Debate agotado

La Razón
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La pregunta es tan sencilla como irresoluble: ¿sobre qué van a debatir Zapatero y Rajoy? Este mediodía comienza en el Congreso el último Debate sobre el Estado de la Nación de José Luis Rodríguez Zapatero. Lo que podía haber sido, sin más, un debate entre sentimental y afectivo de alguien que ha estado ocho años en La Moncloa, se va a convertir en una triste aparición de un presidente que está cerrando el chiringuito de mala manera y con una precipitación que no hace muchos meses era impensable. Zapatero llega al Debate –en teoría el más importante del año– sin fuelle, con la cabeza puesta en su marcha y con la preocupación permanente de algo que ya es imposible ocultar: un pulso sistemático con el candidato Alfredo. Durante las primeras semanas se esforzaron en guardar las formas, intentando ofrecer una imagen de armonía. Ahora ya nadie oculta que la realidad es muy diferente. Y mientras el presidente sólo piensa en acabar la legislatura, el candidato ha tomado las riendas del Gobierno y del PSOE con la intención de llegar de la mejor manera posible a las elecciones; una cita que Rubalcaba sigue empeñado en adelantar a finales de otoño. Con todo, este Debate se va a convertir en un juego dialéctico sin ningún contenido. Es como el último acto de una función de la que ya conocemos el final, que además de dramático se hace urgente. Por lo que la pregunta es tan sencilla como irresoluble: ¿sobre qué van a debatir Zapatero y Rajoy? Ya se han dicho de todo, se conocen perfectamente; uno está desfondado y el otro a la espera de ganar unas elecciones; uno pasa de política y el otro sabe que se la juega en las próximas elecciones; uno tiene el partido y el Gobierno hecho unos zorros, el otro avanza en volandas hacia el poder. Zapatero ha terminado un ciclo. Lo ha agotado hasta la extenuación. Rajoy está en puertas de comenzarlo. En definitiva, es un Debate en el que está todo dicho y repetido; y en el que obligatoriamente hay un vencedor, hay un perdedor y hay un espectador. El vencedor es Rajoy, el perdedor es Zapatero y el espectador es Rubalcaba. Es triste para un presidente presentarse en un Debate de estas características sabiendo que tiene perdido el partido de todas, todas. Es triste para él y muy duro para Pérez Rubalcaba, que según van pasando las semanas transmite un ánimo más bajo y un tono más diluido. El partido es para Rajoy. Nadie lo discute, aunque quizá también por eso los focos estarán puestos sobre él con toda la atención. No en vano, él se va a encargar –tiene todas las papeletas– de sacarnos de este pozo negro de la crisis. Rajoy no deberá pues confiarse; hoy en teoría es un Debate sobre el Estado de la Nación, pero para muchos ciudadanos se va a convertir en un ficticio Debate de Investidura. Por ello el presidente del PP tendrá que presentarse con soluciones para la crisis. Quizá no es el guión oficial; pero es lo que toca.