Historia

Carlos Saura: «Me hubiera gustado ser madre Ahí envidio a la mujer»

«Saura» significa revolución en árabe, por eso en él ha tenido un doble efecto: provocar y borrar fronteras. Su filmografía ha sido la principal embajadora de nuestro país. Desde «Los golfos» –Oso de Oro en Berlín– a su última «Don Giovanni», sin olvidar «La caza», «Peppermint Frappé», «Cría cuervos» o su musical flamenco. Este fotógrafo, pintor, escritor, pero sobre todo realizador, parece beber el hidromiel de la eterna juventud. Hay mucho de solar en su mirada, porque es de esos hombres, capaces de partir un verbo por la mitad.

Carlos Saura con sus cámaras de producción propia: la «Lalicam», en la mano, y la «Saurcam». Las hizo él porque fue medio ingeniero
Carlos Saura con sus cámaras de producción propia: la «Lalicam», en la mano, y la «Saurcam». Las hizo él porque fue medio ingeniero

–Lorenzo Da Ponti fue letrista de Mozart en «Las bodas de Fígaro» o «Cossì fan tutte». Comenzó como cura y llegó a ser amigo de Casanova ¿Cómo va ese «Don Giovanni»?
–Funcionando por el mundo. Hace poco la pasaron en San Petersburgo y en breve harán un pase especial en Ginebra. En cada homenaje que me hacen, pasan la película.

–¿En qué anda atareado?
–Tengo varios proyectos y, aunque es complicado, creo que en septiembre saldrá uno. Tres son musicales: los otros son ficción.

–¿Por qué le interesan tanto los musicales?
–Me gusta mucho la música, el baile, y ¡porque trabajo menos! Lo difícil es encontrar a los protagonistas, pero cuando los coordinas, el esfuerzo es de ellos. Yo estoy detrás de la cámara, buscando el movimiento, las luces. No puedes decirle a un artista de flamenco que corrija la postura de sus brazos. En esos casos, soy más «voyeur» que nunca. A veces he hecho repetir un número que estaba bien por el placer de volver a verlo.

–No en vano, nadie ha definido el baile flamenco como usted.
–Es que hay pocos bailes donde se pueda bailar de cintura para abajo con los pies hacia la tierra, y de cintura para arriba con los brazos y las manos hacia el cielo. Creo que no hay ningún baile con esa variación, los hay más rígidos, pero ese juego tan maravilloso entre el cielo y la tierra creo que es exclusivo del flamenco.

–Cine, musicales, ópera, Goya, San Juan. ¿Sólo le queda adaptar «El Criticón»?
–Sería casi imposible, pero sería una maravilla... Sólo podría hacerse de forma metafórica.

–¿Es amigo del Photoshop?
–Vivo en las afueras de Madrid (en Collado) y viajo en tren, con una cámara digital pequeñita. Disparo a las caras de la gente. Pero no puedo hacer una exposición con eso, porque parecería que robo instantáneas, sin permiso. Así es que, las imprimí, las modifiqué pintando sobre ellas. Y así nacieron los «fotosaurios». Ya he terminado esa saga. Ahora estoy haciendo «las señoritas de Collado», en honor a «Las señoritas de Avignon» picassianas. Las pinto en cajas de cartón, inservibles.

–Le falta haber sido pianista, como su madre.
–Era mi sueño. Pero mi madre se negó a que tocásemos ningún instrumento, porque había pasado su juventud sacrificada por la música y quería evitárselo a sus hijos. A veces, me dejaba tocar el piano. Pero yo sólo quería componer.

–Bien pensado, también podía haber sido actor de sus propias películas como Clint Eastwood.
–Rodando «El pisito», Ferreri estaba visionando una pequeña interpretación que hacíamos Azcona y yo, y dijo: «Es el peor actor que he visto en mi vida». Pero yo ya lo sabía.

–¿Quedan ángulos nuevos para ver el arte?
–He hecho más de 40 películas y para mí es difícil avanzar, aunque se puede. El cine costumbrista, por ejemplo, creo que está agotado, como la novela costumbrista. Hay que ir por otros caminos más experimentales, que son los que los productores y el público rechazan. ¡No hay forma de hacer nada nuevo fuera de los cánones!

–Quizá, como en la pintura...
–Pues sí. ¡Después de Picasso es muy difícil todo! Por ejemplo, Antoñito López, al que adoro, que haga una pintura casi fotográfica, pegada a la actualidad, pues no me interesa. Me interesan sus principios, pero el mundo actual, no, porque para eso está la fotografía. Como decía yo a propósito de «El sol del membrillo», y todo ese zen con la distancia, el milímetro... ¡Haz una buena foto y amplíala! Y los adoro a Erice y a él, pero ese terreno no me interesa.

–¿Se ha ido a la sierra de Madrid buscando luz?
–Me vine porque me voy tras mis «mujeres». Vivía en Atocha con Geraldine Chaplin, en un piso de 400 metros. Cuando se marchó, se quedó vacío y yo lo pinté de blanco y lo dejé con una mesa camilla y un espejo. A las dos semanas, estaba hecho un desastre: lleno de libros y de cacharros. Al poco tiempo me enamoré de Eulalia Ramón y nos vinimos aquí.

–¿El cine ha ido bien alguna vez?
–Nunca. Primero había censura franquista y ahora, económica o de las televisiones.

–Un tipo con su nombre ¿sufre censura?
–¡Claro! Éste es un país al que adoro, pero muy bárbaro. Y vamos a seguir siéndolo. Camus decía que la única cosa buena que tenía este país es que nunca podías creerte que eras alguien, porque cuando lo creías te daban con un martillo en la cabeza. Sólo cuando te mueres.

–Hablando de Camus, ha sido amigo de los cineastas más grandes...
–Logré conocer a Buñuel –que fue amigo–, a Bergman y a Antonioni. Y eran increíbles.

–¿Qué cosa no se debería morir sin poder hacer?
–«Esa luz», sobre la guerra de España, pero era muy costosa y se quedó en novela. Una especie de testamento sobre lo que pienso de la guerra. Era la vida de J. Sender, que le pilló la sublevación en San Rafael y era republicano, periodista de «El Sol». Apresaron a su mujer, que era muy religiosa, y la fusilaron. Mi libro va de ese matrimonio partido por la guerra, que era el Madrid de las dos partes.

–«Elisa, vida mía», ¿es su obra maestra?
–Es una de mis favoritas, desde luego. Pero no me interesa mirar atrás. Unos dicen que es «Cría cuervos», otros «La caza», o «Carmen». «Elisa...» está bien y punto.

–Las «movidas» de la SGAE ¿le duelen?
–Me dejan indiferente. Ya me parece un milagro que me den dinero por los derechos. No voto a la Academia nuestra, ni a la de Hollywood. No puedo verlas todas y votar lo que no he visto. Se vota por amistades y no sirve. Tampoco creo en los premios: dependen del momento, el cariño.

–Dice que todo hombre es un Don Juan y toda mujer lleva una Carmen dentro...
–Son arquetipos metafóricos. Digo Don Juan, no sólo porque nos gusten las mujeres, sino porque el hombre es una mezcla fuerte de violencia y sexo. Incluso se da en el mundo económico.Las mujeres sois más tranquilas.

–Y más malas...
–Podéis ser malísimas. Mi hermana lo dice: «Lo peor son las mujeres y te lo digo yo». Me hubiera gustado ser madre, eso sí os lo envidio. Tener un alien dentro, algo que te va a devorar, pero benéficamente.

–¿Sigue la prima de riesgo, la volatilidad de las bolsas?
–Ni sé ni he conseguido saber qué pasa. Prefiero ver teatro, fútbol o las motos. ¡Dani Pedrosa es un genio! Es más fino como corredor que Lorenzo.