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«Yo también sobreviví a un ictus»

Cada año esta enfermedad afecta a 120.000 personas en España. El estrés y la falta de prevención, factores de riesgo

  • «Yo también sobreviví a un ictus»

Tiempo de lectura 8 min.

21 de febrero de 2012. 03:43h

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21/2/2012

MADRID- «Estoy bien, emocionada de estar aquí hoy. Esto significa más que venir a los Goya». Las palabras de la actriz Silvia Abascal en la noche del cine español, la entrega de los premios Goya, estremecieron a todos los asistentes. Hace diez meses Silvia sufrió un ictus cerebral mientras ejercía de jurado en el Festival de Cine Español de Málaga. En plena clausura y ante la mirada de sus compañeros, se desvaneció a causa de un derrame cerebral. Después de pasar por urgencias, la trasladaron al hospital madrileño Gregorio Marañón donde le diagnosticaron una «malformación cerebrovascular congénita». La causante de su ictus, una enfermedad que ataca  a 120.000 personas al año en España.

«En nuestro centro tratamos entre tres y cuatro casos al día», asegura el doctor Jaime Masjuan, coordinador del grupo de estudio de enfermedades cerebro-vasculares de la Sociedad Española de Neurología. Además, Masjuan también es el responsable de la Unidad de Ictus del Hospital Ramón y Cajal, uno de los seis centros madrileños que cuenta con este departamento. La protagonista  de «La dama boba» acababa de  cumplir 31 años cuando el flujo sanguíneo del cerebro se interrumpió. Una edad en la que es difícil que se desarrolle esta patología si no es por una herencia genética. Un ictus que surge  «antes de los 55 años es  la consecuencia de una malformación congénita de nacimiento. Si se da en menores de 35-40 años se suele producir por la  oclusión de un arteria», añade el neurólogo.
 
El principal causante de esta disminución en la edad de los enfermos que sufren la anomalía es «la  forma de vida actual». El cuidado del colesterol, la diabetes y la alimentación son los factores a los que siempre han apuntado los médicos. Pero no son los únicos. El consumo de drogas, tabaco, la falta de ejercicio  y el estrés también contribuyen en la aparición de este mal neurológico. No obstante, entre menores de 40 años, los antecedentes genéticos son el principal agente activo. Una herencia difícil de identificar porque sus síntomas se desarrollan de manera repentina y «habría que hacer pruebas muy específicas a mucha gente para dar con el problema», subraya el doctor Masjuan. Su desarrollo se puede identificar de manera casual a través de una resonancia que se haya prescrito por otro motivo, pero lo habitual es que el enfermo que tiene esta malformación, lo desconozca.

El ictus puede presentarse en una situación normal, como le ocurrió  a la intérprete madrileña, pero en ocasiones una alta actividad sexual o deportiva  puede aumentar la ruptura de aneurismas. Así le ocurrió al ciclista Alberto Contador en 2004. Tenía 21 años cuando sufrió una convulsión durante la primera etapa de la Vuelta a Asturias. «Me dijeron que mis ojos se habían quedado en blanco. Entré en una convulsión y me caí de la bicicleta», afirmó el deportista en 2010 a la Organización Mundial del Ictus (OMI). Poco después, el doctor Masjuan le detectó un cavernoma, un tipo de ictus que causa pérdida de sangre en el cerebro y puede provocar una hemorragia cerebrovascular. «Lo de Alberto fue una recuperación excepcional, ya que no mantiene ninguna secuela», afirma su médico. Después de la operación, el pinteño creó su propia fundación para luchar contra esta lacra.

Tanto Abascal como Contador han experimentado una recuperación asombrosa, pero no todos los casos son tan esperanzadores. Eso sí, todos los ictus parten de una misma base: una falta de prevención. Un estudio reciente confirma que  si se alcanzan los 45 años sin superar los límites de colesterol y evitando el tabaco, las posibilidades de sufrir un ictus antes de cumplir los 80 años es sólo del 5 por ciento. Pero, con descuidar un poco estos factores de riesgo, las posibilidades superan el 50 por ciento.  De ahí, que los especialistas recomienden que a partir de los 40 se realicen anualmente análisis de colesterol y azúcar y se controle la dieta y el sedentarismo. Asimismo, es imprescindible evitar la tensión alta. No debe superar los 13-8. Las mujeres son las que más sufren esta lacra. En 2009, se registraron 33.000 muertes a causa del infarto cerebral. Entre hombres es la segunda causa de muerte, después del infarto de miocardio. En el mismo año murieron 31.000 varones. «Una de cada seis personas es probable que tenga un ictus a lo largo de su vida», afirma el experto del Ramón y Cajal.

Extracción del trombo
Lo que más ha evolucionado ha sido el tratamiento inmediato. Si se localiza el  problema y se detiene entre las primeras cuatro e incluso ocho horas, su mejoría es inmediata. Las operaciones más comunes en estos minutos cruciales son la trombolisis inmediata o la extracción del trombo con un catéter. Así, como explica el doctor Masjuan, «se ha desarrollado un nuevo medicamento que sustituye al Sintrón (un anticoagulante) y que es más seguro y eficaz. Se llama Dabigatrán y no requiere controles. Es uno de los mejores fármacos para prevenir las embolias», apunta. Con respecto a la rehabilitación posterior, depende de la zona afectada. Comienza inmediatamente después del ictus y dura entre seis meses y un año. «Silvia aún sigue con ella», confirma a LA RAZÓN su representante. Ella sufrió una hemiplejía, se le paralizó la movilidad de un lado del cuerpo, de  ahí que los ejercicios físicos sean imprescindibles.


«No se ayuda igual en todas las autonomías»
«A Silvia Abascal se la ve una persona muy especial. Con sus palabras nos ayuda a todos», explica Águeda Alonso, vicepresidenta de la Asociación Sevillana de Ictus, que, sin embargo, reconoce que la actriz «es un espejo relativo. Gracias a Dios ella se está recuperando, pero en la mayoría de los casos las secuelas son más graves». Parálisis facial, lagunas en la memoria, quedarse sin hablar... «Muchos tienen que aprender todo desde cero: a escribir, a comer», explica Alonso, que lamenta que en muchas autonomías no se cubran los gastos de rehabilitación ni se hayan desarrollado programas específicos amparados por la ley de dependencia. «Enfrentarte cara a cara al ictus exige tener un poder adquisitivo alto. Por eso, con la crisis se suman los problemas y no me quiero imaginar si los recortes sanitarios llegan hasta este punto. Para ganarle la batalla, el tiempo es oro», añade. 

 


EN PRIMERA PERSONA
Juan Olivares / Sufrió un ictus hace cinco años
«La recuperación es un drama oculto»
Hace cuatro años a Juan Olivares y a Conchi Martínez les cambió la vida. «Yo estaba en la cocina y sentí un golpe. Me acerqué al salón para regañarle y descubrí que estaba tendido en el suelo. Quería levantarse y no podía. Fue horrible», comenta Conchi, que al ver sus gestos descubrió de inmediato que se trataba de un ictus, entre otras cosas, porque justo un año antes, su madre  había vivido un episodio similar. «La recuperación es un drama oculto. A golpe de mucho esfuerzo y de una rehabilitación permanente ha dado pasos hacia adelante, porque al principio se quedó en una silla de ruedas. El habla todavía no la ha podido recuperar», explica la esposa de Juan que tuvo que enfrentarse a esta difícil enfermedad con 60 años. «Lo más difícil para el enfermo y los que estamos a su lado, es asimilar que dejas de ser una persona activa. Además, de un día para otro te ves sin el sueldo que entraba en casa y tú tampoco puedes aportar esas cuatro pesetas con las que echabas una mano para salir adelante», comenta esta mujer luchadora que reclama «más ayudas y que no den marcha atrás en  los planes que se tenían previstos con la ley de dependencia. Cualquier apoyo es poco cuando se trata de ganar en calidad de vida. Imagínate si ha avanzado Juan con cuatro horas a la semana de rehabilitación, imagínate si pudiera recibirla más a menudo».

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