Luisa Fernanda Rudí: «Me irrita y me siento incómoda con el peloteo»

Luisa Fernanda Rudí sabe lo que es ser mujer y poner distintas picas tanto en el partido, donde ha estado en todos los órganos de poder, como institucionalmente. Ha sido la primera alcaldesa de Zaragoza, la primera presidenta del Congreso de los Diputados y ahora es la primera mujer en acceder al Gobierno de Aragón. Con esta mujer hiperactiva, trabajadora y con fama de honesta y ecuánime, pasamos un rato en su recién estrenado despacho.

«La mujer que está en un puesto "por cuota", por muy buena profesional que sea, siempre se sospecha que está ahí porque tocaba»
«La mujer que está en un puesto "por cuota", por muy buena profesional que sea, siempre se sospecha que está ahí porque tocaba»

–Veinticuatro horas después de su toma de posesión había formado Gobierno y había celebrado dos reuniones de trabajo. ¿Es usted «workcahólica» o Aragón está muy necesitada?
–Tomando posesión un 15 de julio es imposible tener vacaciones. Habrá cuatro o cinco días, y nos iremos turnando. Había que ponerse a trabajar inmediatamente.

–¿Qué tal se presenta el «matrimonio político» con el Partido Aragonés (PAR) de José Ángel Biel?
–En principio no ha ido mal. Se ha aplicado sentido común y sentido político y se ha llegado a un pacto que va a permitir hacer lo que Aragón necesita en estos momentos.

–Otros presidentes se han llevado sustos con las cuentas... ¿Ha abierto ya la caja?
–Bueno, estamos en ello. La auditoría encargada no estará hasta finales de septiembre, pero los primeros sustos ya están llegando.

–¿Todo el mundo guardaba «muertos» en el armario?
–Sí, algunos de ellos ya nos los habían contado en el traspaso de poderes: como que teníamos en los cajones 200 millones de euros en facturas de farmacia sin cobertura presupuestaria.

–¿Mejor airearlo que susurrárselo al Gobierno para que no se enteren los mercados?
–Desde luego, hay que analizar los pros y los contras, porque, efectivamente, los mercados están especialmente sensibles y la economía española genera escasa confianza –el primero, el Gobierno–. Pero la verdad hay que contársela a los ciudadanos porque va a condicionarnos mucho lo que encontremos para lo que podamos hacer en el futuro.

–¿Cómo se plantea las relaciones con el Ejecutivo de Zapatero?
–Le queda muy poco tiempo... Siempre soy muy respetuosa con las instituciones. De momento, le he pedido entrevista al ministro de Fomento.

–Dicen los expertos que no podemos mantener 17 gobiernos, que si fuésemos un Estado federal sería distinto...
–Hay diferencias, por supuesto, entre un Estado federal y uno de las autonomías, aunque no es el modelo lo que ha fallado. Ha servido para consolidarnos en más de 30 años de democracia, pero sí es cierto que depende de la racionalidad de los gobiernos y hemos vivido épocas en las que se ha hecho más de cigarra que de hormiga.

–¿El 20-N le parece bien o preferiría un adelanto sobre el adelanto?
–Zapatero no deja nunca de sorprendernos: las elecciones no se anuncian, se convocan. Debería convocarlas para el plazo mínimo: los 55 días que exige la Ley.

–Rubalcaba ¿es un superviviente nato que merece un premio al tesón?
–Si vemos su recorrido político, sí. Otra cosa es que haya conseguido lo que se ha propuesto. Si lo que pretendía era ser candidato, sí. Pero nada más va a conseguir.

–Dice que Aznar es quien más ha hecho por poner a la mujer en primera línea. ¿Qué le parece el asunto de la paridad y la política de cuotas?
–Rechazo y me irrita la política de cuotas, porque la mujer que está en un puesto «por cuota», por muy buena profesional que sea, siempre se sospechará que está ahí porque tocaba.

–Ha sido todo lo que se puede ser en política, ¿su asignatura pendiente es ser ministra?
–No, ya no. Porque tengo un compromiso de cuatro años con Aragón que quiero cumplir.

–Como maña le gustarán Amaral, Búnbury, Gracián, Buñuel..., por hacer patria, digo.
–De música moderna, poco. No soy muy melómana porque tengo mal oído, pero en el trabajo pongo música clásica. De Gracián lo sorprendente es la actualidad de muchos de sus pensamientos. Tras siglos, su vigencia es tremenda.

–¿Lo que más le molesta en este mundo es el peloteo?
–Mucho. Me irrita y me siento incómoda.

–¿Ha guardado su famoso parche y algún día lo donará al museo histórico de la democracia?
–No... Aquello fue una casualidad. Llevaba lentillas; ya estoy operada. Se me metió algo en el ojo y me provocó una pequeña herida. Me lo taparon veinticuatro horas antes de la famosa comparecencia del gobernador del Banco de España en la comisión. Han pasado 17 años y lo curioso es que aún se recuerde.

–Y aún la llaman la princesa de Éboli...
–Alguien dijo: lo necesitabas, pero un buen jefe de comunicación no te lo habría puesto.

–Alguien dijo que tenía una «amable sonrisa de hierro».
–De mí han dicho que era muy distante y no lo soy. Siempre lo he achacado a que soy alta –mido 1,80 con tacones– y los miopes tenemos mirada de despiste. De un hombre con carácter se dice que tiene personalidad; si es una mujer se nos acusa de mandonas.

–¿Cómo le sienta que en el PSOE le llamen «doctora No»?
–Eso lo acuñó el alcalde de Zaragoza, pero no le ha servido, viendo los resultados electorales.

–Al menos le gustarán las películas de James Bond...
–(Risas) Alguna... sobre todo las de Sean Connery; fue el mejor Bond.

–¿Qué se hace para estar siempre peinada, vestida y lista para asistir a cualquier acto?
–Es cuestión de práctica. Pero es verdad que ahí las mujeres tenemos una sobrecarga. Yo voy a la peluquería sacrificando comidas y buscándome a una profesional que te atienda fuera de hora.

–¿Y se cambia en el coche?
–Donde puedes. En mi etapa de presidenta del Congreso me ha tocado venir de un funeral y tener que recibir a un primer ministro, y te ibas cambiando la chaqueta por los pasillos. Otra vez, tenía un Debate del Estado de la Nación y luego una cena de gala en el Palacio Real y me cambié en los lavabos del Congreso...

–¿En qué situaciones impensables podemos verla?
–Me gusta estar tranquilamente en casa. Estar una tarde de sábado tirada en el sillón con un periódico y jugando con el mando a distancia, sin ver nada. Los políticos somos como todos.

–Benedicto XVI en Madrid... apoteósico.
–Su visita me parece importante. España es aconfesional –no laica como dicen algunos–, pero sí es cierto que hay muchos españoles que se declaran católicos, y el peso que tiene la Iglesia en nuestra sociedad es muy importante. Mal que les pese a algunos.