Tony Leblanc : «Me he dado cuenta de que hacer reír es una cosa muy seria»

Noventa años no son nada, si se viven entre éxitos y rodeado de una gran familia. O son mucho, si se echa la vista atrás y se ve el largo camino. Como él mismo recuerda, hoy no cumple sólo nueve décadas, sino 83 años en la profesión, porque, sí, comenzó en el oficio de actor a los 7, en el teatro. Luego llegarían las variedades, el cine, la televisión... Y en todos triunfó. Hasta un desgraciado accidente, también a las puertas de su cumpleaños, un 6 de mayo de 1983. Después, muchas operaciones, dolor y olvido... Y un cineasta en ciernes llamado Santiago Segura que se acordó de él para «Torrente» y le puso un Goya bajo el brazo. En su casa de Villaviciosa de Odón, rodeado por tres de sus ocho hijos, Tony, Julio y Mari Carmen, y un yerno Óscar al que quiere «como a un hijo», Tony Leblanc recibe a LA RAZÓN y habla con entusiasmo de estas páginas: «Uno de los periódicos más grandes que se ha hecho en España», nos regala con generosidad. Y lee muchos, asegura, igual que sigue al tanto de las revistas, la televisión –recuerda que él protagonizó las pruebas, en Paseo de La Habana, para las primeras emisiones en España–, la radio por supuesto... Y de todos habla bien. Quizá por eso, además de por su talento para la comedia, sigue siendo uno de nuestros actores más queridos.

-Felicidades por sus primeros 90 años. ¿Dispuesto a otros tantos?
-Muy dispuesto, no. Ya te sientes con ese temor de verte no viejo, pero sí con muchos años. No aparento ser anciano, pero los 90 años no me los quita nadie. Me ha costado llegar, como a todo el mundo. He trabajado, como maestros, notarios... He sido un estudiante de mi carrera. Los medios de comunicación ahora recuerdan que soy el actor más veterano: empecé a los 7 años en Usera, con «El contrabando», de los Álvarez Quintero, en el colegio. Estuve hasta los 10, luego aprendí a bailar claqué. Llegó esa desgraciada, maldita, olvidable Guerra Civil, y seguí bailando. Como actor, hice muchas cosas. Trabajé con mi padre, que era conserje en el Museo del Prado, donde yo nací, un 7 de mayo de 1922, a las cinco y cuarto de la tarde.

-Parecía ya predestinado a ser alguien especial.
-Sí, ¡nacer entre tapices de Goya! Es algo para ser famoso en el mundo. Si hubiera sido arquitecto, filosófofo, albañil, sociólogo, lo que sea, hubiera sido quizá conocido, pero nunca tan conocido, primero, luego popular, y ahora famoso, algo que también me cae un poco gordo. Suena bien, pero no vivo para eso. Yo vivo porque mi profesión ha sido muy rica, he actuado y soy autor de música. No soy músico, no escribo ni leo música, pero tengo 380 canciones. En el siglo XX me decían hace muchos años «el increíble Tony Leblanc». Pero, si lo he hecho bien, he cumplido con mi deber, nada más.

-Y ahora, ¿cómo ve el país?
-Ahora que estamos en una crisis que, si Dios quiere, se va a arreglar, poquito a poco, la lucha es grande, hay que acercarse, como ha dicho el Rey, arrimar el hombro. Que hay que pagar tributos que suben, por supuesto: a nadie le gusta pagar más. Pero hay que hacer un esfuerzo, sobre todo por los pobres, por el paro terrible. Dios querrá que esto se arregle, porque España es grande. No soy especialista en querencias o ideales, tampoco en cuestión de fe: soy católico, bueno, como ya quisieran otros, y Dios me ha dado mucha suerte, desde que tuve aquel accidente espantoso. Estando parado en un arcén, viniendo a Madrid desde Benidorm, otro coche me dio de frente. 29 años y 39 operaciones después, todavía vivo. Pero, si me he quejado de los dolores que sufro, pido perdón a todos los minusválidos. Cuando los veo en los Juegos Paralímpicos, me parecen grandiosos.

-Siempre dice que su accidente fue una canallada...
-Sí, un criminal de esos que aún hay por las carreteras. Pero hay que tener fe: yo, que soy creyente, cristiano, le pido a Dios que España se arregle para todos. Es difícil, siempre hay paro. Pero España tiene que volver a ser lo que fue: lo mejor de Europa. En algunos países europeos se ha dicho que somos el culo de Europa, de la envidia que se nos tiene. Ningún país europeo es mejor que España en arte, en comida, en el decir y el hacer. A mí, con 90 años, me espera un túnel ennegrecido, y no veo la salida. Como he dicho tantas tonterías en esta vida, como he querido tanto y he sido tan feliz, diré una más: daría mi vida por seguir viviendo.

-Esa frase sólo puede venir, corríjame si me equivoco, de alguien que ha disfrutado mucho...
-Sí, he vivido y disfrutado mucho. pero también he sufrido bastante. Cuando murió mi madre, trabajé. No me lo exigía el contrato, que me daba un día o dos de descanso, pero en ese tiempo no se quita la pena. Y yo tenía que salir a hacer reír cuando mi corazón y mi mente lloraban. Debo mucho a los medios de comunicación, que me han aplaudido las tonterías que he hecho.

-¿Con qué se ríe usted?
-Con mis compañeros. Si soy el actor más querido, el más polifacético, es porque he hecho cosas diferentes, pero no soy mejor que nadie. Soy uno de los mejores actores que ha habido en España, y el más polifacético. No ha existido ningún otro con 83 años de profesión. Por no añadir que me casé dos veces. Llevo casado con mi Isabel 61 años, tengo ocho hijos, normales, muy guapos y buenos, a los que quiero mucho. Tengo el privilegio de haber nacido español. Eso es un regalo que me ha hecho Dios. Mejor que España no hay nada. ¡Si hasta se llevaron miles de parejas de cerdos a EE UU para tener el jamón de Jabugo y nunca han logrado que sea igual! Hace mucho tiempo que me di cuenta de que hacer reír es una cosa muy seria.

-Me hablaba de los otros cómicos... Menuda generación la suya.
-Había unos actores fenomenales, los mejores. Entre ellos, el catedrático fue Fernán Gómez. Sin ser amigos, aunque hicimos tres películas juntos, Fernando decía una frase sobre mí: que yo tenía, artísticamente, un gran defecto. Se lo oí varias veces, le pregunté, y me dijo que era un «defecto imperdonable». Conseguí que otros me lo dijeran en vez de él: «Todo lo que hace lo hace bien», decía. Es uno de los piropos más bonitos que he recibido. Como otro de Luis Escobar, en su biografía, que dice que soy «actor de múltiples talentos». En un país como España, acostumbrados a que todo son genios, se me puso el vello de punta.

-Paró durante años, y ahora, cuando le llama su amigo Segura, no le dice que no.
-Es que es un placer trabajar para él. Vino aquí, con el primer «Torrrente», a llevarme al cine, cuando yo estaba en una silla de ruedas. Leí el guión, con Isabel, y vimos que era un viejito inválido. Santiago Segura es un sinvergüenza grandioso: hacer reír con ese mal hijo, mal padre, guarro, pajillero, no lo han logrado ni los norteamericanos. Segura es algo distinto: cuatro Torrentes en los que, es tan fuerte lo malo, que provoca la risa. Eso no lo hacían ni Chaplin, ni el Gordo y el Flaco, ni mi querido «Cantinflas». Él se la ha jugado en cuatro películas, que tiene un mérito tremendo. Después de mi accidente, me sacó, y aquí sigo haciendo piruetas.

-Si hubiera una quinta entrega, ¿volvería a trabajar con él?
-Me quiere mucho, y dice que no hay nadie que me admire más que él. Lo mínimo que puedo decir es que es genial en la forma de hacer reír. Luego, la crítica le pega, porque el personaje es duro, pero te hace reír: es un atrevimiento exquisito.

 

Una serie que nunca se ha hecho
Leblanc celebra hoy su cumpleaños con la vista puesta en la salud de su Isabel –61 años juntos–, enferma desde hace dos meses. «Si ella no sale del bache, Tony Leblanc habrá terminado de actuar para siempre», dice rotundo. Aunque proyectos no le faltan: «Si Dios quiere, si Isabel saliera, voy a hacer un programa que no ha hecho nadie: tengo una serie, para España, que no se ha hecho nada parecido. Los talentos que hay van a decir: ¿cómo no se nos había ocurrido? Será un compendio de cientos de cosas», explica el actor y director. Su propia salud es frágil desde hace años: «De las tres arterias grandes del corazón, tengo dos perfectas, pero la tercera se ensució y no permitió poner un marcapasos. Tengo un corazón libre, pero muy herido: con cualquier pequeño sobresalto puedo irme de esta vida. No tengo miedo: me iré cuando Dios quiera», asegura.