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José Luis Alvite: «Para la cobardía soy muy valiente»

Con firma propia. Profesión: periodista. Nació: en 1949, en Santiago de Compostela. Por qué está aquí: por su libro «Humo en la recámara. Historias del Savoy» (Ézaro). 

José Luis Alvite: «Para la cobardía soy muy valiente»
José Luis Alvite: «Para la cobardía soy muy valiente»

–«Humo en la recámara»: ¿Hu-mo eres y en humo te convertirás?
–Seré humo hasta el final.

–Le dijo a nuestro director que no le hace la pelota por desidia. ¿Qué otras cosas no hace por desidia?
–En general, fracaso por desidia. No dejo los vicios por desidia. Los cogí por desidia y los mantengo por desidia.

–¿En qué vicio persevera con ahínco?
–En el de fumar. El tabaco no me deja tiempo para otras cosas.

–¿Cuáles fue dejando por el camino?
–La noche, casi el alcohol. Las mujeres no las dejas: te dejan.

–¿Sabe por qué se hizo periodista?
–Mi padre, mi tío y mi abuelo lo eran. No elegí, caí ahí. No había otras muchas cosas peores que hacer.

–¿Cómo explica que le adoren las mujeres siendo misógino?
–Los misóginos les gustan a las mujeres. Y los aduladores les aburren.

–Ha conseguido ser un tipo raro. ¿Le ha costado mucho?
–Me ha costado poco: es cuestión de dejarse ir cuesta abajo. Lo duro es mantenerse ahí abajo.

–Tiene fama de no importarle el dinero y de descuidado...
–Fama merecida. No soy ambicioso. El método y el orden requieren de un esfuerzo que no estoy dispuesto a hacer.

–¿Qué le falta para rubricar su leyenda de tipo irónico, misántropo, depresivo, cínico y pesimista?
–Que me embarguen las manos con las que escribo.

–Quizá todo eso sólo sea una máscara. ¿De qué se esconde?
–De mí mismo, de mi miedo a reconocerme. No me identifico ni ante la Policía.

–Al final resultará que es un tipo tierno...
–En la madrugada, cuando el cansancio y el remordimiento, aparece la ternura.

–Para ser cobarde hay que tener muchas agallas, dice. ¿Las tiene?
–Para la cobardía soy muy valiente, muy entregado.

–De todos los errores que ha cometido, ¿a cuál le ha sacado más partido?
–A la soledad. He sido y soy muy solitario. La soledad perjudica el equilibrio mental. Pero para escribir es mejor el desequilibrio.

–¿Por qué siempre que le leo me entran ganas de suicidarme dentro de 50 años?
–Está bien la angustia a largo plazo. Yo me suicidaré dentro de unos 55.

–Le iré pidiendo un gin-tonic en la barra del Savoy...