Mas exhorta a no poner límites a las aspiraciones de Cataluña como nación

«Al damunt dels nostres cants/ aixequem una senyera/ que ens farà més triomfants». Con los primeros acordes de «El Cant de la Senyera» arrancó ayer el acto de inauguración de las restituidas cuatro columnas de Puig i Cadafalch dedicadas, precisamente, a la bandera catalana, y que Primo de Rivera derribó en 1928.

Un soberanista mira las cuatro columnas, cuyo impacto visual suscita diferencias
Un soberanista mira las cuatro columnas, cuyo impacto visual suscita diferencias

La primera estrofa de «El cant de la Senyera» sirvió al president de la Generalitat, Artur Mas, como prólogo de un discurso en el que animó a Cataluña a no poner límites a sus aspiraciones como nación.

Igual de ambivalente que Jordi Pujol cuando ejercía de president de la Generalitat, Mas no aclaró si las pretensiones de las que habló tienen forma de independencia o, por ahora, se conforma con un nuevo pacto fiscal.

El público, que minutos antes hostigó al alcalde de Barcelona, Jordi Hereu, con gritos de «españolista», entendió lo primero y le dio por corear el clásico «Inde-pendència». Mas siguió con un emotivo mensaje, «la Historia ha demostrado que a Cataluña se le pueden quitar muchas cosas (...), pero nunca nos quitarán la fuerza de creer en nosotros mismos». Con la restituida obra de Puig i Cadafalch como telón de fondo, apuntó que Cataluña siempre ha encontrado «activos para volver a elevarse, como estas columnas».

Memoria histórica

El acto inaugural de las restituidas cuatro columnas de Puig i Cadafalch llega 28 días después de que se retirara el último vestigio del franquismo en Barcelona, la estatua de la Victòria de Frederic Marés, situada en el cruce de Diagonal con paseo de Gràcia. Una curiosidad a la que el alcalde de Barcelona, Jordi Hereu, hizo referencia en su discurso. Hereu, que aguantó con dignidad, los abucheos de un grupo de soberanistas, subrayó que «sólo la unidad hará más fuerte al país». «¿A qué país se refiere a Cataluña o España?, preguntó en toco sarcástico un joven que había entre el público, enfundado en una «estelada» –la bandera independentista–.

Hereu habló de que tanto la retirada de la Victoria franquista de Marés, como el acto de restitución de las cuatro columnas de Puig i Cadafalch son «un ejercicio de dignidad democrática y nacional». El alcalde buscó protagonismo al ofrecer las cuatro columnas erigidas en la montaña de Montjuïc como un nuevo espacio para celebrar el Onze de Setembre. Alegó que es un «marco colectivo, digno, democrático y adecuado para la Diada». Mas tomó nota.

Antes, intervinieron Blanca Serra y Enric Pedrosa, como portavoces de la Xarxa d'Entitats Cíviques i Culturals, que tras ocho años de reivindicación, lograron que el pleno del Ayuntamiento de Barcelona repusiera el monumento. Además de los concejales de ERC, CiU, ICV y el PSC, el acto estuvo presidido por Núria de Gispert. El PP, que cree que las columnas deberían haberse ubicado en el lateral oeste para respetar el MNAC, se ausentó.


El fantasma de los recortes
El acalde de Barcelona, Jordi Hereu, aprovechó que el Pisuerga pasa por Valladolid, es decir, que compartió un acto con el president de la Generalitat, Artur Mas, para exigirle que no pase las tijeras de los recortes por los equipamientos de Barcelona. El aviso de Hereu fue muy sutil, para no enturbiar el acto de restitución de las cuatro columnas de Puig i Cadafach, se limitó a decir que Barcelona y Cataluña juntas suman y defendió su apuesta por una «dialéctica de mutua exigencia». Sin embargo, Mas, durante la inauguración de la rehabilitación de la muralla de Llagostera (Girona), pidió un «esfuerzo colectivo» delante de la crisis y advirtió de que los recortes no durarán mucho tiempo. A los ayuntamientos, les reclamó paciencia.