arteta, o dejas los respetos y las admiraciones o la justicia feminista irá a por ti hasta el fin de tus días o de los suyos. Ahora que se quieren cargar hasta a Marilyn Monroe por sexista, temo que te van a perseguir hasta el catre, y por parte de alguna no solo metafóricamente. Confesar públicamente que «a mí esa señora no me importa mucho» en referencia a la ministra de Igualdad, te puede costar un vudú con maldición de afonía permanente o la condena a cantar en la manifestación del Orgullo Gay, el 3 de julio, el rap de Miss Bolivia: «Si nos tocan a una, nos tocan a todas/el feminicidio se puso de moda…», o aquel otro de Krudas Cubensi: «Saquen sus rosarios de nuestros ovarios/ saquen sus doctrinas de nuestras vaginas…».

Ojo, Ainhoa, que la Montero se gasta fuerte carácter, o sea, mala leche, y más ahora que vive un momento delicado por los rumores de separación de la pareja que vuelan en la redes, esto es: dicen que a Pablo Iglesias hace tiempo que no se le ve por Galapagar y hay quien cree que se ha ido a meditar a Nepal para encontrarse a sí mismo y a Marx. En este trance, su madre (la de Irene) acudió a aliviar la soledad de la niña. Se llama Adoración y cuentan las lenguas de vecindona galapagueñas que la hija la abronca con frecuencia y en alta voz. Si a una madre que se llama Adoración le grita así, imagínate, Ainhoa, la que te puede montar a ti. Siguen contando las malas lenguas que a Irene le gustaba más su novio con coleta y que desde que se la cortó ya nada es lo mismo para ella: Pablo perdió su signo de identidad y su poderío, dejándola huérfana en el coro podemita y en Moncloa. Prudencia, Ainhoa. La justicia feminista no concede indultos.