De ruta por el jardín de Francia

La silueta de portentosos castillos a orillas del río Loira da vidaal «valle de reyes», la región que enamoró a Leonardo Da Vinci 

De ruta por el jardín de Francia
De ruta por el jardín de Francia

Ven al Loira» recomendaba Balzac hace ya casi dos siglos, «si lo que te agrada es contemplar la naturaleza bella y viva de una prometida». El novelista hablaba del bautizado como Jardín de Francia, el Valle del Loira, cuya explosión arquitectónica se debe, paradójicamente, a un desastre militar: el de Azincourt (1415), tras el que la corte de Carlos VII se vio obligada a huir desde un París asediado por los ingleses a Turena. Olvidados aquellos fantasmas, hoy presume de ser el mayor espacio galo declarado Patrimonio Mundial de la Unesco. Un destino cada vez con más empuje, gracias a su combinación de arte, cultura, actividades en familia y gastronomía.
Tomando como punto de partida la bella Orleans, a donde cada mañana llegan los tren-hoteles de Elipsos alrededor de las 7:30 de la mañana procedentes de Barcelona y de Madrid, el trazado de una ruta por el valle permite al viajero descubrir una parte mágica de Francia.


Sus célebres castillos constituyen el principal ingrediente de la región, que simboliza como ninguna otra la «grandeur» francesa. Pasear por las fortificaciones, en cuyas habitaciones se decidió el futuro de Europa, resulta imprescindible para comprender y conocer este «valle de reyes». Porque sólo después de visitar Chambord uno se termina de convencer de que en su parcela se podría levantar todo París. Este castillo, residencia con la que Francisco I quiso demostrar al mundo su poder, pero en la que apenas durmió treinta noches, es el ejemplo más claro de grandiosidad arquitectónica puesta al servicio de la propaganda regia. Sus más de 400 estancias, sus 365 chimeneas y sus 84 escaleras dan fe de ello.


Otro punto fijo en la ruta debe ser Amboise, a donde Leonardo Da Vinci fue llamado por Francisco I para que ideara el palacio real de Romorantin. El artista disfrutó de la protección del monarca hasta el punto de que su residencia estaba conectada por un paso subterráneo con el Castillo de Amboise, en donde también se puede visitar la presunta tumba del italiano.
Junto a Amboise y Chambord, destacan por su belleza los castillos de Chenonceau, conocido como el «de las damas» por las historias de amores, celos y duelos que sus paredes contemplaron; el de Ussé, que inspiró a Perrault en la creación de «La bella durmiente», y el de Cheverny, transformado en «Moulinsart» por el dibujante Hergé para dar cobijo en las páginas de sus comics al mejor amigo de Tintín, el Capitán Haddock.


Y por supuesto, Chaumont sur Loire. Este castillo, a caballo entre la Edad Media y el Renacimiento, y escenario de las disputas mantenidas entre dos de sus propietarias –la reina Catalina de Medicis y la amante de su marido, Diana de Poitiers–, no sólo impresiona por la apabullante silueta que se vislumbra poco antes de cruzar el puente levadizo. También es visitado por albergar en sus instalaciones obras de prestigiosos artistas contemporáneos y, muy especialmente, por acoger desde 1992 el Festival Internacional de los Jardines, que desde abril a noviembre convierte un paseo en torno al castillo en un deleite para los sentidos.

Parada y fonda en Blois
Entre castillo y castillo, en su mayor parte construidos lejos de grandes núcleos urbanos con la intención de que sus aristocráticos dueños encontraran el descanso que buscaban, el visitante acertará si se decide también a conocer las hermosas ciudades que salpican el valle. Además de Chartres y de su famosa catedral, y de Orleans, la localidad que convirtió en mito a Juana de Arco, resulta especialmente atractiva la visita de Blois. Su castillo está enclavado en el corazón mismo de la ciudad, a la orilla de Loira. Las vistas desde su terraza, la mezcla de estilos arquitectónicos que puede contemplarse desde el patio, y que permiten estudiar las distintas fases de su construcción, y la huella que el arquitecto de la prodigiosa Sainte Chapelle parisina dejó en la Sala de los Estados Generales justifican, más que de sobra, el desvío hasta Blois.


Junto a la notable oferta gastronómica y de vinos que ofrece la región, otro de los atractivos que ha permitido al Loira crecer como destino turístico ha sido la infinidad de actividades que ofrece para toda la familia. Más de 800 kilómetros del valle pueden descubrirse a ritmo de pedal, gracias al proyecto «El Loira en bicicleta», que conecta Orleans, Blois, Tours, Saumur, Anger y Nantes. En Chambord, por ejemplo, las posibilidades se multiplican, ya que el paseo puede ser en calesa, en burro o en 4x4. A ello hay que añadir los espectáculos ecuestres que presentan las caballerizas del castillo entre mayo y octubre.


 Los más pequeños son los protagonistas de las representaciones con disfraces que organiza el castillo de Sully sur Loire en torno a historias de caballeros y princesas. Pero también pueden sentirse herederos del gran ilusionista Robert-Houdin asistiendo a los espectáculos que ofrece la Casa de la Magia de Blois. Magia, precisamente, como la que inunda cada rincón de un valle con tanta historia a sus espaldas como futuro.
 

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