Un mundo en El Rastrillo

La cara más solidaria de la diplomacia. Varias embajadas colaboran en el mercadillo de Nuevo Futuro para ayudar en la protección de los niños más desfavorecidos

Cecilia Flores
Cecilia Flores

Si hay una fuerza capaz de elevarse por encima de fronteras es, sin duda, la de la solidaridad. Así lo demuestran las numerosas embajadas que participan en El Rastrillo de Nuevo Futuro y que estos días, más allá de barreras lingüísticas y culturales, se unen a este proyecto altruista para conseguir una mejor calidad de vida para centenares de niños en riesgo de exclusión social. Consciente de la importancia de este proyecto, desde la Embajada de Francia se entregó ayer en mano a la Infanta Doña Pilar un cheque por valor de 30.000 euros –recaudados con la organización de una cena benéfica– para el proyecto que representa, en calidad de presidenta de honor, la hermana del Rey. Asimismo, también se donaron 6 kilómetros de tela, importada desde Francia, para poner a la venta en los puestos de El Rastrillo.

Y es que en un mundo en el que crece la desconfianza y las relaciones internacionales flaquean ante la polémica del espionaje, El Rastrillo se convierte estos días en una hermosa metáfora sobre cómo un gran proyecto puede unir a las personas por encima de cualquier diferencia. Así, los diversos «stands» hacen del recinto de la madrileña Casa del Campo una suerte de mapamundi donde el visitante puede encontrar un sinfín de productos y materiales originarios de otras latitudes que añaden exotismo a un mercadillo en el que no faltan el toque flamenco y castizo. Además de los vecinos franceses y portugueses, Chile, Argentina, Perú, Filipinas, Marruecos y Hungría se han sumado a la causa y mantendrán sus «stands» en la Casa de Campo hasta el próximo 1 de diciembre, día en el que se clausura El Rastrillo.

La buena sintonía que se respira en el mercadillo no es una novedad, ya que algunos de los colaboradores internacionales llevan décadas formando parte de este proyecto,que enriquecen con productos difíciles de adquirir en nuestro país y que constituyen uno de los mejores reclamos para los asistentes. Isabel T. Salinas, esposa del embajador de Filipinas, Carlos Salinas, representa a uno de los países con mayor tradición en El Rastrillo, en el que participan desde hace 20 años. Esta edición será muy especial para ellos, ya que la mitad del dinero que recauden se destinará a las víctimas del desastre causado por el tifón «Haiyán». «Doña Pilar se acercó a nuestro puesto y nos transmitió su cercanía», comenta Salinas. Tanto ella como su esposo reconocen la importancia de iniciativas de este tipo y, desde que les destinaron a España, acuden personalmente a respaldar el proyecto.

Otra de las consortes diplomáticas que participa activamente en el mercadillo es Cecilia Flores, esposa del embajador de Perú Francisco Eguiguren. «Tenemos muchos productos de exportación y seis estupendos puestos de comida peruana», asegura, no sin antes aclarar que para el suministro de sus productos cuentan con el apoyo de varias empresas. Entre los principales atractivos de su «stand», Flores destaca la pintura cuzqueña, que define como «un producto especial», así como las prendas de alpaca y la platería: «Lo hemos traído todo de Perú». Joyas autóctonas que sumergen al visitante en la magia de otros países y le permiten, por qué no, hacer turismo sin salir del recinto de la Casa de Campo.

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CECILIA FLORES

Quién es: esposa del embajador de Perú, Francisco Eguiguren.

Años en El Rastrillo: 24.

Puesto: Perú.

«Tenemos vocación de poder aportar algo nuestro al Rastrillo»

Llevan ya más de dos décadas trayendo un trocito de Perú al corazón de Madrid. «Todo es magnífico aquí, estamos muy contentos», comenta desde su «stand», que define como «más vivo, alegre y vistoso» que otros años. Entre sus principales atractivos: el gastronónico. «La mejor comida de Perú puede degustarse aquí», asegura.

ISABEL T. SALINAS

Quién es: esposa del embajador de Filipinas, Carlos Salinas.

Años en El Rastrillo: 3.

Puesto: Filipinas.

«Es increíble comprobar cómo cada año crece la solidaridad»

Hay una doble motivación en su causa aunque el objetivo es el mismo: ayudar a los que más lo necesitan. «La mitad de lo que recaudamos se destina a las víctimas del desastre en Filipinas, y la otra, a Nuevo Futuro», comenta. Le sorprende gratamente que la solidaridad crezca cada año «y más en un momento como éste».