Crítica

Valencia arriesga

La Razón
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El Palau de les Arts ha marcado un hito en cuanto a la sorprendente calidad de espectáculos que ha logrado en su corta vida. Es referencia nacional e internacional. En los programas de mano del Met neoyorquino se cuenta el haber actuado en la ópera valenciana entre los méritos que primeros artistas alegan en sus currículos. Las claves del éxito son una orquesta de primer nivel y dos figuras como Maazel y Mehta al frente. Cualquier teatro puede presentar producciones inteligentes pero no contar con un conjunto musical espléndido al que acudan grandes directores.De ahí que la Generalitat ha de ser consciente que debe mantenerse el nivel si desea seguir figurando en el panorama lírico. Supone un importante esfuerzo económico, cuya causa no es sólo el apartado artístico, sino también el capítulo de mantenimiento de un edificio tan impresionante como desproporcionado. Puede que hayan de congelarse o reducirse presupuestos, pero han de acabar de desembolsarse los fondos comprometidos en ejercicios anteriores.Helga Schmidt es artífice de un éxito que crea amores y odios, envidias y críticas. Lo conseguido está amenazado por la tesorería, pero también por la apuesta por Omar Wellber. Los emolumentos de Maazel no podían ser iguales cuando había que formar una orquesta que cuando ya existe y, a falta de su aceptación de tal premisa, su relevo era inevitable. Pero al más grande genio viviente de la dirección no le puede sustituir sin más una promesa. Es de esperar que la intendente sepa arropar al recién llegado, y sería conveniente mantener al menos a Maazel en una producción anual, así como una mayor implicación de Mehta. Riesgos, con cuentagotas.