Academias: el Gobierno quiere atarlas en corto

Tras la polémica suscitada entre ciertos sectores por el Diccionario Biográfico, el Ejecutivo anuncia que quiere «modernizar» estas instituciones, independientes a lo largo de su larga historia

La izquierda convocó hace unos días una manifestación frente a la Real Academia de la Historia
La izquierda convocó hace unos días una manifestación frente a la Real Academia de la Historia

Las Reales Academias forman desde su fundación uno de los pilares del conocimiento y la investigación científica y humanística en nuestro país. La reciente polémica que ha desencadenado el diccionario Biográfico, impulsado por la Academia de la Historia, ha puesto a estas instituciones en el centro de la opinión pública. El Gobierno ha instado, con carácter «inmediato», a corregir algunas de sus entradas, y el titular de la cartera de Educación, Ángel Gabilondo, durante el transcurso de una sesión parlamentaria, ha reconocido que en estos momentos se está «en el proceso de modernizar las academias». ¿Puede el Ministerio de Educación realmente intervenir en ellas? Uno de los académicos consultados por LA RAZÓN, que prefiere que su nombre no se mencione en este artículo, explica que el ministro se refiere a las reformas de los estatutos emprendidas recientemente por algunas de estas sedes. El trámite exige que Educación remita las normas aprobadas en el seno de estas instituciones al Consejo de Ministros para su ratificación y posterior publicación en el BOE. Es, por este lado, un vínculo de carácter administrativo. Esta misma persona señala que «las academias tienen una personalidad jurídica propia y gozan del alto patrocinio de la Corona, como está reconocido en la Constitución». Un presupuesto que zanja cualquier posibilidad de intervención o injerencia. Dichos organismos son independientes, autónomos y regulan y normalizan su propia vida académica.

Ante el Tribunal Supremo
Salustiano del Campo, que dirigió el Instituto de España –un órgano creado en 1938 para la coordinación y colaboración entre las distintas academias– y que, advierte, no quiere que sus palabras se interpreten o se utilicen como ariete contra el ministro, comenta: «No puedo decirle lo que él entiende por modernizar las academias o la educación en cualquiera de sus diferentes grados». Después, puntualiza: «El ministro pretende reordenar el Instituto de España (IdE) con un decreto de septiembre de 2010. Personalmente, como académico y presidente en ese momento de la institución, interpuse un recurso ante el Tribunal Supremo». Después de una pausa, aclara: «Lo que entiende por modernizar no es lo que se entiende por modernizar en una democracia. El decreto es característico de los regímenes autoritarios. Las leyes son democráticas y sí que son algo modernizador. Las Academias deben regirse por leyes y no por decretos». Cuando se le pregunta si esta reforma del IdE puede considerarse como una injerencia o un primer paso para recortar la independencia de estas casas, responde con un hecho: «Yo sólo cito datos. Fui nombrado en 2003 para un mandato de ocho años, como dictaba la norma. Se me cesó uno antes de acabar mi mandato. Califíquelo como quiera».

Posiciones encontradas
El presidente de la Real Academia Nacional de Medicina, Manuel Díaz-Rubio, percibe los trámites del IdE de una forma distinta: «Antes acogía a todos los académicos. Ahora es una agrupación de academias. Para mí, el Ministerio de Educación ha intentado con esta medida adecuar las academias a la vida actual. No aprecio ninguna injerencia». Díaz-Rubio especifica un detalle: «Los estatutos de nuestra Academia eran de 1967. Hemos aprobado hace unas semanas su reforma. Pero su modificación se emprendió por nuestra iniciativa. No ha sido por el Gobierno o el Ministerio». Tampoco olvida mencionar las subvenciones que reciben del departamento de Gabilondo, unas partidas procedentes de los presupuestos generales del Estado, un detalle que también subraya Francisco Rodríguez Adrados, miembro de la Real Academia de la Historia y de la Academia Española:«Las academias son independientes, pero mantienen una relación con el Gobierno, que los ayuda mediante subvenciones. Pero ahora nos sorprende con esta intervención, que entra en un terreno peligroso. Al principio de todos los volúmenes de esta obra se especifica que el responsable de cada entrada es la persona que la escribe y no la RAH. No entendemos esta campaña».

Una de las acusaciones que se han escuchado estos días afirma que las academias no están en el siglo XXI. Unas palabras que Díaz-Rubio refuta: «La gente puede ver la página web que tenemos. Y nuestras sesiones son abiertas. Pueden participar pacientes, ciudadanos, y se distribuyen on line. Estamos en Facebook, Twitter, Youtube, y el catálogo de la biblioteca está abierto a consultas. Estamos imprimiendo un diccionario de términos médicos y preparando un museo de Medicina. Y hemos firmado un acuerdo con Google para digitalizar los fondos y ponerlos a libre disposición en la red».

El proceso modernizador aludido por el ministro comienza en el seno de estas instituciones, parece, y no en el Gobierno. Los estatutos se aprueban en Consejo de Ministros a través del Ministerio, pero las propuestas provienen de los miembros que integran estas instituciones. El 27 de mayo, por ejemplo, se aprobó la modificación de los Estatutos de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas. Dos puntos llaman la atención. El primer artículo afirma: «Especificar la limitación en la duración de los cargos, tanto para la Presidencia como para los demás cargos académicos». El segundo: «Asentar de forma clara el quórum exigido en las elecciones de académicos y académicas y en las de sus cargos».

Rejuvenecer
María Teresa Miras, presidenta de la Real Academia de Farmacia, comenta algunos aspectos que deben corregirse. Defiende una mayor presencia pública de las academias, recalca la importancia de estas instituciones en una sociedad donde la mayoría de las universidades no están bien situadas en los «rankings» y pide que se revise el carácter «ad aeternum» de los puestos. Finalmente recomienda que pueda encontrarse una fórmula para que entren miembros más jóvenes, sin menoscabo de nadie, para que estas instituciones se mantengan vitales, con pulso y conectadas a la sociedad.


Todas las academias
- Real Academia Española, dirigida por José Manuel Blecua.
- Real Academia de la Historia, dirigida por Gonzalo Anes.
- Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, dirigida por Antonio Bonet.
- Real Academia de Ciencias Físicas, Exactas y Naturales, presidida por Miguel Ángel Alario y Franco.
- Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, presidida por Enrique Fuentes Quintana.
- Real Academia Nacional de Medicina, presidida por Manuel Díaz-Rubio García.
- Real Academia de Jurisprudencia y Legislación, presidida por Landelino Lavilla.
- Real Academia de Farmacia, de María Teresa Miras Portugal.