España no es la envidia por Julián García Candau

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Las selecciones de fútbol, no la olímpica, baloncesto y balonmano no nos dejan ver el bosque del deporte español. Ganar en fútbol, en tenis con Nadal, automovilismo con Fernando Alonso, ciclismo con Alberto Contador, además de la pléyade de motociclistas, nos han hecho creer lo que no somos. En los Juegos Olímpicos, la teoría de que nos envidian los países de nuestro entorno se torna estupidez.

Es cierto que nunca habíamos visto a tantos deportistas españoles en los podios. Es verdad que nuestra media general es muy superior a la que era veinte años atrás. En Barcelona'92 se superaron todas las marcas anteriores y hasta las previsiones más optimistas. De entonces a hoy el descenso ha sido la nota característica. En Barcelona se ganaron 22 medallas en diversos deportes y especialmente en atletismo, donde nunca habíamos pintado gran cosa y ahora hemos vuelto al camino tradicional. Las medallas de Fermín Cacho son recuerdo feliz.
En Atlanta se cosecharon 17 preseas; 11 en Sydney;19 en Atenas, y 18 en Pekín. En Londres se tenía la ilusión de igualar la cifra de China y no parece que vayamos por esa senda, aunque estamos en la primera semana y falta mucho camino por recorrer. Los síntomas, sin embargo, no anuncian cuerpo sano, sino enfermo. Y, sobre todo, volvemos a estar por debajo de países de los que decimos que nos envidian.

Ayer el medallero lo encabezaba China, con doce preseas, de las que seis eran de oro, lo que no es novedad, y detrás estaba Estados Unidos. Tenía una menos y la mitad en oro. Pero detrás figuraba Italia, que ya sumaba ocho y, en el quinto lugar, Francia, con cuatro premios, de los que el cincuenta por ciento eran oro.

Francia ha dado una de las grandes campanadas de la natación. En la prueba de los cuatro por cien libres logró derrotar a Estados Unidos, en cuyo cuarteto figuraban Ryan Lochte y Michael Phelps. Vencer a los norteamericanos en una prueba que tantas veces han dominado es signo de auténtico progreso. Amaury Leveaux, Fabien Gilot, Clement Lefert y Yanick Ángel son los nuevos héroes franceses, cuyo recuerdo perdurará porque en su país a los grandes campeones no se les fagocita. En esa final hubo también alemanes, italianos y belgas.

El deporte español sigue en manos de individualidades, de momentos de inspiración, de glorias transitorias, en los deportes tenidos por fundamentales olímpicamente. De nuevo nos vamos a dar con un canto en los dientes con medallas en especialidades de segunda fila. Ni siquiera en fútbol, donde se había proclamado indudable favoritismo, vamos a ver a los nuestros en la entrega de medallas, como ocurrió en Barcelona y Sydney. Ahora que íbamos de agrandados, nos han dejado fuera de combate. Ni siquiera vamos a padecer las insidias de los monigotes de la televisión francesa.

Los atletas y nadadores merecen gran respeto porque practican disciplinas de enorme sacrificio y escasa compensación económica y social, aunque, en general, sólo van a participar.

 

Posdata
El Comité Olímpico Español, por medio de su oficina de prensa, está haciendo una gran labor enviando al instante mensajes con el resultado de cada competidor de nuestra delegación. Es de agradecer, pero es casi tortura porque sólo son anuncios de fin de competición, de eliminación y vuelta a casa para los deportistas españoles. Cada vez que suena el «telefonillo» es un sobresalto. Estamos deseando que se haga el silencio por aquello de que «no noticias, buenas noticias». Pero son catarata.