Yes we Spain

La Razón
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Carlos Latre es un genio, un talento indescriptible. Destila ingenio. Usa el fútbol como hilo conductor de historias, bien pensadas y mejor escenificadas, donde sólo «La Roja» es capaz de hacer país, convertida en elemento vertebrador que a todos encandila. Asistí al estreno. «Yes, we Spain» relata la realidad sociopolítica que los ciudadanos sufrimos cada día mientras vemos en el fútbol, y en la Selección, la alegría humilde de las cosas bien hechas. Para Latre, el fútbol de España, con Iniesta como icono por su gol, es el aspecto recurrente de alegría para una ciudadanía doliente. La creatividad de Carlos, su insuperable actuación sobre las tablas, la aparición de personajes increíblemente clavados, lleva el fútbol al escenario del arte y el talento. Nunca me reí tanto. Y, sin embargo, cuando salí del teatro Calderón reflexionando sobre lo visto, entendí que el fútbol, la Selección, enarbolan el único sentimiento nacional de felicidad y encuentro. Tan positivo como preocupante. Esa noche, cantaba en Madrid el joven tenor Andeka Gorrotxategui, un Plácido Domingo con treinta abriles, futuro triunfador del Metropolitan neoyorkino. En el corazón nocturno de la ópera madrileña, El Pimiento Verde de Sito Tejeiro, con el embajador Chencho Arias, con Enrique Bustos, voz de oro, sólo conversábamos sobre la proeza de «La Rojita». España es un cuadro de Velázquez, una escultura de Ruiz Gijón, un libro cervantino. Del mismo modo, Latre y Gorrotxategui se apropian del escenario como la Selección se adueña del fútbol. Placeres inteligentes.