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India

«El príncipe de Persia» el cine como consola

Director: Mike Newell. Intérpretes: Jake Gyllenhaal, Gemma Arterton, Ben Kingsley y Alfred Molina. Guión: Boaz Yakin, Doug Miro yCarlo Bernard.Francia, 09. Duración: 116 min. Aventuras.

«El príncipe de Persia. Las arenas del tiempo»: Cine consola
«El príncipe de Persia. Las arenas del tiempo»: Cine consolalarazon

No nos engañemos: hasta la presente, y esto compete también al filme realizado por Mike Newell (que evolución tan triste y rara la de este tipo, de «Cuatro bodas y un funeral» y «Donnie Brasco» a «La sonrisa de Mona Lisa» o «Fuera de control»), la traslación de videojuegos a la gran pantalla está resultando un fiasco. Y, en la mayoría de los casos, mayúsculo. Las dos entregas de «Lara Croft» (especialmente tremebundas, aunque dicen que la próxima está en marcha...), «Doom», «Alone in the Dark», la con todo rentable factoría que parece no tener fin a medio ni largo plazo «Resident evil»... Pues, insisto, añadan graciosamente desde hoy en la lista, que comienza a ser kilométrica, el título de una de las sagas más famosas de la historia, «El príncipe de Persia», que con un hiperactivo Jake Gyllenhaal hinchado como un pavo en el papel protagonista y más acrobático que Burt Lancaster en aquella del circo, narra la historia del hijo adoptivo del rey Sharaman, que tras derrotar al maharajá de la India le decomisa dos preciados objetos, a saber: una daga bastante hermosa y un reloj de arena con poderes mágicos. Además de capturar a su bella hija.

Entre pitos y flautas, nadie para quieto en la película, de ritmo vertiginoso y textura de serie B y bastante consolera. El noble de mentirijillas salta, ralentiza o acelera movimientos, da botes de increíbles alturas, escala muros, pergeña planes de emergencia y tira ágil de espada con la misma habilidad imposible que su «alter ego» animado. Y aunque el realizador despliegue, paralela a la principal, una cándida historia de amor que tiene chispa, el filme cansa por el superávit visual, lo que tampoco consigue esconder que, en el fondo, oímos la misma canción de siempre. Y así, aunque el guión intente dar alguna que otra sorpresa, los justicieros terminan dándole bambú a los traidores, el amor, triunfando y el héroe debidamente loado por agradecido ramilletes de familiares y amigos. Que para algo, digo yo, le ha dedicado tantas horas al gimnasio.