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Un cuento gótico español

La Razón
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BERLÍN- Hay un ogro, hay una bruja, hay hadas... Cualquiera diría que Antonio Chavarrías ha dirigido una nueva versión de «Blancanieves y los siete enanitos». Sí y no: «Dictado», única representación española en la sección oficial de la Berlinale, es un cuento gótico que prefiere, dice su director, alejarse de las limitaciones del cine de género para que el desasosiego nazca de la psicología de los personajes. «Quería filmar con luz natural, sin crear espacios que produjeran inquietud de una forma artificial», explica. «Ruedo cronológicamente para que los actores encuentren la verdad de sus personajes». El problema reside en que esa verdad resulte falsa: a la sombra de un relato armado sobre la culpa y el autoengaño, Chavarrías obliga al espectador a comulgar con ruedas de molino.

Daniel (Juan Diego Botto) y Laura (Bárbara Lennie) son una pareja de maestros felizmente enamorada. Cuando ella, que quiere ser madre a toda costa, decide acoger temporalmente a la hija de un amigo de la infancia de Daniel que se ha suicidado, el bienestar de la pareja se tambalea. Un terrible secreto de la infancia de Daniel despierta al ogro que lleva dentro. «Dictado», afirma Chavarrías, quiere negociar con «lo que nos pasa en los primeros años de nuestra vida, que nos marca para siempre» e ilustrar la lucha del destino contra el deseo humano, «el deseo de ser feliz, de que nadie nos expulse de nuestro paraíso». Sin embargo, la película se dedica a derribar todos los puentes de verosimilitud dramática que encuentra en su camino, a medida que el misterio que encarna la huérfana que adoptan Laura y Daniel se va desvelando.
«Todos los personajes tienen miedo. El miedo es el motor del relato y el miedo desemboca en violencia», sostiene Chavarrías. El miedo debe ser un motor y no una excusa para que la actitud de los personajes desafíe todo sentido común. Bárbara Lennie defiende con convicción su papel de madre ferviente y protectora, pero Juan Diego Botto está algo flácido, como si no se acabara de creer la brusca, tosca transformación de su personaje. Sobre el papel, la propuesta de Chavarrías es interesante. Ahora que el cine de terror español empieza a ser reconocido internacionalmente, ahora que hemos popularizado a fantasmas e infectados «made in Spain» gracias al trabajo de Amenábar, Bayona, Fresnadillo y Balagueró, se trata de desplazar el territorio del género hasta un lugar más naturalista, más reconocible para el espectador. La cuestión es que, para que eso funcione, las licencias que da trabajar en el marco de un género desaparecen, y el relato debe estar rigurosamente pegado a la lógica de la realidad, cosa que «Dictado» no logra.