Un académico con mucho teatro

El actor y director José Luis Gómez ingresa en la Real Academia Española

Viene de los escenarios teatrales. De trabajar de cara al público y, también, a espaldas de él, como director. Es hombre de una trayectoria larga, muy probada, en la dramaturgia y en el celuloide. Y ayer ingresó en la Real Academia Española (RAE). José Luis Gómez cubrirá la vacante que dejó el escritor Francisco Ayala, fallecido en 2009, y que ocupaba el sillón «Z» de la institución. Su elección sucedió a lo largo de la segunda votación por una mayoría «amplia y generosa», en propias palabras del secretario de la Real Academia Española, Darío Villanueva, según manifestó a la salida de la sesión plenaria que se celebró en la sede madrileña de esta institución. Gómez se mostró «agradecido» por su elección y «honrado» con que alguien de su profesión forme parte de una institución «donde se dirimen aspectos esenciales de la lengua». «Creo que el teatro debe estar representado en la Academia», dijo a Efe.

Referencia escénica
La candidatura del actor fue la única que se había presentado en esta ocasión para que se eligiera. Había sido propuesta por Francisco Nieva, que también es un hombre que proviene de la dramaturgia, el filósofo Emilio Lledó y el periodista Juan Luis Cebrián. Ahora, con la presencia de José Luis Gómez, el teatro vuelve a entrar por la puerta grande en la RAE. De hecho, su presencia es fundamental para la concepción, la gestión y la dirección del Teatro de la Abadía de Madrid, que se ha convertido en una de las principales referencias escénicas de la capital y en España. Ahí ha fraguado una manera diferente, personal y realmente creativa de afrontar los textos, la representación de las obras y la escenificación de los montajes. Gómez no ha tenido reparo en afrontar todas las aristas posibles y, en la Abadía, que se inauguró en el año 1995, ha abordado a autores tan distantes entre sí como Valle-Inclán, Juan Mayorga, Agustín García Calvo, Eugène Ionesco, Steven Berkoff y Fermín Cabal. Su curiosidad y su propia inquietud le ha conducido a participar como intérprete en algunos títulos, como en «Las sillas», de Ionesco, ya citada antes; «El señor puntilla y su criado Matti», de Bertolt Brecht, o «Play Strindberg», de Friedrich Dürrenmatt».

Aunque la mayoría del público le reconoce por sus participaciones en filmes muy conocidos. De hecho, su papel en «La familia de Pascual Duarte», en la que encarnaba al protagonista de la novela del Premio Nobel Camilo José Cela, le abrió las puertas a nuevos trabajos y le puso en contacto con directores de la talla de Jaime de Armiñán, Jaime Chávarri, Icíar Bollaín. Manuel Gutiérrez Aragón, Álex de la Iglesia, Pilar Miró, Carlos Saura y Gonzalo Suárez, entre otros. Aunque él ya se había fraguado una gran personalidad en el mundo del teatro. De hecho, su presencia fue aplaudida en varias puestas escénicas que todavía hoy son recordadas por la crítica, como son «Bodas que fueron famosas del Pingajo y la Fandanga», de José María Rodríguez Méndez; «El miuto de Edipo rey», de Stavros Doufexis; «Juicio al padre», de Franz Kafka; «¡Ay Carmela! o «Lope de Aguirre, traidor», de José Snachis Sinisterra».


El primero «sólo actor»
José Luis Gómez será el primer actor que no haya compatibilizado su presencia en las tablas con la escritura. El anterior caso similar sería el de Fernando Fernán Gómez, que, además de actor, escribió entre otros libros la novela «El viaje a ninguna parte», que luego llevó al cine, y la obra de teatro «Las bicicletas son para el verano», que volcó Chávarri en la gran pantalla.