Refugio a 2883 metros: reduce al máximo el consumo energético y el impacto visual

Al refugio Monte Rosa, en Suiza, sólo se puede acceder a pie o en helicóptero. De ahí que durante su diseño se fijaran dos objetivos: reducir al máximo el consumo energético, gracias a la tecnología inteligente de Siemens, y su impacto visual. Dos años después, los logros alcanzados son impresionantes: genera un 70% menos de CO2 que el anterior refugio sin restar comfort, a pesar de las extremas condiciones climáticas de los Alpes suizos

Refugio a 2.883 metros: reduce al máximo el consumo energético y el impacto visual
Refugio a 2.883 metros: reduce al máximo el consumo energético y el impacto visual

A 2.883 metros de altitud, el refugio Monte Rosa da descanso a los alpinistas que quieren ascender a la Punta Dufoir, la segunda cima de los Alpes después del Mont Blanc. Para nosotros, tras casi cuatro horas y ocho kilómetros recorridos, este refugio ubicado en los Alpes suizos corona nuestra meta: ver cómo, a pesar de las extremas condiciones climatológicas, un refugio de alta montaña puede convertirse en un modelo de instalación sostenible.

Dos años después de su inauguración, los logros alcanzados resultan impresionantes: gracias a la integración de renovables, a medidas pasivas de ahorro y a diferentes soluciones inteligentes desarrolladas por Siemens, este refugio de alta montaña, diseñado por la Escuela Politécnica Federal de Zúrich, es un modelo de sostenibilidad.

Pero retrocedamos hasta el inicio de la ruta. Porque la senda hasta este enclave rodeado de glaciares y con el Cervino al fondo no fue tan breve. Desde Zermatt, tomamos el tren a Rotenboden. Las vistas desde allí resultan impresionantes. La primera parte de la ruta resulta muy sencilla, pequeñas subidas y bajadas que no implican dificultad alguna. Hasta que toca bajar unas escaleras, entonces el vértigo puede suponer un problema para más de uno. Calculo unos 3 metros de bajada, pero quizá fueran menos. El mal de alturas cambia la percepción...

Adelantarse al tiempo


A partir de ahí la belleza del paisaje crece a medida que la dificultad del camino aumenta. Con los crampones puestos, atravesamos el glaciar Gornergletscher. De aspecto bien distinto, nos dicen, al que debía tener en esta época del año. Aquí, con cada «arruga» del relieve, uno entiende cómo debe sentirse una hormiga «perdida» en un pañuelo. Después, toca subir.

En la inmensidad del paisaje se divisa en lo alto un refugio camuflado de color blanco, al menos una de las paredes. Tras un tramo ascendiendo, se pasa al lado de lo que queda del antiguo refugio. Estamos a 2.795 metros de altitud, faltan unos 100 metros de ascenso y las fuerzas no son las mismas. ¿Por qué tuvieron que hacer la nueva instalación más arriba? Un alpinista jamás diría eso. Una fumadora, por muchas o pocas rutas que haga, sí. Sobre todo si tienes mal una rodilla. Tras esa pregunta, se fueron las fuerzas. El aliento lo dieron las vistas y los compañeros de viaje. Al fin llegamos. A 2.883 metros, el refugio «cambiante» nos esperaba. Se ve la otra pared, negra, cubierta de 84 m2 de paneles fotovoltaicos de silicio que producen 73 kWh al año. Es decir, casi la mitad de las necesidades eléctricas del refugio se cubre gracias a la solar. Además, la instalación cuenta con unas baterías para «albergar» 250 kWh.

En cuanto a las necesidades de climatización, el refugio tiene 60,5 m2 de colectores solares térmicos para calefacción y agua caliente. Además, cuenta con triple ventana y materiales para reducir al máximo de lo posible el consumo de calefacción.

Para su mejor climatización, «el refugio se ha diseñado con una forma de espiral que ayuda a que suba la corriente de calor por la escalera», explica el ingeniero Raffaele Bornaico, de Vela Solaris y del Instituto Tecnológico de Zurich.

Respecto a las necesidades hídricas, entre las medidas de ahorro implantadas, destaca la reutilización de las aguas grises.

Los resultados hablan por sí solos. «Comparado con el anterior refugio, el actual emite un 70 por ciento menos de CO2», asegura Stefan Seitz, director de Energía y Soluciones Medioambientales de Siemens para el Sur y Oeste de Europa. Pero la innovación de este refugio, que sirve de laboratorio en los meses que cierra, en invierno, no acaba ahí. Gracias a diversas tecnologías de Siemens, se estima el tiempo que va a hacer en los próximos días. Así, y tras estimar cuánta gente va a haber, se puede calcular si habrá suficiente energía o agua para esa semana. De no ser así, el sistema hará ajustes automáticos para aprovechar al máximo las condiciones climatológicas.

El sol se ha ido, toca reponer fuerzas. Tras una cena de montaña, hablamos con las camareras. Nos cuentan que la basura separada se manda por helicóptero y que su única forma de llegar al trabajo es caminando. Así que trabajan diez días seguidos y vuelta a bajar. Nosotros lo hicimos al día siguiente. Sin previa ducha, ya que se nos olvidó pedir la moneda, por lo que lo de levantarse a las 5 y media de la mañana fue en vano. El desayuno (siete francos suizos, unos 5,6 euros) nos dio fuerzas. La suerte es que no había transcurrido suficiente tiempo como para tener agujetas.