Mohamed VI moviliza el Estado para controlar la ciberrevuelta marroquí

El régimen alauí silencia las manifestaciones convocadas mañana

Osama el Khlifi, líder del movimiento «Democracia y Libertad» y uno de los jóvenes que encabezan las protestas, durante la manifestación del pasado sábado
Osama el Khlifi, líder del movimiento «Democracia y Libertad» y uno de los jóvenes que encabezan las protestas, durante la manifestación del pasado sábado

Rabat- «En Marruecos no pasará lo mismo que en Egipto o en Túnez». Mohamed, un hombre de unos 50 años embutido en una elegante chilaba beige, muestra una seguridad aplastante. Ha oído que mañana están convocadas manifestaciones en las principales ciudades del reino alauí para reclamar cambios constitucionales, una monarquía parlamentaria y más libertad. Pero él no ve un problema político: «El problema es el trabajo para los jóvenes», sentencia.

Otros ni siquiera tienen idea del llamamiento, hecho a través de internet, del autodenominado «Movimiento de Jóvenes del 20 de febrero». Quizá por miedo o por desconfianza, Kemal, un estudiante de la Escuela Superior de Informática y Tecnología, se hace el sordo cuando le pregunto si está a favor de los cambios que piden los convocantes de la manifestación. Sólo cuando insisto exclama «¡el rey es bueno!», entre las risas de sus compañeros.

Y es que la figura del rey es lo único que parece incontestable a estas alturas. Ni siquiera los convocantes de las protestas, a los que se han unido varias organizaciones de derechos humanos, los islamistas de Justicia y Caridad y algunos pequeños partidos de izquierdas, han osado sugerir que Mohamed VI abandone el poder.

Los opositores piden, eso sí, cambios constitucionales que podrían afectar profundamente a la estructura del Estado si se aceptasen. La mera petición de una monarquía constitucional «a la española» significa debilitar los poderes casi absolutos que ostenta el rey. «Pero dudo mucho de que eso vaya a ocurrir», afirma una fuente de la minoritaria iglesia católica en Marruecos que prefiere no ser nombrada.

Entre tanto, la ofensiva oficial contra los convocantes se plasma en casi todos los medios de comunicación. Mientras el tradicional «Le Matin» destaca en su portada la inauguración de un complejo residencial militar presidida por el rey y sólo reseña en un suelto que «dos asociaciones desmienten su participación en los preparativos» del 20 de febrero, el semanario «Le Temps» titula en su última edición «Yo amo a mi rey» y añade que «en Facebook los jóvenes multiplican las declaraciones de amor para Mohamed VI». «La Nouvelle Tribune», por su parte, titula en portada «La marcha del 20 de febrero, psicosis, intoxicación y manipulación...».

Lo cierto es que, a 24 horas de la manifestación, la duda persiste: ¿serán 100, 1.000, 10.000... los que se manifiesten? Nadie lo sabe y pocos se atreven a hacer un pronóstico más allá de los propios convocantes, que esperan reunir a decenas de miles, o los detractores de la protesta que la vinculan al islamismo «incontrolado» o a Argelia y al Frente Polisario.

A falta de saber quién anima las protestas, el Gobierno se ha apresurado estos días a contentar a distintos sectores potencialmente problemáticos. Por ello anunció que destinará otros 15.000 millones de dirhams (1.400 millones de euros) a subsidiar los bienes de primera necesidad y promete crear 2,5 millones de empleos antes de 2020. Marruecos no quiere ser la siguiente ficha de dominó en caer en el mundo árabe.


«M6manía»: la corona es todo
- Nadie en Rabat pone al rey Mohamed VI en el centro de la diana de las protestas. A pesar de que muchos critican la corrupción, y la sitúan en la esfera del poder, todos muestran una fidelidad sin ambages hacia el gobernante más joven del Magreb. Mohamed VI disfruta de un aura que no tienen el resto de sus colegas norteafricanos. Aquí se habla de «M6manía». Las críticas quedan para los políticos, especialmente para el primer ministro, Abbas el Fassi, que se lleva la peor parte. El rey es prácticamente intocable en un país unido en la corona.