Historia

Lisboa

Portugal y Cataluña

La Razón
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La revuelta catalana y la secesión de Portugal de 1640 siempre ha sido un tópico victimista, como el Compromiso de Caspe (1714), o Lluís Companys sin ir más lejos. Así, es lógico que se utilice como arma arrojadiza en sentido contrario.

La quimera histórica dice que si el rey Felipe IV, en vez de enviar los tercios contra el Principado ocupando Tortosa Tarragona y Lérida de entrada, se hubiera dirigido hacia Lisboa, los catalanes hubieran sido independientes y la felicidad habría sido suma. Mayor infundio, imposible.

En primer lugar, buena parte de Cataluña no quería sublevarse contra el rey de España y su conde-duque y así, tras el asesinato del virrey en el Corpus de Sangre, los consellers de Barcelona fueron a pedir perdón al rey, que no quiso darlo y anunció un castigo. Esto favoreció al partido pro francés de Pau Claris que, tras una semana de independencia, se sometió a Luis XIII como soberano de Cataluña y a su factotum el cardenal de Richelieu.

O sea, que pasamos de un noble andaluz, Olivares, a las manos del purpurado francés. Un magnífico negocio que se saldó con la pérdida del Rosellón y la sumisión-humillación ante el rey Felipe IV de que se había renegado unos años antes. Portugal, tras 28 años de guerra, con la ayuda de Francia e Inglaterra logró la independencia.

La historia de los 350 últimos años no demuestra que los lusos vivieran mejor que los catalanes.