España

Embridar a las comunidades por Carmen Gurruchaga

La Razón
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El ministro de Hacienda controla trimestralmente cómo van las cuentas de las comunidades y, en breve, podrá hacerlo a tiempo prácticamente real. Es la única forma de que a final de año no suceda como al inicio de la legislatura de Rajoy, cuando supimos la gran desviación del déficit en la que habían incurrido casi todas las comunidades. Aquellos polvos trajeron estos lodos y el excesivo e incontrolado gasto autonómico generó mucha desconfianza en nuestros socios y que los mercados nos atacaran debido a que al final de las cuentas de 2011 nuestro déficit era del 9% del PIB, en lugar del 5 pactado por Zapatero con la UE. Para evitar una debacle similar y que España no tenga la mínima oportunidad de salir del agujero, resulta imprescindible embridar a las comunidades autónomas, hasta el punto de que aquella que cometa desmanes pueda ser intervenida por el Estado; de la misma manera que la troika internacional intervino Portugal, Irlanda o Grecia al mostrarse incapaces de controlar sus gastos. En España se sabe a ciencia cierta que la mayor parte del presupuesto se lo llevan los gastos de personal, Educación y Sanidad, por lo que está claro de dónde hay que recortar. Los ajustes tienen que llevarse a cabo con inteligencia, utilizando óptimamente el dinero y haciendo el menor daño posible, pero todos sabemos que no existe otro remedio, amén de tener maniatados a los ministerios de gasto, como Fomento. El sentido común también indica que en lugar de que las tres administraciones –local, autonómica y nacional– ofrezcan una misma prestación, sea una de ellas la que la proporcione. Pero desafortunadamente, esta realidad significa que al desaparecer las duplicidades se eliminan puestos de trabajo.