Paraguay

Cosas del amor

La Razón
La RazónLa Razón

Es la punta del iceberg. Hay mucho más de lo que se ve. Raíces profundas. Un peregrino ruso ha caminado un año entero hasta llegar a España. Una familia ha venido en furgoneta desde Alaska. Dos monjes italianos han llegado descalzos desde Italia, con los pies sangrando. Setecientos chinos se han registrado bajo nombres falsos porque en la República Popular está prohibido peregrinar con el Papa. Una joven de Paraguay ha ahorrado durante dos años para pagarse el viaje. Me lo ha contado Pepe Marqués, voluntario de 20 años en las inscripciones a la Jornada Mundial de la Juventud. Quien juzga las cosas desde fuera piensa que los cristianitos de mochila y guitarra son bobos. Y adopta una de dos posiciones: la agresividad –véase la manifestación antipapa- o la superioridad. Por cierto, esta última es casi peor. Escuché a un contertulio radiofónico decir que no apreciaba "a quienes sonríen todo el rato porque sí". No, señor listo. Los peregrinos traen mucho lastre en el corazón: la madre con cáncer, el hermano muerto, el fracaso escolar, los complejos, el paro. Lo que pasa es que alfombran con ello el paso de su Señor. Viajan desde lejos mendigando su amor. La gente no sonríe porque sí, sino por esperanza. No se arrodillan ante un alemán pequeño de Munich, sino ante Cristo. Los peregrinos no son ingenuos ni descerebrados. Sencillamente, vienen a España como Zaqueo, que se subió a un árbol para ver a Jesús. Y su vida cambió.