María Kosty: «Si volviera al cine de terror sería vampira»

Siempre fue la buena chica que nos aguantaba la verborrea en la noche cargada de copas y en la mañana resacosa nos ofrecía un caldito de verduras.

María Kosty, en Madrid, donde estos días ensaya una función en la que da vida a una mujer rica
María Kosty, en Madrid, donde estos días ensaya una función en la que da vida a una mujer rica

La veo entrar en la café Gijón y me parece un milagro, no sé si obra de San Botox, del beato Javier Mato Ansorena (también doctor) o de la madre naturaleza, que puede ser divina de la muerte o demoniaca. Está como siempre. La decrepitud la ignora, y es que, como anuncia ella misma desde los vaqueros bien ceñidos y la alegría siempre expuesta, «tengo el espíritu Peter Pan muy elevado». Así que María Kosty va y viene del País de Nunca Jamás y parece que esos viajes son mano de santo para su cuerpo serrano. El próximo viernes LA RAZÓN regala la película «Soltera y madre en la vida», dirigida por Javier Aguirre.

–Yo hacía un papelito– me cuenta María– En las giras teatrales había hecho amistad con Lina Morgan, fui a visitarla al rodaje y el director, nada más verme, me dijo: «Anda, que te vistan de enfermera». Y fui la que le daba a Lina los resultados de su prueba de embarazo.

-Hábleme de aquellos años...
-Eran buenos tiempos: ya actuaba en el teatro, había hecho tres películas de protagonista y estaba descubriendo que me gustaba de verdad ser actriz. Eran tiempos de descubrimientos en todos los sitios.

-No sé si le ha tentado alguna vez ser madre soltera...
-Nunca. No he sentido esa necesidad imperiosa de ser madre. Ya fui madre de mi madre, que tuvo Alzhéimer, madre de un niño que adoptó mi prima y que yo cuidaba, y también madre de algún amigo.
(El fular rojo al cuello, la melena rubia, los ojos chispeantes, la mirada de querer, el guapo subido. Cara de buena y ojos de mala. Ninguno de los hombres que tuvo despertó su instinto maternal, «el otro sí, el erótico-festivo, pero eso duraba poco». No se explica como tanta chica joven aborta habiendo tantos medios anticonceptivos a su alcance).

-En la película, el novio y padre de la criatura abandona a la embarazada.
-El hombre es cobarde, lo sigue siendo. No sabe afrontar una situación difícil, le faltan las palabras. Los hombres no saben despedirse, no saben salir de la vida de una mujer. Es algo que me ha cabreado siempre mucho: que no sepan decir adiós, que huyan. Me pasó con algunos.

-Debutó en el 66 en «Escala en Hi-Fi» (TVE), y luego, películas de terror.
-Es que León Klimovsky me dirigió en la obra de teatro «La casa de las chivas» y luego, cuando empezó a hacer cine de terror, me llamó. Era la primera vez que me mataban, y recuerdo que los explosivos que colocaban para que se rompiera la bolsa con la sangre me hicieron daño en una teta; menos que mal que no llevaba silicona...

-Y de volver a ese cine, ahora tan de moda, ¿sería vampira o zombi?
-Vampira. Lo único malo de ser vampira es que no te ves reflejada en el espejo, y eso es fatal para el rímel.

-¿Tiene la sensación de que podría haber hecho más, de que no ha sido bien aprovechada?
-Mi profesión me ha tratado demasiado bien para lo mal que yo la he tratado. Cada vez que tenía un amor, la dejaba. Volvía y me aceptaban. Pero para mí ha sido más importante vivir que la profesión. Soy Tauro, una gozadora de la vida con los sentidos a flor de piel: me gusta comer, beber, el sexo...
(El virus del destape casi la retiró del cine: «Te ofrecían los mismos papeles malos, pero enseñando teta y culo; eso no me gustaba, así que hice mucha TV». Siempre vive bien porque sabe adaptarse a las circunstancias: «A veces toca hoteles de cinco estrellas y otras veces, las casas de los amigos». Su familia son Judí, una portuguesa que lleva en casa 20 años, y su perra Rita, que estaba abandonada. No echa de menos un hombre, «en todo caso, un compañero; un vaquero ajustado andante hoy no me dice nada; lo afectivo me importa más que lo sexual, y además me lo paso muy bien conmigo»).

-Dice Concha Velasco: «Mis cejas no salvarán a ZP». ¿Y las suyas?
-Mis cejas son para depilar, no para salvar. Yo no soy de la ceja ni del bigote. Tengo mis ideas políticas, pero me las callo.

-¿Cómo vivió el franquismo?
-Aquel tiempo y éste tienen para mí algo en común: el silencio. Mi padre fue guardia de asalto de la República y en casa no se hablaba por si acaso. Ahora no puedes hablar porque si dices lo que algunos no quieren oír te llaman facha. Estoy hasta las narices del silencio y de lo políticamente correcto. La libertad siempre jode en las dictaduras de derechas y de izquierdas.

-Nunca ha entrado en la política.
-No. Aprendí pronto que siempre son los mismos perros con diferentes collares. Me interesa la política, pero no los políticos.
(Deja claro que nunca le ayudó nadie. Se enamora de cada papel. Ahora ensaya una función en la que hace de señora rica: «Siempre me gustó el lujo y el frenesí, como decía Fernán Gómez». Conserva todos los vicios porque no abusó de ellos. Siempre fue la chica buena, sí, pero muchos nos quedamos con ganas de saber si no era mejor la mala).