Objetivo cumplido

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Ya podemos contar con una consecuencia positiva de la crisis económica: la desaparición de la Mostra de Valencia, un evento que debería haberse eliminado hace años. Nuestro certamen de cine jamás ha tenido la aceptación del público durante sus treinta años de existencia, ni de la crítica, ni de los profesionales del séptimo arte. Más aún, en alguna ocasión hasta ha sido motivo de escándalo mediático por sus métodos de gestión. Sólo faltaban las declaraciones del actual director «me ocupo del certamen por las noches en casa». Además, jeta.
Desde que se alumbró, no ha pasado de ser un festival marginal y, en ocasiones, cutre. Como afirmaba ayer el primer teniente alcalde, Alfonso Grau, «en una situación tan dura económicamente, el mejor servicio que puede prestar a los valencianos es suspender durante unos años». Espero que esa suspensión incluye para siempre.
La alcaldesa acierta al tomar esta decisión que, a decir verdad, le rondaba por la cabeza desde hace tiempo. Ahora el 1,7 millones de euros que costaba este festival, tendrán mejor destino. Es una pasta. Así es la vida.