Atlético de Madrid

Alicante

Manzano el profesor examinado

Gregorio Manzano
Gregorio Manzanolarazon

Un buen empleado; por María José Navarro

Si sienta definitivamente a Reyes, me tendrá para siempre de su parte, aunque para eso haya tenido que soportar que el de Utrera le falte al respeto.
Gregorio Manzano, para que las cosas estén claras desde el principio, no es santo de mi devoción. Hombre, mejor que Quique Sánchez Flores ya me cae, pero tampoco es que hubiera que superar un nivel estratosférico sino simplemente mejorar la alergia que me provocaba el entrenador más tremendista y tribunero que ha pisado el Calderón en mucho tiempo. A Manzano ya le conocíamos en el Manzanares y sabíamos de su enorme facilidad para provocar el bostezo general y lo que llevamos aprendido en lo que va de temporada es que se da cuenta de las cosas mucho más despacio que la grada. Por ejemplo, le ha costado Dios y ayuda comprender que Adrián tiene que jugar siempre, detalle que los abonados entendieron nada más verle funcionar en los pocos minutos de los que disponía hasta ahora. A estas alturas se deben Vds. estar preguntando qué hago a este lado de la página. Bien, vaya por delante que Gregorio me parece buena persona y, sobre todo, un buen empleado. Es un hombre decente que cumple a la perfección con lo que se le manda y al que le cuesta salirse del guión establecido por los dueños. Bien es verdad que si sienta definitivamente a Reyes, me tendrá para siempre de su parte, aunque para eso haya tenido que soportar que la «Perla de Utrera» le falte al respeto. Y es que Gregorio es buena gente. Tan buena que ha tenido corazón para volver a un equipo dirigido por dos tipos letales que cuando miran al césped no distinguen entre la mascota y el fichaje estrella y que están acabando con la dignidad de un club que fue respetable hasta que ellos pusieron un pie en sus instalaciones.

 

Ese compañerismo...
Tenía pactadas con Del Nido las condiciones para cuando tocase limpiar a Antonio Álvarez... Se lanzó en picado sobre el cadáver de su antecesor.
En Sevilla, en los ocho meses que estuvo, conocimos en Gregorio Manzano a un entrenador competente. Suele alinear a los once mejores, lee los cambios adecuados y trata de que sus equipos jueguen a la pelota. Son tres cualidades que habrían de suponérsele a cualquier técnico de Primera, pero no son tan frecuentes. ¿Por qué criticar entonces al bueno de Goyo? Pues porque desde antes de empezar la temporada ya tenía pactadas con Del Nido las condiciones para cuando tocase limpiar a Antonio Álvarez, un remiendo en el que nadie creía pese a ganar la Copa y meter al equipo en «Champions». Revoloteaba desde verano (ay, ese inexplicable fichaje de Alexis muñido por su representante…) y se lanzó en picado sobre el cadáver de su antecesor: a las siete de la tarde se perdió en Alicante y antes de la medianoche fue anunciada su contratación.

¿Cuánta gente cobra del Atlético de Madrid gracias a los buenos oficios de Manuel García Quilón? Desde el director deportivo hasta el entrenador, pasando por un buen número de jugadores (Filipe Luis, Gabi, Mario Suárez…), a nadie escapa que este representante tiene mano con quienes mandan en el Calderón. El entorno de Joaquín Caparrós, que al menos en Sevilla dejó mucho mejor sabor que Manzano, asegura que cuando el utrerano se negó a entrar en la «cuadra» de Quilón se fastidió su fichaje por el Atleti. O sea, que si las cosas siguen sin funcionar a orillas del Manzanares, no hay más que echar un vistazo a la lista de entrenadores en paro que tiene este buen hombre en su cartera de clientes para intuir la identidad del sustituto del jiennense, que, para colmo, se ha peleado con Reyes, su mejor futbolista.